Escapadas y Viajes

Un jardín en el Camino de Santiago y otro en Málaga donde disfrutar del silencio

El movimiento Quiet Gardens abre jardines de todo el planeta a quienes busquen un lugar para meditar

Cada vez nos resulta más fácil viajar para encontrar lo que deseemos: montañas, playas, paisajes espectaculares, ciudades bulliciosas, pueblos con encanto… Todo parece al alcance de la mano. Pero, precisamente por eso, lo que más difícil resulta encontrar a veces son lugares de paz y silencio, sitios donde alejarse del mundanal ruido para pensar, meditar o contemplar la vida a nuestro propio ritmo. Pero hay personas por todo el mundo decididas a reservar lugares para quienes busquen la calma. Es el caso de aquellos que deciden abrir sus jardines al movimiento Quiet Gardens, un proyecto internacional fundado a comienzos de los años 90 que une a más de trescientos jardines en cuatro continentes y al que ya se

han empezado a unir miembros españoles.

La idea nació en el Reino Unido, fruto del trabajo de un pastor anglicano, Phillip Roderick, quien -inspirado por las menciones en la Biblia a la costumbre de Jesucristo de retirarse con frecuencia a espacios naturales para rezar y meditar- empezó a buscar lugares dispuestos a abrir sus puertas para recibir a quienes buscasen un rato de paz y de contemplación de la naturaleza. En 1992 se abrió el primer jardín, en un pequeño pueblo de Buckinghamshire. A partir de ahí comenzó una rápida expansión: en 1995 se internacionalizó la idea y se unieron jardines de Botswana y Canadá; en 1996 se sumaría Australia. Actualmente, la mayor parte de los jardines sigue estando en el Reino Unido (que cuenta con 220), pero los podemos encontrar en Norteamérica, África, Australia y Nueva Zelanda y por buena parte de Europa.

En España hay dos miembros de Quiet Gardens. El primero en unirse -en 2015- fue ‘El jardín del laberinto’, que pertenece a la casa que la escritora canadiense Laurie Dennett tiene en Piedrafita de Cebreiro (Lugo). Un lugar junto al Camino de Santiago y muy ligado a este, ya que Dennett es una entusiasta del peregrinaje que decidió abrir su jardín a todos aquellos que quisiesen descansar en su trayecto hacia Compostela. Actualmente abre de 10 de la mañana a 6 de la tarde todos los días entre finales de junio y finales de septiembre. El segundo jardín español es uno de los últimos en unirse al proyecto y está casi en la otra punta de la península: en Coín (Málaga). Se trata de ‘Creciendo con Gracia’, una finca en plena naturaleza, donde se cultivan cítricos, aguacates e higos y con unas magníficas vistas, cuyo jardín solo está abierto con cita previa, pero que también ofrece alojamiento en una casa rural recién renovada.

Si bien Quiet Gardens nació con una inspiración religiosa y sigue siendo un proyecto bastante cercano a esas líneas (muchos de los jardines pertenecen a iglesias de distintas denominaciones), no es algo reservado a quienes quieran rezar. Los jardines reciben hospitalariamente a todos aquellos que busquen silencio, tranquilidad, una cercanía con la naturaleza o incluso inspiración artística. Y hay Quiet Gardens muy diversos. Incluso en pleno centro de una gran metrópoli como Londres encontramos lugares tranquilos, como el jardín de la Iglesia Metodista de Chelsea; o el de la iglesia de St. Edmund, en pleno corazón de la City: un diminuto y recogido jardín en medio del tráfago de uno de los grandes centros financieros del planeta. También Edimburgo (a pocos pasos de su castillo), Ciudad del Cabo, Montreal o Toronto tienen sus jardines.

Otros, en cambio, están en lugares muy remotos. Como el Blue Pig Studio and Quiet Garden, en la costa norte de la isla de Lewis (Hébridas Exteriores, al noroeste de Escocia). O el Vivamo Quiet Garden, junto a un lago al sur de Finlandia. También cerca de un lago está Badzel, el jardín y huerto de una casa particular en pleno centro de la isla norte de Nueva Zelanda. Otra isla, Nantucket -un antiguo puerto ballenero y ahora cotizado destino turístico frente a la costa de Massachusetts-, acoge otro jardín privado, el de Shell Om on Hither Creek. Y quizá el más remoto sea el de la iglesia de St. Damien, en Lahaina, al oeste de la isla de Maui (Hawaii).

También hay jardines pensados con un propósito muy concreto. Por ejemplo, el del hospital de Nsambya, en Kampala (Uganda), se abrió para dar tranquilidad al personal médico y sobre todo a los pacientes, en especial a los muchos enfermos de sida que hay en ese país. Otro ejemplo es el del jardín del claustro medieval de la abadía de Polesworth, en Warwickshire (Inglaterra), que se ha diseñado especialmente con abundancia de hierbas aromáticas para que los invidentes lo puedan disfrutar más. Un caso particular es el de los Quiet Gardens que contienen laberintos -generalmente reproducciones del laberinto que adorna el suelo de la catedral de Chartres, simbolizando el tortuoso camino hacia la salvación- creados con césped, piedras, baldosas o incluso setos, como sucede en el jardín de Piedrafita de Cebreiro.

Jardines para perderse, meditar, rezar o simplemente alejarse del mundo durante un rato. La tranquilidad es algo tan raro estos días que es necesario cuidarla.

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