Escapadas y Viajes

Por qué los marineros llenan de grafitis este puerto en mitad del Atlántico

Desde hace décadas, como un ritual de buena suerte, los marineros que cruzan el Atlántico dejan su sello con un dibujo en la isla de Faial (Azores), a mitad de camino entre Europa y América

El puerto de Horta es, sin duda, el puerto preferido de los veleros que viajan a una u otra orilla del Océano Atlántico. Situado en la isla de Faial, perteneciente al archipiélago de las Azores, este es casi el punto más equidistante entre los continentes americano y europeo y desde el punto de vista histórico, la parada de las 1.300 embarcaciones que pasan cada año por estas aguas. A todas ellas les une una tradición que sus tripulantes cumplen antes de abandonar el puerto y volver a la mar. Se trata de dejar un dibujo, normalmente realizado con la ayuda de un spray y con más o menos habilidad, plasmando el nombre del barco y su procedencia.

De este modo, su presencia queda registrada para siempre en sus muelles, ya abarrotados de grafitis, y para todo el que quiera observarlo. Algunos veleros han repetido estas travesías y así van sumando años y singladuras sobre el primer dibujo que realizaron al llegar a Horta.

Las primeras pintadas, que iniciaron esta auténtica galería de arte al aire libre, se realizaron hace casi 60 años cuando los navegantes anclaban en esta isla para descansar y reparar el barco. Incluso aprovechaban los restos de pintura de barco que conservaban y dejaban su huella en algún lugar del muelle. Poco a poco, el puerto se convirtió en escenario de un ritual aventurero y esta tradición se fue extendiendo al imponerse la idea de que quien no pintara se hundiría con su embarcación. En la actualidad, se cuenta en el puerto que es una llamada a la suerte para que todos los aventureros que viajan en grupo o en solitario terminen con éxito sus travesías rumbo al Atlántico Norte o desde el Caribe en dirección al Mediterráneo, una manera de ‘autoprotegerse’ que aseguran los más supersticiosos. Lo que sí está claro es que el puerto, que fue ampliado en 1986, está repleto de pintadas y no resulta nada sencillo buscar un hueco vacío en los paseos y muretes de los muelles.

Ademas de participar en esta original exposición de pinturas a cielo abierto, los navegantes cumplen también otro hábito en Horta que es el de donar algunas banderas o banderines de cada barco al bar de Peter, el ‘Peter’s Cafe Sport’, muy próximo al puerto. Dentro del local intercambian correos que cuelgan del techo, consumen el buen buen pescado fresco del océano, toman un gin tonic y visitan el museo de ‘scrimshaw’ que exhibe grabados en huesos y dientes de cachalote con escenas de la vida azoreña y de la familia del propio Peter. En realidad ese no era su nombre, pues se llamaba José, pero fue ‘rebautizado’ por un marino británico que recaló en el puerto durante la II Guerra Mundial. José le trataba tan bien que le pidió llamarle como a su hijo al que echaba mucho de menos. Hoy, este café situado al lado del puerto con una terraza exterior lo regenta José Enrique Gonçalves Azevedo, uno de los cuatro nietos del fundador de este bar quien siempre ayudó a los navegantes, algunos exhaustos y enfermos por las largas travesías, que llegaban a Horta en el siglo XX.

La Marina de Horta, que cuenta con una capacidad para 300 embarcaciones, es hoy el cuarto puerto deportivo oceánico más visitado, uno de los más importantes del mundo, y luce la bandera azul de Europa desde 1987. Cada año se celebran aquí varias regatas internacionales dirigidas a la vela oceánica de crucero, como Les Sables–Les Açores, Atlantique Pogo, La Route des Hortensias, ARC Europe y OCC Azores Pursuit Race.

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