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El día en que Buñuel salvó el brazo de Paco Rabal

Paco Rabal, en «Átame» - RTVE

El característico rostro del actor es fruto de las secuelas de un accidente en un Mercedes que casi le costó la vida en 1963

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El «Lazos de sangre» dedicado a la familia Rabal Balaguer recuperó un curioso episodio de la vida de Paco Rabal, aquel que siguió a un terrible accidente de coche y en el que a punto estuvo de perder la vida y, posteriormente, un brazo.

En diciembre de 1963, Paco Rabal volvía de una juerga a altas horas de la madrugada por la autopista de Barajas, en Madrid. Conducía un Mercedes. En el asiento de al lado, la actriz Emma Penella. Su coche colisiona contra la parte trasera de un camión. Tienen la fortuna de que viajan junto a otros vehículos, de amigos actores, y son rápidamente auxiliados.

«¿Qué voy a hacer ahora yo, si solo soy actor?», se pregunta Paco Rabal tras verse en el espejo de un ascensor profundos tajos en su cara. Tiene 37 años y desde su estreno en el cine sus papeles más celebrados han sido como galán, de ahí su preocupación. «Mi carrera se ha acabado», recordó Carlos Ferrando que el intérprete decía en los meses posteriores.

Cuando al fin lo atienden, el médico le dice: «Unos minutos más tarde y te desangras. Vamos, rápido, ha perdido mucha sangre». Finalmente, queda ingresado con heridas de carácter grave. El pronóstico de Penella, reservado.

Le quedarán secuelas en la cara, pero peor que lo del rostro puede ser lo del brazo. Lo operan mal. Y el médico, un cirujano prestigioso, le comunica que hay que amputar. Rabal puede quedar manco. Se le ocurre llamar a un amigo. El amigo es Luis Buñuel, el célebre director español con el que el intérprete había rodado «Nazarín» (1959) y «Viridiana» (1961). «El tío Paco», como le llamó Teresa Rabal durante el documental de RTVE.

Buñuel le dice que hay un médico en Francia que le puede salvar la extremidad. Hay un problema. No tiene dinero para pagarlo. Así que recurre a otro amigo: el parné se lo deja Fernando Fernán-Gómez. Y, en efecto, salva el brazo. Así que solo le quedarán secuelas en el rostro, en forma de famosas cicatrices.

Según se contó durante el programa, tardó dos años en volver a cine. Antes, superó una depresión. En una de las primeras películas que hizo, el maquillador intentó tapar las cicatrices de su cara. El director, nada menos que Visconti, lo impidió: «Me dijo: ‘No te tapes la cicatriz, porque un millonario puede tener una accidente, ¿por qué no?’».

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