Salud

Un sistema inmune débil abre la puerta a que el SARS-CoV-2 gane tiempo para mutar

R.Ibarra

La nueva variante ha llamado la atención sobre el papel potencial en la covid-19 de las personas con sistemas inmunológicos debilitados, como pacientes con cáncer activo, trasplantados, con enfermedades autoinmunes o en tratamiento con inmunosupresores y otras patologías crónicas

La aparición de la nueva variante del SARS-CoV-2 ha puesto en alarma a los científicos de todo el mundo ante la posibilidad de que sea más contagiosa o incluso, más mortal. Su origen trae de cabeza a los investigadores, y un artículo publicado en «Science» plantea una hipótesis: las personas con su sistema inmune más débil infectadas por el SARS-CoV-2 pueden tener durante más tiempo el virus en su organismo lo que le permitiría desarrollar mutaciones de resistencias.

«Se trata de un hipótesis que puede ocurrir», comenta a ABC Salud Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI)En teoría, explica, «si la respuesta inmunitaria es más débil en la persona inmunosuprimida, la presión para mutar debería ser menor. Pero con el SARS-CoV-2 no podemos decir nada con certeza».

Lo que sugiere esta hipótesis es que es posible que el coronavirus, como todos los virus, al necesitar un hospedador para sobrevivir, «mute para perfeccionar su capacidad de infectar, pero así pierda letalidad», señala este inmunólogo, que reconoce que es «más que probable que haya habido otras mutaciones no detectadas».

Hay que tener en cuenta que Reino Unido tiene un Sistema de Vigilancia que no poseen otros muchos países, por eso, señala, han «identificado esta variante tan rápidamente».

Así es. Cada vez que el coronavirus se multiplica dentro de una célula humana, un complejo de proteínas actúa como una fotocopiadora, sacando copias y más copias del ARN, su material genético. De vez en cuando, estas «fotocopiadoras» cometen errores y cambian ligeramente la información genética: son las llamadas mutaciones. Normalmente, estas mutaciones son inocuas, pero a veces producen cambios que afectan a la capacidad del virus para replicarse o contagiar.

En el caso del SARS-CoV-2, explica el Dr. López Hoyos, jefe de servicio de inmunología en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, «sabemos que sufre dos mutaciones cada mes y, por eso, los científicos hablan de variantes, que son poblaciones de virus que arrastran ciertas mutaciones».

Una de esas variantes, 20A.EU1, se originó en España en dos brotes de Aragón y Cataluña, que tuvieron lugar en junio, y en el mes de julio y agosto, la variante ya se había extendido por varios países europeos y hasta hace poco era la más prevalente de Europa y de España. De hecho, en el mes de octubre la variante 20A.EU1 constituía el 90% de las secuencias en Reino Unido, el 80% de las españolas, el 60% de las de Irlanda y entre el 30 y el 40% de las de Suiza y Holanda.

Marcos López Hoyos

Sin embargo, la ‘variante inglesa’ ya es la más prevalente en Reino Unido, y ha llegado a 14 países del continente y otros 10 del resto del mundo, entre ellos España, según un informe del Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades (ECDC), q

Los investigadores se afanan ahora en determinar si, como pensó en junio Ravindra Gupta, virólogo de la Universidad de Cambridge, el hecho de tener un sistema inmune más debilitado que dificulta deshacerse de la infección con el SARS-CoV-2 puede favorecer las mutaciones.

Gupta se interesó por el caso de una paciente con cáncer que estaba en tratamiento que, 101 días después de su diagnóstico de covid-19, a pesar de recibir remdesivir y dos sesiones de plasma convaleciente -procedente de pacientes que contenían anticuerpos contra el virus-, falleció. Cuando Gupta estudió las secuencias del genoma del coronavirus que infectó al paciente, descubrió que el SARS-CoV-2 había adquirido varias mutaciones que podrían haberle permitido eludir los anticuerpos.

Su análisis, publicado en medRxiv a principios de este mes, se ha convertido en una pieza crucial del rompecabezas para los investigadores que intentan comprender la importancia de B.1.1.7, la nueva variante del SARS-CoV-2 que se encontró por primera vez en el Reino Unido.

Esa cepa contiene una de las mutaciones que encontró Gupta, y los investigadores creen que B.1.1.7 también puede haberse originado en un paciente inmunodeprimido que tenía una infección de larga duración. «Es una hipótesis perfectamente lógica y racional», dijo el científico de enfermedades infecciosas Jeremy Farrar, director de Wellcome Trust.

La nueva variante ha llamado la atención sobre el papel potencial en la covid-19 de las personas con sistemas inmunológicos debilitados.

Se trata, señala el presidente de la SEI, de «pacientes con errores innatos o adquiridos en el funcionamiento del sistema inmunitario o inmunodeficiencias, y aquellos que, debido a diversos tratamientos inmunomoduladores o inmunosupresores, ven comprometida la función de los órganos, tejidos y células que comprenden el sistema inmune». Incluye pacientes con cáncer activo, trasplantados, pacientes con enfermedades autoinmunes o en tratamiento con inmunosupresores y otras patologías crónicas. «Cada paciente tiene un grado de inmunosupresión diferente», señala.

El artículo en «Science» advierte que estas variantes podrían brindar al virus la oportunidad de desarrollar linajes que se propagan más rápido, ser más patógenos o eludir las vacunas. De esta forma, no solo serían peligrosas para los pacientes, sino que podrían tener el potencial de alterar el curso de la pandemia.

«Pero cuidado», advierte López Hoyos. «Todavía no se ha demostrado que en las personas inmunosuprimidas se prolongue la infección durante más tiempo. Hay que demostrarlo, y también que el SARS-Cov-2 muta con mayor facilidad».

«Todavía no se ha demostrado que en las personas inmunosuprimidas se prolongue la infección durante más tiempo. Hay que demostrarlo, y también que el SARS-Cov-2 muta con mayor facilidad».

Pero si lo hiciera, «a estos pacientes, si se infectan de covid-19, habría que manejarlos con especial cuidado».

«Es importante asegurarse de que los médicos tomen precauciones adicionales al atender a esas personas: Hasta que lo sepamos con certeza, habría que tratar a esos pacientes en condiciones bastante controladas, como lo haríamos con alguien que tiene tuberculosis resistente a los medicamentos«», afirma Farrar a «Science».

B.1.1.7 atrajo la atención de los científicos porque estaba relacionada con un brote en el condado de Kent en Inglaterra que estaba creciendo más rápido de lo habitual. Las secuencias mostraron que el virus había acumulado una gran cantidad de mutaciones que juntas causaron cambios de 17 aminoácidos en las proteínas del virus, ocho de ellos en la proteína de pico crucial. Entre ellos se encuentran al menos tres particularmente preocupantes: 69-70, N501Y y P681H.

Hasta ahora, el SARS-CoV-2 adquiere solo una o dos mutaciones al mes. Y B.1.1.7 ha vuelto a este ritmo ahora, lo que sugiere que no muta más rápido que otros linajes. Es por eso por lo que los científicos creen que pudo haber pasado por un largo período de evolución en un paciente con infección crónica que luego transmitió el virus al final de la infección. «Sabemos que esto es raro, pero puede suceder», dice Maria Van Kerkhove, epidemióloga de la Organización Mundial de la Salud.

Lo cierto es que las personas con un sistema inmunológico debilitado pueden darle al virus esta oportunidad. Un reciente artículo publicado en « The New England Journal of Medicine» describía a un paciente inmunodeprimido en Boston infectado con SARS-CoV-2 durante 154 días antes de morir. Los investigadores encontraron varias mutaciones, incluida la N501Y. «Sugiere que puede producirse un número relativamente grande de mutaciones en un período de tiempo relativamente corto en un paciente individual», escribían sus autores.

Sugiere que puede producirse un número relativamente grande de mutaciones en un período de tiempo relativamente corto en un paciente individual», escribían sus autores.

En los pacientes que están infectados durante unos días y luego eliminan el virus, no hay tiempo suficiente para que ocurra esto, afirmaba el artículo, pero cuando a estos pacientes se les administran tratamientos con anticuerpos para covid-19, al final de la evolución de la enfermedad, es posible que ya existan tantas variantes que una de ellas sea resistente.

¿Significa que las vacunas dejarán de ser eficaces? No lo cree así López Hoyos. Aunque se ha demostrado que algunas mutaciones permiten que el virus evite algunos anticuerpos monoclonales, las vacunas y las infecciones naturales parecen conducir a una amplia respuesta inmune, policlonal, que se dirige a muchas áreas del virus.

«Sería un verdadero desafío para un virus escapar de eso», escribe Shane Crotty del Instituto de Inmunología de La Jolla (EE.UU.), en «Science». Los virus del sarampión y la poliomielitis nunca han aprendido a escapar de las vacunas que los atacan.

Vacunas – Archivo

De hecho, el CEO de BioNTech, Uğur Şahin, señaló que la variante del Reino Unido difería en solo nueve de los más de 1.270 aminoácidos de la proteína de pico codificada por el ARN mensajero en la vacuna que su compañía ha desarrollado junto con Pfizer.

«Científicamente, es muy probable que la respuesta inmune de esta vacuna también pueda hacer frente al nuevo virus», dijo. También lo afirmó el CEO de Astra Zeneca, cuya vacuna a acaba ser aprobada en Reino Unido.

Esta nueva información afianza el posicionamiento de la SEI en relación con la campaña de vacunación frente a covid-19. Su presidente cree que deberían ser vacunados en el grupo siguiente al que está ahora recibiendo la vacuna.

Es posible que la efectividad será menor en estos pacientes. En cualquier caso, subraya, ya sea con las nuevas vacunas de ARN, como la de Pfizer o Moderna, o las más tradicionales, «hay que vacunarse», aunque estos grupos no se hayan incluido en los ensayos clínicos realizados hasta la fecha.

Este inmunólogo considera que, una vez que se empiece a vacunar, y se incluyan a estos pacientes, se deben llevar a cabo estudios de fase IV para ver los efectos en poblaciones concreto. «Solo así sabremos qué pacientes inmunodeprimidos responden mejor a la vacunación».

El Plan de vacunación provisional del Ministerio incluye a los residentes y personal sanitario y sociosanitario en residencias de personas mayores y con discapacidad, el personal sanitario de primera línea, otro personal sanitario y sociosanitario y grandes dependientes no institucionalizados. En estos momentos se sigue trabajando para determinar los grupos que se incluirán en una segunda fase, que, según López Hoyos, debería contemplar a las personas con inmunodepresión.

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