Nutrición

Qué es lo que esconde la cera que recubre las manzanas: el gran mito del polvillo blanco

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José Andrés Gómez

Decenas de páginas en internet y videos en redes sociales han advertido de que la cera que abrillanta la fruta es perjudicial. No es verdad.

Casi tan importante como la calidad de un alimento es el aspecto con el que se muestra en el supermercado. La industria alimentaria lo sabe y se afana día tras día para que sus productos conquisten a los consumidores por los ojos mucho antes que por la boca. Ocurre con carnes como el pollo o la ternera, con pescados como el salmón, con las verduras y, por supuesto, también con las frutas. Cuanto más atractiva luzca una pera, una naranja o una ciruela, más posibilidades habrá de que alguien la compre en los supermercados de España. No es ninguna novedad.

Cada cierto tiempo aparece en redes sociales algún video en el que una persona trata de advertirnos sobre lo peligrosísimas que son las manzanas que lucen resplandecientes en el súper. En uno de los más famosos, que se viralizó hace algún tiempo y aún pulula a día de hoy por las redes sociales, aparece una persona rascando la piel de una esplendorosa manzana roja con una navaja suiza. Conforme mueve la navaja, se va acumulando sobre ella un polvillo blanco sobre ella que para los conspiranoicos es una clara muestra de “todo lo que nos meten en el cuerpo”. En realidad es, simple y llanamente, cera.

¿Se trata de una sustancia peligrosa? ¿Nos están envenenando? ¿Hay una conspiración judeomasónica para acabar con la población? Nada de eso ocurre. De hecho, la lógica dice que si fuese una sustancia peligrosa para nuestra salud, su uso estaría prohibido. Sin embargo, en determinados círculos resulta mucho más fácil pensar que un alimento natural siempre es mejor si lo comemos tal y como viene del campo, ya que cualquier compuesto que se le añada para protegerla o para prolongar su vida útil será perjudicial. Y no es así.

Las ceras llevan décadas utilizándose en la industria hortofrutícola porque cumplen dos funciones principales. La primera es la de abrillantar e impedir la transpiración. “Crean una capa impermeable, por eso se emplean para evitar la deshidratación del producto”, señalan desde la OCU. “Además, aportan brillo, de ahí que su uso tenga que ver también con motivos estéticos y comerciales”, añaden. Así, podemos encontrar estas ceras indicadas en la etiqueta bajo los términos E901 (cera de abejas), E902 (cera de candelilla), E903 (cera de carnauba), E904 (goma laca), E912 (cera montana) y E914 (cera de polietileno oxidada).

Además de estas ceras, en la piel de algunos cítricos también podemos encontrar conservantes como el E202 (sorbato potásico) o antifúngicos como el imazalil o el ortofenilfenol, que tienen como misión evitar que crezcan determinados tipos de hongos en los alimentos. “Sustancias como tiabendazol, imazalil, ortofenilfenol pirimetanil son pesticidas con acción antifúngica o fungicidas. Se suelen emplear como un cóctel para prevenir o tratar la contaminación por hongos, una vez que la fruta ha sido recolectada, o durante la fase de lavado”, advierte la OCU, que añade que también pueden aplicarse en la fase de encerado.

Todas y cada una de estas sustancias han sido evaluadas y autorizadas por la Unión Europea, son seguras, y deben declararse en la etiqueta de acuerdo con la legislación actual. Además, se utilizan en unas cantidades realmente tan pequeñas que suelen perderse tras el lavado previo a la venta. Pero hay más. Tal y como explicó hace algún tiempo Miguel Ángel Lurueña, doctor en Tecnología de los Alimentos y divulgador tras el blog Gominolas de Petróleo, algunas frutas y verduras producen ceras de forma natural, que cumplen distintas misiones: desde impermeabilizar la superficie hasta ayudar a mantener su firmeza o ejercer de barrera frente a agentes externos.

 

Aun así, los especialistas en Seguridad Alimentaria recomiendan lavar la fruta y la verdura antes de comerla. El motivo nada tiene que ver con la cera de las manzanas, sino que este proceso ha de realizarse para evitar que las trazas de plaguicidas, parásitos y contaminantes existentes acaben contaminando el alimento una vez que se traspasa la barrera superficial que es la piel con el cubierto. De hecho, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (Aesan) recomienda el lavado bajo un chorro de agua aunque vayan a ser peladas. El organismo recomienda utilizar lejía (paradójicamente, otro químico) para lavar la fruta con piel, la verdura cruda como la lechuga o la verdura cruda con piel como el pepino.

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