Nutrición

Llevas toda la vida pensando que comes mandarinas pero realmente no lo son

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Alba Moraleda

Clementina y mandarina no son la misma fruta, hay diferencias de sabor y de tamaño entre ambas, pero a estas alturas suelen confundirse.

Naranjas, mandarinas, limas, limones… los cítricos son las frutas del invierno por excelencia. En esta estación, junto al otoño, es el momento en que se encuentran en el mercado con la mejor calidad y al precio más bajo. En concreto las mandarinas, por su facilidad para transportarlas y para comerlas, ayudan a muchos a cumplir con las recomendaciones nutricionales sobre consumo de fruta y verdura (que debe ser unas cincos piezas al días). Pero también es cierto que a estas alturas, no sabemos todo sobre esta fruta archiconocida en España: lo que comemos normalmente no son mandarinas, sino clementinas.

Este melón lo ha abierto recientemente Miguel A. Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de Alimentos y divulgador, en su perfil de Twitter, algo que han agradecido los usuarios, ya que no son pocos los que tenían dudas sobre sus diferencias. Pues bien, en primer lugar, las clementinas no son mandarinas como tal. Las clementinas son el resultado del cruce entre mandarina y naranja. De ahí que tengan apariencia de mandarina y el sabor dulce de la naranja. “Es la que solemos consumir, porque se pela fácilmente, no tiene semillas y es más dulce”, señala Lurueña. Desde la Fundación Española de Nutrición (FEN) corroboran esta diferencia: “Se consideran (las clementinas) un cruce entre la mandarina y una naranja silvestre de Argelia”, apuntan.

Así las cosas, una vez que ha quedado claro que no son la misma fruta, ¿cómo podemos diferenciarlas? Recopilemos: las clementinas tienen un sabor más dulce, además normalmente, y a diferencia de las mandarinas, no tienen semillas. Las clementinas son un poco más pequeñas que las mandarinas y también se pelan mejor que las mandarinas, ya que tienen la piel mucho menos pegada a la carne.

También hay diferencias respecto a su origen: “Las mandarinas empezaron a cultivarse alrededor del 2.000 aC, en Oriente Medio. Las clementinas son mucho más actuales. Su origen se remonta al siglo XIX, en Argelia, donde se cruzó el polen de un mandarino con el polen de un naranjo”, señalan en la web de Naranjas Torres, empresa dedicada a la manipulación, envasado y comercialización de naranjas, mandarinas, clementinas.

Fuente de vitamina C

Aclaradas las diferencias (a partir de ahora no hay excusa para no llamar a cada una por su nombre) ¿qué nos aportan estas frutas desde el punto de vista nutricional? Tanto la mandarina como la clementina son ricas en vitamina C, como todos los cítricos, aunque contiene algo menos que la naranja. Esta vitamina tan conocida, de la que podemos decir que ni previene ni cura los resfriados, ayuda al sistema inmunitario, es un antioxidante y metaboliza el hierro.

Este nutriente también permite sintetizar el colágeno y mantener la estabilidad de los tejidos del cuerpo. Pero el cuerpo no produce vitamina C, hay que obtenerla de la dieta. Contra lo que muchos creen, la naranja, la mandarina o la clementina no son los alimentos que aportan más vitamina CEl brócoli, el pimiento o el kiwi tienen un contenido más alto. 

De vuelta a las mandarinas y clementinas, según señalan desde la FEN, su aporte de provitamina A es considerable y superior al de las naranjas. También hay que subrayar su composición en criptoxantina (caroteno), un compuesto que además de transformarse en vitamina A en el organismo, tiene propiedades antioxidantes, por lo que se le atribuye una acción preventiva frente al cáncer y enfermedades cardiovasculares. También son bajas en calorías, unas 40 kcal por cada 100 gramos. La mayor parte de su composición, cerca del 88%, es agua.

Además, la mandarina contiene flavonoides (hesperidina, neohesperidina, nobiletina, tangeritina). Según señala un informe de la FEN, titulado Valor Nutricional de las Naranjas y Clementinas, la hesperidina (flavanona), “algunos estudios indican que posee efectos antiinflamatorios, analgésicos, hipolipidémicos, antihipertensivos y diuréticos en animales de experimentación”. En cuanto a la tangeretina y nobiletina, señala que “algunos estudios han sugerido que podrían tener un papel protector en el desarrollo del cáncer”.

Aclaradas las diferencias entre la mandarina y la clementina y tras apuntar el nutricional de estos cítricos, de lo que no hay dudas es que sea de la forma que sea, lo que hay que hacer a diario es comer fruta, “muchas, de todos los colores”. Según la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, más que comer cinco piezas de frutas y verduras al día, que puede resultar algo complicado de medir, la recomendación es que la mitad de nuestro plato en cada comida esté compuesto de vegetales, tanto frutas como verduras (las patatas no cuentan).

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