Nutrición

Elimina el jamón de York de tu dieta: estas son las cuatro razones

El jamón cocido es un procesado cárnico cuyo consumo ha sido relacionado con un mayor riesgo de cáncer.

No sabemos exactamente cuándo ocurrió ni cómo ocurrió, pero lo cierto es que el jamón de York, uno de los embutidos más populares del supermercado, arrastra desde hace años una fama de alimento sano que realmente no se merece. Tal vez sea por su característico color rosáceo, por los reclamos salutíferos que las marcas estampan en los envases, o por su utilización en multitud de dietas de pérdida de peso. Sea como fuere, lo cierto es que, pese a lo que siempre se ha pensado, este producto está muy lejos de ser un alimento recomendable para nuestro día a día.

El jamón de York ni siquiera existe como tal. Se trata de una denominación que no está regulada por la legislación. De esta forma, cualquier marca podría comercializar si quisiera unas sardinas de York, unas patatas de York o unos aguacates de York sin que eso signifique que estamos ante un producto más saludable ni tampoco que su origen sea la conocida ciudad de Inglaterra. “El jamón de York no existe porque la denominación ‘jamón de York’ no aparece en la legislación. La palabra ‘York’ luce hermosa en algunos envases como reclamo publicitario, pero no implica que el producto deba cumplir ningún requisito”, apunta Marián García (aka Boticaria García) en su libro homónimo El jamón de York no existe (Esfera de los Libros, 2019).

Pero, ¿por qué deberíamos eliminar el jamón cocido de nuestra dieta? ¿Realmente es tan malo para nuestra salud?

Es carne procesada

La cruda realidad es que el jamón de York es un procesado cárnico más, tal y como lo son el chorizo, el salchichón, las salchichas o las hamburguesas. Es decir, se trata de una carne que ha sido transformada mediante distintos procedimientos para favorecer su conservación y su sabor. El consumo de carne procesada, como prácticamente todo el mundo sabe a estas alturas de la película, aumenta el riesgo de sufrir cáncer, tal y como advirtió un famosísimo informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 2015.

“Hay pruebas convincentes de que el agente causa cáncer. […] Esta clasificación está basada en evidencia suficiente a partir de de estudios epidemiológicos que demuestran que el consumo de carne procesada provoca cáncer colorrectal”, dice el informe de la OMS. La organización internacional estima que comer 50 gramos al día de carne procesada aumenta un 18% las posibilidades de sufrir cáncer colorrectal.

No todo es jamón

La legislación española sobre los derivados cárnicos, el Real Decreto 474/2014, establece tres categorías distintas, ordenadas de menor a mayor calidad, para el jamón cocido. Así, la única categoría salvable sería la “extra”, cuyo porcentaje real de carne oscila entre el 80% y el 90% del total del producto (en algunos casos este porcentaje puede llegar a ser hasta del 95%).

La segunda categoría es el jamón cocido normal, que tiene alrededor de un 70% de carne y también incluye algunas proteínas de relleno para retener agua y conseguir que sea más jugoso. En el envase no leeremos ni la palabra “extra” ni la de “fiambre”, que queda reservada para el jamón cocido de menor calidad, con un 50% de carne aproximadamente. Este tipo de jamón suele incluir féculas, además de las proteínas de relleno habituales en el jamón de segunda categoría.

Más allá de las calorías

Efectivamente, el jamón cocido es uno de los embutidos que menos calorías tiene. Si atendemos a la etiqueta, podemos ver que 100 gramos de esta marca contienen sólo 94 kilocalorías; asimismo, este otro tiene alrededor de 100 kilocalorías; y este fiambre posee 112 kilocalorías. Sin embargo, el hecho de que un alimento tenga pocas calorías no implica que sea saludable. Es más, la industria alimentaria fabrica habitualmente alimentos bajos en calorías que, pese a su apariencia, son realmente insanos.

¿Qué es lo que importa entonces realmente? La procedencia de las calorías. De hecho, hay alimentos hipercalóricos, como los frutos secos, que se utilizan habitualmente para controlar tanto el hambre como el peso en dietas de adelgazamiento. En el caso de las nueces, por ejemplo, su contenido calórico (alrededor de 600 kilocalorías en 100 gramos) tiene que ver con la elevada cantidad de grasas saludables que contiene. De hecho, los frutos secos son perfectamente saludables y no engordan, tal y como mucha gente piensa.

No aporta gran cosa

Más allá de que se trata de un alimento insano, el jamón de York no aporta gran cosa desde el punto de vista nutricional. Si atendemos a la información que aparece en el envase de una de las variedades “extra” que se venden en los supermercados podemos ver que el jamón cocido, al ser un producto cárnico principalmente aporta proteínas. En 100 gramos de este procesado cárnico podemos encontrar 17 gramos de proteínas. ¿Puede ser una buena alternativa si lo que queremos es enriquecer nuestro sabroso cuerpo con este nutriente? Pues tampoco. Si lo que queremos es obtener proteínas animales a través de un alimento saludable podemos optar por la pechuga de pollo, por ejemplo, que contiene hasta 43 gramos por cada 100.

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