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Por qué la Unión Europea tolera las ofensas de la Turquía de Erdogan

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Juan Sanhermelando ElEspanol

La humillación infligida por el presidente turco, Recep Tayipp Erdogan, a Ursula von der Leyen al relegarla al sofá durante una reunión en Ankara el pasado martes continúa provocando réplicas. Las tardías y confusas explicaciones del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, de por qué no pidió otra silla para Von der Leyen o le cedió su sitio no han convencido a nadie. “Me entristece la impresión dada de que me resultó indiferente el traspié protocolario hacia Ursula”, se justifica.

La presidenta de la Comisión insiste en que en términos de protocolo “debe ser tratada del mismo modo que el presidente del Consejo Europeo en una visita de este tipo“, según ha dicho su portavoz, Eric Mamer. La actitud de Erdogan y Michel hacia Von der Leyen ha provocado indignación en la Eurocámara, que prepara un debate sobre este choque diplomático en el pleno de la semana que viene. Turquía asegura que la distribución de asientos se ajustó a lo que pedía la UE.

En lo único en lo que coinciden las explicaciones de Von der Leyen y de Michel es en que ambos decidieron pasar por alto la encerrona preparada por Erdogan y seguir adelante con el encuentro, sin agravar la situación con un “incidente público”. La prioridad era abordar la “sustancia” de las relaciones entre la UE y Turquía. ¿Por qué la Unión Europea tolera las ofensas públicas de Erdogan? ¿Qué le debe Bruselas al presidente turco para perdonarle estas provocaciones?

Dos son los motivos fundamentales que han llevado a Bruselas a tratar de normalizar las relaciones con Erdogan pese a sus ataques a líderes europeos (ha llegado a insultar al presidente francés, Emmanuel Macron) y a su deriva autoritaria en Turquía. Por un lado, evitar un conflicto abierto en el Mediterráneo Oriental con Grecia y Chipre. Pero la política de apaciguamiento se explica sobre todo porque la UE necesita a Ankara para frenar la llega de migrantes y refugiados.

En marzo de 2016, la Unión Europea y Turquía firmaron un acuerdo migratorio que en la práctica convertía a Erdogan en el guardián de la frontera oriental comunitaria. El Gobierno de Ankara se comprometió a retener en su territorio a los refugiados sirios que intentaban llegar a Europa. A cambio, Bruselas pagaría a Turquía 6.000 millones de euros por esta externalización del control de fronteras.

El acuerdo con Turquía fue una iniciativa de emergencia de la canciller Angela Merkel para tratar de hacer frente a la crisis migratoria de 2015. La apuesta de Alemania funcionó y el número de entradas irregulares por la ruta del Mediterráneo Oriental entre Turquía y Grecia se redujo desde el récord absoluto de 885.000 en 2015 hasta 82.000 en 2019. Los dirigentes comunitarios se desentendieron del riesgo de que Erdogan utilizara a los refugiados como arma política para presionar a la UE.

Tensión sin precedentes

Sin embargo, este escenario se materializó el año pasado, cuando las relaciones entre la UE y Turquía alcanzaron su punto más bajo, con niveles de enfrentamiento sin precedentes. A finales de febrero de 2020, Erdogan animó activamente a los migrantes y refugiados a entrar en la UE. Esto dio lugar a situaciones de violencia en las fronteras terrestres y marítimas de Grecia.

Presidente de la Comisión

El otro gran foco de conflicto el año pasado fueron las prospecciones gasísticas turcas en el Mediterráneo Oriental, en aguas reclamadas por Grecia y Chipre. Por la vía de los hechos y de las declaraciones agresivas, Ankara tensó al máximo la situación hasta casi llegar a un conflicto abierto con Grecia, pese a que ambos países son miembros de la OTAN. En agosto, Francia envió dos aviones Rafale y dos buques para apoyar a Atenas en su enfrentamiento con Turquía. Al final, la sangre no llegó al río.

Desde entonces, la diplomacia comunitaria se ha esforzado al máximo por rebajar la temperatura con Erdogan. Una estrategia que empezaba a dar sus primeros resultados en las últimas semanas. A fecha de hoy, Turquía ha cesado los despliegues conflictivos de buques en el Mediterráneo Oriental y ha vuelto al diálogo con Grecia sobre la cuestión de las fronteras marítimas. Además, a finales de abril se retomarán conversaciones informales en Ginebra en busca de una solución para la reunificación de Chipre.

La Unión Europea tiene un interés estratégico en un entorno estable y seguro en el Mediterráneo oriental y en el desarrollo de una relación cooperativa y mutuamente beneficiosa con Turquía”, señalan las conclusiones aprobadas por los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 en su última videocumbre del 25 de marzo. Allí, los líderes europeos pactaron una política del palo y la zanahoria para tratar con Erdogan.

Nuevo pacto migratorio

Si el presidente turco mantiene una política de distensión y constructiva, Bruselas está dispuesta a ofrecerle una agenda positiva que incluiría, entre otras cosas: modernizar la unión adunanera entre la UE y Turquía; reforzar la cooperación con Ankara en materia de contactos interpersonales y movilidad de las personas; y sobre todo renovar el acuerdo migratorio de 2016, con más dinero europeo para Erdogan a cambio de retener a los refugiados y readmitir a los que lleguen a Grecia.

Relegada

En caso de que Erdogan emprenda de nuevo acciones unilaterales o provocaciones contrarias al derecho internacional, la UE amenaza con adoptar represalias. Entre ellas, nuevas sanciones a dirigentes y entidades turcas; restringir la cooperación económica en sectores como la energía o el turismo o incluso desaconsejar los viajes a Turquía.

La decisión final sobre la vía a seguir con Turquía (más colaboración o más sanciones) se adoptará en la cumbre de líderes europeos prevista para junio, dependiendo de la actitud del presidente. El viaje de Von der Leyen y Michel a Ankara se había programado precisamente para trasladar directamente a Erdogan las expectativas de los líderes europeos y preparar así una decisión positiva en el Consejo Europeo.

En la capital turca, la presidenta del Ejecutivo comunitario le prometió a Erdogan más dinero para renovar el acuerdo migratorio. En la actualidad, Turquía acoge a 3,6 millones de refugiados sirios y a 400.000 afganos. De los 6.000 millones de euros de fondos europeos acordados en 2016, 4.100 millones ya se han desembolsado a Ankara y el resto ya están comprometidos. “La Comisión hará pronto una propuesta de financiación”, asegura Von der Leyen. En Bruselas se habla de entre 2.000 millones y 4.000 millones extra.

El incidente diplomático en Ankara pone en cuestión los esfuerzos de reconciliación entre la UE y Turquía. Pero no es el único obstáculo. Poco antes del viaje de Von der Leyen y Michel, Erdogan anunciaba que se retira del Convenio de Estambul para combatir la violencia contra las mujeres, que Bruselas considera vital. Además, el presidente turco sigue empeorando la represión interna contra la oposición. La decisión de los líderes europeos en junio no será fácil.

 

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