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La amistad de Bill y Hillary Clinton con Mohamed VI forzará a Biden a apoyar un Sáhara marroquí

Sonia Moreno 

La asociación económica y la cooperación en materia de seguridad serán dos cuestiones entre EEUU y Marruecos que Joe Biden no se atreverá a cambiar.

Desde el 10 de diciembre, cuando Donald Trump y el rey Mohamed VI hicieron público el decreto presidencial por el cual Estados Unidos (EEUU) reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio del Sáhara Occidental, la pregunta más frecuente es: ¿mantendrá Joe Biden este reconocimiento cuando llegue a la Casa Blanca el 20 de enero?

A tenor de las consultas e investigaciones realizadas por EL ESPAÑOL, la respuesta es: sí. El nuevo presidente estadounidense no tendrá alternativa por varias razones: el apoyo de Marruecos al partido demócrata y la relación con la familia Clinton, los acuerdos en materia de defensa que pasan por el reconocimiento del Estado de Israel y una relación histórica de Estado con intereses económicos.

La asociación económica y la cooperación en materia de seguridad serán dos cuestiones entre EEUU y Marruecos que Joe Biden no se atreverá a cambiar. De hecho, pocos altibajos ha habido en las relaciones bilaterales entre ambas naciones con cada cambio de administración.

Mohamed VI, los Clinton y Biden

Las relaciones bilaterales de Marruecos con EEUU pasan por un momento clave y con el nuevo presidente cambiarán poco.

Tan pronto se conocieron los resultados electorales en EEUU, los medios marroquíes comenzaron a difundir la visita de Jon Biden en 2014, a quien recibió el rey Mohamed VI.

Desde entonces comenzaron a rodar las imágenes de su paso por la cumbre de Marrakech, donde aseguró en un discurso: “Marruecos tiene un hueco especial en el corazón de los americanos. Fue la primera nación en el mundo en reconocer a los EEUU en 1777”.

Un precedente son las excelentes relaciones de Hillary Clinton y el rey Mohamed VI, que quedaron al descubierto en los cables de Wikileaks. “No sé lo que el futuro le deparará a Marruecos pero es un país en el que me gustaría aconsejar que se invierta, porque parece haber hecho una transición, al menos en la primera fase, exitosa”, decía en esos mensajes Hillary Clinton.

En los 4.000 textos robados al jefe de campaña de Hillary Clinton, John Podesta, cuando esta aspiraba a la Casa Blanca, se descubrió la buena impresión que le causó también el monarca Mohamed VI. “Le doy al rey Mohamed VI un enorme crédito por la forma en que está gestionando el proceso de cambio en Marruecos”, señaló. Refiriéndose a la reforma constitucional emprendida por el rey en 2011.

Incluso, se filtraron supuestos pagos del monarca alauita a la Fundación Clinton. La consejera Huma Abedin le indicaba en 2015 a Podesta que el rey se había comprometido a donar a la Fundación Clinton 11 millones de euros, si Hillary Clinton asistía a una conferencia del foro Clinton Global Initiative (CGI) para el desarrollo de África y Oriente Próximo.

Finalmente, en aquella ocasión solo acudieron Bill Clinton y su hija Chelsea. La vicepresidenta de la Fundación Clinton aprovechó el viaje para realizar una visita de cortesía a la princesa Lalla Salma, la madre del heredero y entonces esposa de Mohamed VI, en el Palacio Real de Marrakech.

Desde luego, son numerosas las visitas públicas y privadas del matrimonio Clinton al país magrebí. La última instantánea del matrimonio Clinton en Marruecos se tomó hace un año, cuando en septiembre de 2019 celebraron el 60 cumpleaños del multimillonario estadounidense de origen marroquí Marc Lasry en el célebre y lujoso hotel Mamounia de Marrakech.

Son recurrentes sus viajes también personales a la ciudad ocre, para por ejemplo festejar el fin de año. Allí se fotografió Hillary Clinton junto a Lalla Meriem, hermana del rey Mohamed VI, visitando las ruinas del Palacio el Badi del SXVI.

Incluso, aparece junto a la hermana de rey Hassan II, Lalla Fátima. Ambas asistieron a una mesa redonda en el ayuntamiento de Marrakech sobre temas de la mujer en una gira de buena voluntad de diez días por el norte de África que finalizó en Marruecos.

Las impresiones son tan buenas, que hasta su nombre ha sonado como embajadora de EEUU en Marruecos.

Reconocimiento de Israel

La diplomacia estadounidense se instala en el Sáhara Occidental, como perseguía la política exterior marroquí, y eso pasa por el reconocimiento del estado de Israel, que también tiene una estrecha relación con el acuerdo de defensa firmado el 2 de octubre en Rabat entre EEUU y Marruecos.

El reconocimiento de Trump estaba previsto para después de las elecciones legislativas en Marruecos en 2021. Sin embargo se adelantó al anunciarlo antes de terminar el año tras perder las elecciones. De esta manera quiere dejar terminado un paso más en su plan de Paz que respalda los intereses de Israel antes de abandonar la presidencia el 20 de enero. Pero además en un momento clave para Marruecos, con la ruptura del alto el fuego con el Frente Polisario el 13 de noviembre, después de 29 años de paz.

De esta manera, Trump le echa el último pulso a su sucesor. En todo caso, Biden se define como “sionista” y “amigo del Estado hebreo”. Y tiene como número dos a Yamala Harris.

Precisamente, la vicepresidenta se comprometió en la campaña electoral con una solución de dos Estados, hablando de igualdad entre Palestina e Israel. Sin embargo, ha incidido en la necesidad de seguir apoyando a Israel y ha asistido con frecuencia a reuniones con la organización AIPAC, que representa al lobby judío pro Israel en EEUU.

Y además está el nombramiento de Linda Thomas-Greenfield como embajadora de EEUU ante las Naciones Unidas (ONU), con cuatro décadas en política exterior y experiencia sobre todo en África.

Cuestión de Estado

Donald Trump tomó la decisión de reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental de acuerdo con la Constitución de los EEUU. Es el presidente quien, a través del poder ejecutivo del Gobierno Federal, dirige la diplomacia con otros estados.

La mayoría de acuerdos con Marruecos son temas de Estado, con el Pentágono detrás, que no dependen directamente de los políticos. Marruecos es uno de sus aliados más antiguos. Todas las administraciones estadounidenses desde la de Bill Clinton han afirmado su apoyo al plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental. Cada administración, republicana o demócrata, ha apoyado firmemente la promoción de la paz regional.

El 2 de octubre representantes del Pentágono y de Defensa firmaron un acuerdo militar en Rabat a implementar en la próxima década que va dirigido sobre todo a la seguridad en el Sahel y Libia.

En ese aspecto, el embajador estadounidense en Marruecos, David Fischer, lo dejó claro: “Trabajaremos juntos para lograr los objetivos de seguridad compartidos: mejorar las preparación de nuestras fuerzas militares, compartir inteligencia, combatir el extremismo violento, libertad de navegación y contribuir a la estabilidad y seguridad regionales”.

Por lo que la relación es un cuestión también de seguridad. De hecho, se ampliará la base militar de Tan Tan que acoge el Mando de África.

Evidentemente, detrás del histórico reconocimiento de los EEUU hay intereses económicos. Marruecos es el único país en África vinculado a los EEUU por un acuerdo de libre comercio. Al mismo tiempo que abren un consulado en Dajla, emprenderán proyectos en esta localidad, que ya se conoce como “el dorado”. Así entran en un área estratégica como centro de comercio en África, Europa y Oriente Medio.

La empresa americana que se asienta ahora en el Sáhara Occidental en un terreno de 10.000 hectáreas y con 400 empleados ha pasado tres años realizando estudios técnicos en la zona.

Todo esto lo dejó claro el embajador Fischer en una entrevista esta semana en la agencia nacional MAP: “Cada vez que podemos traer más comercio a una región significa más inversión, más empleos. Esto es EE UU, y esto es lo que su majestad el rey quiere para esta región que yo llamo el Sáhara marroquí. Aspiramos realmente al crecimiento económico y a la prosperidad”.

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