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Guiño de Biden al ala radical para reanudar las relaciones con Cuba

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Javier Ansorena

El exvicepresidente quiere retomar la política de apertura hacia la isla de Obama, con lo que se arriesga a perder en un estado clave como Florida

Estados Unidos vive una campaña electoral con sordina, con el país empantanado por la crisis del coronavirus, que ha dejado las elecciones presidenciales de noviembre en un segundo plano. En un año electoral convencional, Donald Trump y Joe Biden estarían metidos ya en harina de campaña, con baterías de propuestas, una agenda pública abultada y peleas mediáticas. El presidente está en la Casa Blanca tratando de que los muertos y el parón económico del coronavirus no ahoguen su reelección y el nominado de facto del Partido Demócrata trata, con poco éxito, de colocar sus mensajes desde el sótano de su mansión en Delaware.

En este «impasse» electoral, Biden ha desempolvado un viejo asunto de política exterior: Cuba. El peso de las relaciones con la isla en el clima político de EE.UU. ha fluctuado, pero en esta campaña encuentra un nuevo significado por el apoyo de la dictadura comunista a Nicolás Maduro en Venezuela y por las corrientes izquierdistas que agitan al partido demócrata en EE.UU., y que Trump usará a su favor en las presidenciales de noviembre.

Esta semana, Biden concedió una entrevista a la filial de la CBS en Miami (Florida), donde se concentra la mayor comunidad cubanoamericana de EE.UU. y la pregunta no tardó en aparecer: «¿Volverá a las políticas de Obama con respecto a Cuba si sale elegido presidente?», inquirió el periodista. «Sí, en su mayor parte, volvería a ellas», reconoció el que fuera vicepresidente con Barack Obama. «Insistiría en que ellos tendrán que mantener los compromisos que dijeron que harían cuando establecimos la política», dijo sobre el proceso de acercamiento a Cuba que emprendió el antecesor de Trump.

Este mes se cumplen cinco años de la decisión de la Administración Obama de sacar a Cuba de la lista de países patrocinadores de terrorismo, el primer gran paso tras el anuncio de la reapertura de relaciones, que se produjo en diciembre de 2014 tras negociaciones impulsadas por Canadá y el Vaticano. Después vendrían el levantamiento de restricciones a viajes, el envío de remesas, permisos para la operación de empresas estadounidenses, la visita histórica de Obama a La Habana -la primera de un presidente en funciones desde 1928- y la reapertura de la Embajada en la isla, cerrada desde 1961.

Biden y Trump han recorrido caminos inversos sobre Cuba. El exvicepresidente se opuso al final del embargo a Cuba en sus años como senador, pero cambió de postura como segundo de Obama. Desde entonces, critica a quienes defienden una política «del pasado» de no relajar las restricciones. Trump quiso levantar un hotel en Cuba antes de lanzar su carrera política, pero, como presidente, revirtió la política aperturista de Obama, recuperó buena parte de las restricciones a los viajes e impuso nuevas limitaciones a las remesas. Biden ha calificado esa postura como «vuelta a la Guerra Fría» y un «desastre inefectivo».

La diferencia entre la apertura de Obama y la voluntad de Biden de recuperar aquella política es que el contexto en Cuba y el resto de la región es diferente. El expresidente buscaba -con o sin acierto- acelerar un posible cambio político en los estertores del régimen castrista, con Fidel Castro debilitado ( murió en noviembre de 2016) y su hermano Raúl con menor peso en el régimen. Ahora Biden promete que EE.UU. volverá a abrirse a una Cuba que en estos años se ha convertido en el principal apoyo de la deriva dictatorial de Maduro en Venezuela y con un nuevo presidente, Miguel Díaz-Canel, que solo perpetúa los abusos del castrismo.

Donald Trump saca tajada

Trump aprovechó la promesa de Biden para reforzar sus posiciones sobre Cuba y vincular a su contrincante con la corriente izquierdista del partido, liderada por Bernie Sanders, que a finales del mes pasado concedió la victoria al exvicepresidente en las primarias. «La debilidad de Joe Biden hacia el régimen cubano y el de Nicolás Maduro en Venezuela nos recuerda que su administración seguirá los pasos de Bernie Sanders y se alinearía con dictaduras socialistas por encima de los valores de nuestro país», aseguró Ali Pardo, portavoz de la campaña de Trump. «Ya es suficientemente dañino que, como vicepresidente, Biden jamás levantó ni un dedo para frenar a Maduro mientras mataba de hambre a su propio pueblo y que su administración elogió a Raúl Castro, a pesar del horrible historial de violaciones de derechos humanos del gobierno cubano».

Biden, sin embargo, aseguró en la entrevista que una apertura de relaciones con Cuba no está reñida con «mantener las sanciones» por su apoyo a Maduro. Criticó que Sanders elogiara durante las primarias al régimen castrista y defendió que la política de Obama buscaba «cambiar la política de Cuba».

La postura de Biden en este asunto podría tener consecuencias importantes en la reelección de Trump. En especial en Florida, un estado bisagra, de esos que deciden elecciones (el mejor ejemplo fue en 2000, entre George W. Bush y Al Gore) donde la comunidad cubanoamericana puede decidir el resultado. Si Sanders hubiera sido el candidato demócrata, el estado estaba en manos de Trump, que se imponía en las encuestas (50-45%, según RealClearPolitics) al senador izquierdista. Con Biden como nominado «de facto», el exvicepresidente aventaja por la mínima al presidente (46,5-43,3%).

Pero abrir la caja de Pandora de Cuba quizá no es la mejor opción para Biden. Cuando Obama impulsó el acercamiento, el 59% de EE.UU. lo veía con buenos ojos y solo el 29% estaba en contra. Con Trump en la Casa Blanca y un creciente número de venezolanos en Florida, la percepción de la apertura ha cambiado en el estado. En especial, entre los cubano-americanos. Según un estudio de la Universidad Internacional de Florida, el 44% apoya acabar con el embargo, mientras que en 2016 era el 56%. Ahora, el 45% está a favor de mantenerlo y el número es mayor (52%) entre aquellos que están registrados para votar.

«Esto no va a gustar a la gente de Florida», dijo Rick Scott, senador republicano por el estado y su ex gobernador, tras las declaraciones de Biden de esta semana.

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