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El dinero de Abu Dabi tensiona la relación de Marruecos con sus vecinos en el norte de África

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Javier Martín (EFE) – El Español

Mauritania va camino de ser el próximo país en sumarse a este reconocimiento. Túnez podría verse obligado a ello. Pero Argelia, país que apoya la causa Palestina, no da su brazo a torcer.

El seísmo geopolítico que ha supuesto la decisión de Marruecos de establecer relaciones con Israel a cambio del reconocimiento de la soberanía sobre el Sáhara Occidental sacude y presiona también a TúnezArgelia y Mauritania, país este último que se perfila como el siguiente en sumarse al giro que con su riqueza impulsa Emiratos Árabes Unidos.

Expertos y analistas coinciden en apuntar que el dinero de Abu Dabi, sumado a las presiones políticas de Israel y el respaldo discreto de Estados Unidos (EEUU), forjado durante la presidencia de Donald Trump, se ha convertido en una sólida estrategia de transformación de la zona.

Y que ésta no cambiará con la llegada de la Administración Biden, decidida a reducir con estos socios la influencia rusa en Siria y en Libia, y a frenar el expansionismo turco en el Mediterráneo oriental y en África -en especial en la zona norte y en el Sahel- , donde Moscú y Ankara han abierto en los últimos años decenas de embajadas, consulados y rutas aéreas.

“La Administración Trump ha sido intervencionista en el norte de África a través de dos asuntos que han tenido unas consecuencias reales”, explica Jalel Harchaoui, investigador principal del centro de análisis geopolítico Global Iniciative.

“Existe un ángulo emiratí que hace que no esperamos que haya una verdadera intención de revertir lo hecho por la anterior Administración”, agrega en referencia a la decisión marroquí y al apoyo de EAU al mariscal Jalifa Hafter, tutor del gobierno no reconocido en Libia y hombre fuerte del país.

Al hilo de este argumento, Harchaoui subraya la enorme cantidad de dinero que en el último año ha invertido y concedido en ayudas a Mauritania, país que vaticina “le gustaría imitar (pronto) a Marruecos” en la estrategia de reconocimiento de Israel azuzada por la poderosa familia Al Nahayam.

La trampa tunecina

El dinero emiratí también fluye con regularidad y abundancia en Túnez, país sumido en una aguda crisis económica y social que amenaza con anegar la única transición que aún florece de las marchitadas “primaveras árabes”.

A ello se ha sumado en los últimos meses el pulso entre el jefe del Estado, Kaïs Said, quien mantiene una excelente relación con EAU, y el presidente del Parlamento y líder del partido conservador de tendencia islamista ‘Ennahda’, Rachid Ghannouchi.

Ghannouchi, que cuenta con el respaldo financiero y político de Catar, impulsó la semana pasada una remodelación en el gobierno que supuso la salida de los ministros cercanos a Said, que éste trata de boicotear desde entonces, negándoles el juramento de cargo.

En la pelea contra los islamistas participa, igualmente, el Partido Desturiano Libre (PDL), que defiende los intereses de empresarios, policías y políticos nostálgicos del antiguo régimen que se refugiaron con sus fortunas junto al dictador en Arabia Saudí y otros estados árabes.

En este marco de crisis generalizada, con las arcas estatales vacías y la pandemia en su punto álgido, un antiguo ministro reveló días atrás que la exembajadora de la Unión Europea, Laura Baeza, le informó en 2015 de que Israel planeaba exigir compensaciones millonarias al Estado tunecino por las propiedades abandonadas por los judíos en su huida.

“Israel puede presionar a Túnez para que pague una indemnización en cualquier momento, y no sé si la normalización se presentará como una alternativa al dinero”, advirtió Hatem El-Echi.

“Las sumas mencionadas son muy importantes y superan el presupuesto de Túnez”, agregó sobre una cuestión antigua, pero que ha resurgido con fuerza en este contexto de crisis.

El reducto argelino

Si hay una nación árabe, sin embargo, donde el activismo contra Israel y el apoyo a la causa palestina es una cuestión de Estado -y está fuertemente arraigada en el pueblo- es Argelia, país sumergido igualmente en la crisis económica, política y social más grave de su historia reciente.

Santuario en la pasada década de los setenta de numerosos movimientos armados, la semana pasada sufrió un fuerte terremoto tras emitir en una de las televisiones locales un inaudito debate sobre la posibilidad de que se permita a los deportistas argelinos competir con los israelíes, algo hasta la fecha impensable.

El programa fue criticado de inmediato por el Gobierno, que en un comunicado avisó con cerrar el canal y advirtió de que ese tipo de discusiones “amenazan la seguridad nacional” y están impulsadas por “potencias extranjeras” que pretenden desestabilizar el país.

“La decisión de Marruecos ha sido un golpe durísimo para Argelia, con el que mantiene un pulso en la región, y que es el principal apoyo del Polisario”, advierte un diplomático europeo afincado en el país. “Si se sumara Mauritania, como parece, cambiaría los equilibrios en el norte de África, una zona muy sensible. Argelia está débil, se vería acorralada y las consecuencias son impredecibles”, advierte.

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