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El atasco en la negociación del Brexit dispara el miedo al desabastecimiento

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Enrique Serbeto

Barnier constata ciertos avances en la posición de Boris Johnson después de la conversación del domingo con la presidenta Ursula von der Leyen

Los británicos son muy aficionados a las apuestas, pero en esto del Brexit no consta que sean muy populares las que juegan entre si hay acuerdo o no con la UE a partir del 1 de enero y que están más o menos a la par. Así, mientras las negociaciones siguen en Bruselas con perspectivas por primera vez algo más optimistas, en el Reino Unido se ha instalado ya una sensación de alarma que se percibe por el nerviosismo de muchos operadores económicos, que se apresuran a hacer traer mercancías para tenerlas almacenadas, en previsión de una situación caótica a partir del 1 de enero.

Lo sorprendente es que ese nerviosismo se ha acentuado coincidiendo con un inédito avance en las negociaciones que confirmó el propio representante europeo, Michel Barnier, ayer mismo, al decir que pese a que «el camino sigue siendo muy estrecho» creía posible que un tratado comercial y de seguridad para regular las relaciones posteriores a la salida del Reino Unido de la UE podría cerrarse esta misma semana. La razón de este optimismo es que en la conversación telefónica el domingo con Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión, el primer ministro británico, Boris Johnson, aceptó el principio de que las divergencias regulatorias entre unos y otros tendrían consecuencias, como fórmula para garantizar una competencia justa entre las empresas europeas y británicas. «Por primera vez», dijo Barnier, el gobierno de Londres «acepta un mecanismo de medidas unilaterales», como aranceles, en caso de que se produzcan «divergencias sistémicas que distorsionan el comercio y la inversión, pero este mecanismo debe ser creíble, eficaz y rápido y en ello es en lo que estamos trabajando».

Reglas justas

Desde el principio, Bruselas ha intentado convencer a los británicos de que es necesario que todas las empresas que pueden competir en el mercado europeo lo hagan con las mismas reglas y que si el Reino Unido decide cambiar las suyas, eso no puede servir para obtener ventajas respecto a las europeas.

El Gobierno británico, informa desde Londres Ivannia Salazar, confirmó que sigue «comprometido con la idea de superar las diferencias que aún existen», pero insistía en que la opción de un no acuerdo y una parálisis total de las comunicaciones y el comercio a partir del día 1 de enero sigue siendo posible. «Hemos tenido claro que seguiremos trabajando y esperamos llegar a un acuerdo de libre comercio, pero obviamente, que no haya ningún acuerdo es un resultado posible. El tiempo es muy escaso».

Esas dudas por parte británica explicarían esa inquietud ante el futuro inmediato, que está provocando un embotellamiento inédito de camiones en las aduanas. Una fuente citada por el diario «The Guardian» indicó que, en las últimas tres semanas, un 50% más de camiones pesados habían circulado en las carreteras de acceso a Francia. «Noviembre y diciembre siempre son meses muy intensos, pero la causa principal es la acumulación extrema de existencias, ya que las empresas intentan traer productos a Gran Bretaña antes del 1 de enero», aseguró la fuente. Es el caso de grandes compañías como «Ikea», que ya están en dificultades porque sus productos están retenidos en la frontera a causa de esa intensidad del tráfico. El operador del túnel, Eurotunnel, aseguró por su parte que es probable que la demora en el lado británico continúe durante al menos tres semanas más.

Optimismo

La presidenta de la Comisión, que ayer asistió en Paris a los actos del aniversario de la OCDE, apareció junto al presidente francés, Emmanuel Macron, al que los sectores más nacionalistas en el Reino Unido señalan como el culpable de haber vetado anteriores posibilidades de acuerdo. Y en ese escenario tan sensible en estos momentos confirmó la alemana que en las últimas horas se ha producido «un movimiento en la posición británica» que le hacía ser más optimista. «Estamos hablando de un nuevo comienzo con viejos amigos. Estamos en la última milla por recorrer. Pero es esencial. Queremos un campo de juego equilibrado, no solo ahora sino también a largo plazo, y esto es lo que estamos construyendo». Sin embargo, Von der Leyen insistió en que la posición básica de la UE sigue siendo la misma: «Si el Reino Unido quiere un acceso sin problemas al mercado único europeo, que es el mayor del mundo, son bienvenidos, pero deben cumplir nuestras reglas», que es un enunciado que para los Británicos más fervientes partidarios del Brexit significa el inaceptable escenario de que, a pesar de haber salido de la UE, seguirán estando sometidos a la legislación europea en materia comercial.

Los expertos recuerdan que por mucho que pueda avanzar la cuestión de la adaptación a las reglas del mercado europeo, no ha habido ningún avance en el capítulo de la pesca, que es a su vez tremendamente complicado. Este miércoles el consejo de ministros de pesca que como cada año tiene que distribuir las cuotas de todas las especies, pero se encuentra con que aún no se sabe si los pesqueros europeos podrán seguir pescando en aguas británicas. De momento, los ministros han decidido que por lo que respecta a las aguas al sur del Reino Unido y en el Canal, la UE prorrogará por tres meses las cuotas del año pasado, teniendo en cuenta que los pesqueros solo podrán faenar fuera de las aguas británicas. Hay un problema mayor r la zona norte, porque habitualmente la UE negocia las cuotas con Noruega, que no es un país miembro, pero este año no está claro qué posición va a adoptar el Reino Unido, que también tiene aguas jurisdiccionales en este sector.

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