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El asesinato de Moise y la Operación Gedeón contra Maduro: semejanzas y diferencias

En Haití el comando era de extranjeros, en Venezuela el grupo de nacionales exiliados fue infiltrado

Con un año de diferencia, dos operaciones armadas –integradas cada una por una veintena de exsoldados de un país sudamericano y dos estadounidenses, partiendo en ambos casos desde Colombia– han tenido como objetivo eliminar a un presidente caribeño. El 3 y 4 de mayo de 2020, la Operación Gedeón fracasó en las costas de Venezuela, lejos del Palacio de Miraflores, residencia de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. El 7 de julio de 2021, un comando de mercenarios asesinó en la sede presidencial de Puerto Príncipe a Jovenel Moïse e hirió de gravedad a su mujer. ¿Por qué una conspiración logró cumplir su propósito y la otra no?

Sobre los sucesos en Haití siguen existiendo incógnitas importantes. Diríase, no obstante, que tuvo que darse la implicación de algún agente dentro del sistema de poder haitiano. Un haitiano adinerado con residencia intermitente en Miami y con aspiraciones presidenciales ha sido detenido en Puerto Príncipe, pero además este habría necesitado cómplices bien situados en la capital.

Aquí radicaría la clave para el distinto resultado de ambas operaciones. Mientras en Haití, posiblemente hubo una infiltración en el entorno presidencial, en Venezuela fue el régimen el que infiltró a sus hombres entre los conspiradores. En el primer caso, el objetivo podía malograrse por algún contratiempo, pero en el segundo nunca hubo posibilidad de éxito. No obstante, seguro que Maduro ha tomado buena nota de lo ocurrido en Haití.

La guardia personal de Maduro es cubana

Cuando primero Hugo Chávez y después Maduro decidieron entregar su seguridad personal a los cubanos lo que querían evitar era precisamente algo como lo sucedido en Puerto Príncipe. No solo los cubanos constituyen un anillo hermético imposible de horadar por parte de algún agente contrario a La Habana, sino que, dada una situación de ataque, su resistencia se supone que sería más eficaz que la presentada por el retén de Moise.

Algunas conjeturas apuntan a la posibilidad de que fuera la guardia presidencial, o elementos de ella, la que se encargó del magnicidio haitiano, en cuya ejecución el comando de mercenarios podía haber tenido solo una función de tapadera. Algunos mensajes previos a las familias de los 26 colombianos que participaron, la mayor parte de ellos exmilitares, junto con dos estadounidenses de origen haitiano, parecen aludir a un engaño: que fueron a una misión no secreta y de pronto se vieron implicados en una acción que no se les había explicado.

En cualquier caso, ya en febrero se produjo una situación semejante, días después de que estallaran revueltas callejeras pidiendo la dimisión de Moise. Media docena de mercenarios llegó de Estados Unidos –dos antiguos miembros de los Navy Seal, un antiguo contratista de la empresa de seguridad Blackwater y dos serbios residentes en EE.UU.– atendiendo una llamada presidencial: debían acudir al Banco Central para custodiar a un ayudante de Moise mientras realizaba una transferencia electrónica de 80 millones de dólares desde una cuenta pública relacionada con Petrocaribe (la sociedad venezolana que sirve petróleo a sus vecinos a un mínimo interés) a otra cuenta a la que solo tenía acceso el presidente. Moise justificaba la transferencia por el desacuerdo con el uso de los fondos con su entonces primer ministro.

Cuando trascendió públicamente la presencia de ese comando, sus integrantes fueron detenidos, pero enseguida lograron volver a EE.UU., donde explicaron que el propio entorno de Moise los había contratado. El presidente negó cualquier implicación, pero la rápida puesta en libertad de los hombres apunta en esa dirección (ahondando además las sospechas de corrupción con los fondos de Petrocaribe).

Nacionales infiltrados

En esos dos operativos, en febrero y ahora en julio, parece seguirse un patrón similar: alguien con cierto poder en Haití quiere hacer un trabajo sucio y encarga la operación a un comando de mercenarios extranjeros. Esa alta conexión puede explicar que los mercenarios pudieran entrar en el país sin problemas, quizás también con las armas. En febrero lo hicieron directamente desde EE.UU., y ahora en vuelos fraccionados (parte del comando desde Florida y parte haciendo la ruta Bogotá-Ciudad de Panamá-Santo Domingo-Puerto Príncipe) que probablemente buscaban cierto camuflaje, pero una vez en la capital haitiana se alojaron sin problemas en el barrio de villas donde se encuentra la residencia presidencial.

La Operación Gedeón, al no contar con ninguna conexión de poder en Venezuela, tuvo el problema de cómo penetrar en el país. Compuesto por unos 23 venezolanos y dos estadounidenses, al grupo le era complicado entrar en Venezuela sin levantar sospechas, tratándose en su mayoría de militares prófugos. De ahí que estos evitaran los puestos fronterizos e intentaran llegar en botes a puntos discretos de la costa (en Macuto y Chuao).

Infiltrados durante los preparativos, pues públicamente era conocido que militares venezolanos que habían salido de Venezuela se entrenaban en Colombia, los combatientes fueron sorprendidos incluso antes de tocar tierra: ocho de ellos murieron y 17 fueron detenidos.

Las bandas armadas se vuelven contra el régimen

Moise ha muerto cuando sus pasos políticos permitían a la oposición compararlo con Maduro, pues en 2016 había ganado unas elecciones consideradas por muchos como fraudulentas, desde hacía más de un año estaba gobernando sin el Parlamento y estaba promoviendo una nueva Constitución con la que podía aspirar a seguir teniendo el poder.

En cualquier caso, entre los rasgos parecidos de Moise y Maduro está el uso de las bandas callejeras armadas, que tanto uno como el otro han usado en momentos decisivos. En el caso venezolano, el chavismo ha utilizado a los «colectivos» para amedrentar a la oposición y confrontar las manifestaciones ciudadanas. En Haití, el asesinado presidente logró cierto pacto con la organización conocida como «G9 y Familia», que presuntamente aseguró votos para Moise y ha enfrentado algunas protestas sociales.

Pero la paz del Gobierno haitiano con la organización liderada por el pandillero Jimmy Chérizier, alias «Barbacoa», se había roto y los actos violentos en la capital, ya normalmente altos, se habían disparado las últimas semanas.

En Venezuela, Maduro se encuentra estos días en una lucha directa con varias bandas. Después de haber enviado al Ejército a combatir una de las guerrillas colombianas que antes protegía, ahora Maduro ha enviado tanques contra la banda del «Koki», que domina la zona de Caracas conocida como Cota 905; además ha ofrecido altas recompensas por varios cabecillas de colectivos.

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