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Daniel Ortega consolida su dictadura en Nicaragua

Susana Gaviña

El presidente sandinista aprueba varias leyes que restringen más libertades y la participación de candidatos opositores en las próximas elecciones, que se celebrarán en noviembre de 2021

Edgardo Pinell pasa su segunda Navidad en España. Periodista y politólogo nicaragüense, tuvo que salir huyendo de su país en 2018 tras la represión desatada contra todo aquel que criticaba al régimen de Daniel Ortega por su manera de sofocar las protestas de abril de 2018, que dejaron 328 muertos y más de un centenar de presos políticos. El Gobierno sandinista llenó entonces las calles de policías y agentes paramilitares con el fin de ahogar las demandas de los más jóvenes, que exigían el adelanto de las elecciones, previstas para noviembre de 2021. El líder sandinista se revolvió con más detenciones y nuevas leyes contra cualquier atisbo de disidencia, como la ley de manifestaciones. La ola de represión provocó la diáspora de más de 100.000 nicaragüenses.

Perseguidos, encarcelados y criminalizados por leyes que los etiquetan como «terroristas», la población nicaragüense que se echó a la calle entonces ha intentado durante más de dos años que su lucha no se diluya y las familias de los muertos siguen pidiendo justicia. Los medios de comunicación independientes también han sido víctimas de la ira del dictador que ha prohibido y confiscado a los más importantes. Y la imagen panorámica de la crisis que sufre el país la completa «la falta de independencia judicial», así como el «secuestro» de las instituciones. Sin olvidar otros graves problemas que han golpeado al país en 2020: «La Covid-19 y el hambre», señala Pinell a ABC.

Mientras tanto, la oposición política es apenas visible y con pocas posibilidades de convertirse en una alternativa ante la falta de una reforma electoral que asegure la transparencia y que los próximos comicios no se conviertan en un nuevo fraude, como sucedió en 2016. Ortega ganó con el 72,4% de los votos, en unos comicios a los que no concurrió la oposición por haber sido ilegalizada. Se alzaba con la victoria dos años después de que la Asamblea Nacional aprobara una reforma constitucional que le permitía presentarse indefinidamente a la reelección.

El periodista y politólogo nicaragüense, Edgardo Pinell

El mandatario sandinista ha mostrado durante décadas su obsesión por el poder. Tras la caída de Somoza, lideró la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional entre 1979 y 1985, año en que se convirtió en presidente. Tras perder las elecciones en 1990, recuperó la presidencia en 2007 y ha hecho lo posible por no abandonarla. En la actualidad, cumple su cuarto mandato.

Ley contra los opositores

Para seguir en el poder, la Asamblea Nacional, con mayoría sandinista, ha aprobado en las últimas semanas varias leyes restringiendo más libertades de los ciudadanos, como la Ley de Ciberdelincuencia y la de Agentes extranjeros; así como otra norma que permite inhabilitar a la oposición para las elecciones de noviembre, bautizada de forma «folclórica» como Ley de Defensa de los derechos del pueblo a la independencia, la soberanía y autodeterminación para la paz, duramente críticada por la Organización de Estados Americanos (OEA), Estados Unidos y la UE.

Pinell no puede ocultar su «preocupación» ante estas nuevas leyes, «que demuestran que Daniel Ortega ha decidido consolidar su dictadura más allá de 2021, a pesar de la simulación de las elecciones, al estilo de Venezuela», apunta. «A Ortega no le preocupa ni le importa entrar en un ciclo como el venezolano: que le desconozcan las elecciones, que le desconozcan el mandato… Ve que ese es un camino viable. ¿Qué es lo que ha pasado hasta ahora con Venezuela? Nada», cuestiona.

«A Ortega no le preocupa ni le importa entrar en un ciclo como el venezolano: que le desconozcan las elecciones, que le desconozcan el mandato… Ve que ese es un camino viable. ¿Qué es lo que ha pasado hasta ahora con Venezuela? Nada», dice Pinell

Para el periodista lo más grave es que el líder sandinista ha elevado a rango de ley un concepto político: «Los vendepatrias que denuncian a nivel internacional la represión en el país». Según dicha ley, quienes promuevan protestas o pidan sanciones internacionales contra el régimen sandinista serán considerados «golpistas», lo que les cerraría la puerta a presentarse a las elecciones. «Yo mismo al hacer estas declaraciones podría ser considerado un antipatriota», señala Pinell. Esta norma desacreditaría así a los posibles candidatos opositores. «Es una ley que inhibe, que cierra la competencia, y que dinamita uno de los pilares para unas elecciones libres, justas y transparentes».

Otro de los pilares fundamentales para que los comicios no sean una farsa es la aprobación de una reforma electoral que no termina de llegar. Si bien Bayardo Arce, asesor económico de Ortega, aseguró hace unos días que el Gobierno tenía previsto verse con la oposición en mayo para negociar este tema, Pinell no se muestra muy convencido. «No han hablado de la letra menuda, y no se sabe si van a recoger las observaciones que han hecho tanto la OEA como la UE» al respecto de esta reforma. «Yo lo dudo. No tengo muchas esperanzas, pues mayo es una fecha muy tardía».

Lo que sí tiene claro el periodista y politólogo es que 2021 es un año de «inflexión» para la democracia nicaragüense. «O rescatamos la democracia mínimamente electoral, o se consolida la dictadura». También es consciente de que la nueva ley permitirá al Gobierno de Ortega tener una competencia electoral «a su medida», pues no representa ningún riesgo «para el statu quo de mantener el poder».

Esto ha llevado a la oposición política de Nicaragua a enfrentarse «al gran dilema» que ya vivió la oposición venezolana: «Si se presentan o no a las elecciones en esas condiciones, y dar la batalla si lo hacen». El otro problema para estos candidatos será hacer campaña bajo un sistema «político militar armado» al servicio del régimen sandinista.

El modelo cubano

Muchos han visto en las últimas leyes aprobadas por Ortega una «cubanización» del régimen sandinista, que el mandatario nicaragüense «admira», según Pinell. No en vano, el mandatario recibió entrenamiento, como guerrillero, en la isla durante dos años después de salir de una cárcel de Somoza. Su inclinación hacia dicha «cubanización» sería también una consecuencia de la permisividad internacional que existe hacia el régimen castrista. «Con el discurso de la no intervención de los pueblos, Daniel Ortega apuesta por el modelo cubano, una dictadura que persiste y convive entre democracias como las europeas. Cuba se sienta en los Consejos de las Naciones Unidas, en su Consejo de Derechos Humanos…», recrimina Pinell. «Por eso Ortega no le tiene miedo a ninguna sanción europea, porque su modelo a seguir es el cubano». Una dictadura que dura ya más de 60 años «y que mantiene acuerdos con la UE. También es un país donde los españoles hacen inversiones y hacen turismo… ¿Por qué no van a aceptar también a Ortega?». Con el tiempo, cree Pinell, se terminaría normalizando la dictadura sandinista.

«Con el discurso de la no intervención de los pueblos, Daniel Ortega apuesta por el modelo cubano, una dictadura que persiste y convive entre democracias como las europeas»

Después de vivir dos años en nuestro país, el periodista, agradecido por el asilo recibido, critica, sin embargo, «la doble moral» de España y de la UE:«Nos dan refugio a los que huímos de la represión sandinista, pero también al dinero malhabido, a los testaferros de Ortega que se pasean por Europa. Eso es algo insultante para quienes estamos aquí», concluye.

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