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‘La guerra de 24 horas’, la rivalidad entre Ford y Ferrari en Le Mans evocando al puro automovilismo clásico

Está bastante claro que la oscarizada película ‘Le Mans’66’ llevó al gran público la rivalidad que enfrentó a Ford y Ferrari a mitad de la década de los 60 en las carreras de resistencia. Pero hay un documental que abordó esta confrontación unos años antes que la película, y desde un punto de visto más purista.

‘La guerra de 24 horas’ es una de esas piezas que te hacen reflexionar simplemente contando una historia, sin pretensiones descaradas de mover la opinión del espectador en una u otra dirección. Y la conclusión es clara: ¡cuánto ha cambiado el automovilismo!

‘La guerra de 24 horas’ cuenta con un elenco de protagonistas fabulosos

Lo primero que hay que destacar del documental es la fabulosa colección de personas importantes en el mundo del automovilismo a las que reúne. En ‘La guerra de 24 horas’ escuchamos a Henry Ford III, a Edsel B. Ford II y a Piero Ferrari como interesados de primera mano en la historia, pero también a un lujoso plantel de secundarios.

Campeones del mundo de Fórmula 1 como Mario Andretti o el fallecido John Surtees se codean con otros pilotos legendarios como Dan Gurney o David Hobbs y con ingenieros míticos que vivieron muy de cerca la época, como Mauro Forghieri. El documental da pábulo a ambas parte y contextualiza más allá de la memorable carrera de las 24 Horas de Le Mans de 1966.

Por ejemplo, nos detalla las negociaciones que mantuvieron directamente Henry Ford II y Enzo Ferrari para que el cavallino se uniese a los americanos, y cómo el pasional Ferrari se echó atrás en el último momento porque no aceptaba perder el control de las carreras de coches en las que participaría Ferrari, su auténtica pasión.

Se nos enseña el museo de los horrores que ‘Il Commendatore’ tenía en Maranello con todas las piezas defectuosas que provocaron una derrota de Ferrari en una carrera e incluso se nos cuenta la procedencia del famoso ‘cavallino rampante’ de la marca, manteniendo una charla con la familia del soldado italiano que dio origen al icono ferrarista.

Se sigue paso a paso el proceso de Ford para ponerse a la altura de Ferrari. No solo desde 1966, sino todo el sacrificio y las derrotas que hubo que padecer en los años anteriores para que finalmente en aquel 1966 Ford copase las tres primeras posiciones de la clasificación. ‘La guerra de 24 horas’ también llega hasta la siguiente temporada, la defensa del título que hace Ford.

Lo mejor de ‘La guerra de 24 horas’ es que se nota que quien hace las preguntas a los protagonistas sabe bastante del tema. Siempre es certero, y por eso logra sacar joyas como la estrategia desesperada que planteó Ferrari para Le Mans’66, la de tirar desde el principio para provocar averías en los Ford, y que solo terminó con un desguace de Ferrari en los arcenes.

En la parte de los debes, al documental se le puede achacar un poco más de colmillo a la hora de desgranar cómo y por qué Ford impidió que Ken Miles ganase en solitario la carrera y consiguiese acumular en un mismo año los tres grandes triunfos del mundo de la resistencia. ‘La guerra de 24 horas’ tuvo delante a los Ford, pero le dio palo preguntar.

Y también es cierto que ‘La guerra de 24 horas’ tiene un pequeño valle de interés mientras repasa todo el largo proceso que llevó a Ford a ponerse a la altura de Ferrari. Muchas carreras no demasiado bien ubicadas que solo al muy fan del automovilismo le permite saber en cada momento si ahora estamos viendo Sebring, Daytona o Le Mans.

Ford y Ferrari como ejemplo de un automovilismo que no volverá

Pero más allá de la pura pieza audiovisual, el gran valor de ‘La guerra de 24 horas’ es lo que muestra. Refleja una era en la que el automovilismo era radicalmente diferente al que conocemos. En el que darle la vuelta a una situación adversa mecánicamente era posible, y en el que la libertad técnica y la innovación estaban a la orden del día.

De hecho, otro de los momento más torticeros del documental es cuando, en su final, ‘La guerra de 24 horas’ visita el presente para presentarnos otra batalla por la victoria entre Ferrari y Ford en Le Mans, sin explicarnos que esa es la tercera categoría y que por delante hay un Porsche que va medio minuto más rápido por vuelta y les ha doblado por enésima vez.

‘La guerra de 24 horas’ evoca un automovilismo que ya no existe, y que probablemente no volverá. Aquel en el que existían las estrategias y en el que los coches se averiaban. En el que las mejoras no era una pequeña modificación en una aleta del alerón delantero, sino un nuevo motor o un chasis más ligero. Un automovilismo en el que Ferrari ponía a un chaval de 26 años al frente.

El mundo ha cambiado mucho y el automovilismo con él. Ahora un piloto no tiene que elegir si abrocharse el cinturón o no en función de si es más probable que sufra un accidente o un incendio, y eso es bueno. Pero por el camino las carreras de coches se han acartonado por la burocracia y los intereses de los que mandan. ‘La guerra de 24 horas’ viene a recordarnos que hubo otra época que, en algunas cosas, fue mejor.

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