Literatura

Walter Benjamin y Ezra Pound, espejos antagónicos para mirar al abismo del siglo XX

Espejos
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Javier Villuendas – ABC

El año 1939 se inauguró «con aparente ligereza» para el filósofo berlinés y judío Walter Benjamin. Por carta, el 10 de enero, Gretel Adorno le preguntó: «¿Podrías, por favor, mandarme una buena receta de mousse de chocolate?». Sin embargo, nada sería ya dulce para él. Y así, subrayado el contraste ante la gravedad de los acontecimientos venideros, comienza el tercer volumen del ‘Manifiesto incierto‘, Himalaya artístico de Frédéric Pajak, titulado: ‘La muerte de Walter Benjamin y la jaula de Ezra Pound‘, que acaba de publicar en nuestro país ‘Errata Naturae‘.

Compuesto este manifiesto en su totalidad por nueve tomos, bajo el original formato de texto más dibujo que ya ejercitara en ‘

 La inmensa soledad‘, ensayo gráfico con Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese «huérfanos bajo del cielo de Turín», el autor suizo pone el foco ahora sobre las vivencias y tragedias de Benjamin y Pound, en un juego de espejos reflectantes en donde abismarnos, de una nueva manera más, ante las trágicas consecuencias del fanatismo en el siglo XX.

Pajak es un mago de la cita y de la intensidad, y a través de los relatos del intelectual alemán y el poeta fascista durante la IIGM intercala sus propias postales autobiográficas cargadas de melancolía y conflicto; de hecho, este descendiente de pintores autodefinido como «lector que escribe y dibuja» considera que «como mejor vemos es a través de la mirada de los demás», porque «nuestra mirada no es suficiente, es esencial confrontarla». Los artistas o pensadores a los que escoge biografiar son su juventud, a la que vuelve décadas después para que miremos como mira su propio presente, cargado de fuego y tristeza.

La gresca con un hombre de negocios en Marsella, al que acaba de conocer escuchando las canciones de Michel Sardou en una bar depresivo-turístico, incluye estas ‘simpáticas’ palabras de Pajak a su interlocutor: «Mira, me mata la lástima que siento por ti y por todos los demás. Has fracasado en todo, Gérard. Salvo por la pasta, claro. Eres malo. Eres cínico. Eres cobarde. Pero algo en el centro del ombligo que te tapa la cara se ha roto. Si yo fuera Jesucristo, te diría que estás salvado. Pero preferiría ser el Anticristo para anunciar tu desgracia».

Pajak, por Pajak
Pajak, por Pajak – ABC

El incierto ensayista fue a Marsella a pintar sus calles siguiendo los pasos de Benjamin, que en 1940 estuvo allí, angustiado y sin papeles, con la sola idea de huir de la Gestapo atravesando clandestinamente los Pirineos tras estallar la Segunda Guerra Mundial. La reconstrucción de los últimos meses del autor de ‘Sobre el concepto de la historia‘, escrito poco antes de su suicidio en Portbou (España), también recoge su traslado previo a un ‘campo para trabajadores voluntarios’ en Nevers y corre en paralelo, aunque a destiempo, con la también errabunda figura de Pound, del que su colega Williams Carlos Williams dijo: «Este hombre este acabado a menos que consiga eliminar la niebla del fascismo de su cerebro, cosa que dudo. No se puede despejar a base de argumentos la masacre gratuita de mujeres y niños inocentes invocando la neoescolástica de un programa económico controlado».

El poder evocador de las líneas biográficas trazadas nace del punto de fuga sin escapatoria que fue la peor parte del siglo XX, aka jaula sangrienta. Y Pajak las lanza como estelas alejadísimas: el afamado poeta estadounidense vagando por el Viejo Continente en busca de su puesto como Confucio del fascismo (siendo rechazado por Mussolini por perturbado) mientras Benjamin trata de escapar del lugar en el mundo que le adjudica «Hitler Sociedad Limitada». La guerra acaba sin remedio para ambos, pero en dos puntos del eje sensiblemente diferentes: uno muerto, y otro en un psiquiátrico.

 

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