Literatura

«Tengo hambre en los ojos»: Por qué ‘Colombine’ fue pionera en el periodismo español

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Renacimiento recupera ‘Peregrinaciones. Mis viajes por Europa’, una crónica de los viajes que Carmen de Burgos hizo hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial

Carmen de Burgos, ‘Colombine’, (Almería, 1867; Madrid, 1932) no fue la primera periodista profesional en España, pues antes que ella ya se habían inscrito otras cuatro en la Asociación de la Prensa de Madrid, pero sí se la tiene como tal. Ella, desde luego, presumía de serlo, también de ser la primera corresponsal de guerra. Razones tenía: ninguna otra mujer tuvo en su época, a inicios del siglo XX, una presencia tan poderosa en los periódicos. Cabeceras como ABC, ‘Diario Universal’, ‘La correspondencia de España’ o ‘El Heraldo de Madrid’, que la envió a Melilla tras el desastre del Rif, se disputaron la firma de una autora que hizo marca de su vocación feminista y su afán viajero.

 

Hija de José de Burgos Cañizares, vicecónsul de Portugal en Almería, se casó a los dieciséis años con un periodista local que heredó de su padre una imprenta y dos cabeceras. Con él tuvo cuatro hijos, de los que solo sobrevivió María Álvarez de Burgos, a quien solía llevarse en sus viajes y que con el tiempo se convertiría en una actriz más o menos popular. Pero esto llegaría después de 1899, cuando Carmen de Burgos se decidió a su marido, que la maltrataba. Con el nuevo siglo y liberada del yugo conyugal, se sacó una plaza de profesora y trató de desarrollar su faceta periodística.

Fue en su columna ‘Lecturas para mujeres’, del ‘Diario Universal’, donde en 1903 superó el encargo de escribir artículos ligeros femeninos para pasar a ocuparse de las reivindicaciones feministas. A ‘Colombine’, como la bautizó el director de la publicación, no le interesaba ocuparse de recetas de cocina y sí de cuestiones como el divorcio, tema sobre el que planteó una encuesta entre los lectores. Al tiempo que se la empezaba a conocer por su carácter guerrero, comenzó a viajar por Europa gracias a una beca. Italia, Francia, Suiza, Inglaterra y Portugal fueron sus primeros destinos. «Tengo hambre en los ojos. Hambre de mirar», decía.

‘Peregrinaciones. Mis viajes por Europa’ recoge los viajes que ‘Colombine’ hizo desde el verano de 1914 por Suiza, Dinamarca, Suecia, Noruega, Alemania, Inglaterra y Portugal

Plasmó su experiencia en ‘Por Europa (1905), el primero de sus libros de viajes. A este le siguieron otros como ‘Mis viajes por Europa’ (1917) y ‘Cartas sin destinatario’ (1918). Pese a su veta feminista y su larga lista de obras publicadas, que incluyen un centenar de narraciones cortas y una decena de novelas largas, amén de otro puñado de ensayos, biografías y estudios literarios, «el tema capital en la narrativa de Carmen de Burgos es los espacios y los viajes», apunta la filóloga Concepción Núñez Rey. «El deseo de los viajes es insaciable en Carmen», dejó dicho Ramón Gómez de la Serna, con quien ‘Colombine’ un largo romance. Carmen siempre decía: «Hay que viajar, hay que viajar».

El volumen ‘Peregrinaciones. Mis viajes por Europa’, recuperado por Núñez Rey para Renacimiento, recoge los viajes que ‘Colombine’ hizo desde el verano de 1914 por Suiza, Dinamarca, Suecia, Noruega, Alemania, Inglaterra y Portugal. «El recorrido ideado se iniciaba en Suiza y acababa en Rusia, de regreso de Cabo Norte, pero el estallido de la guerra trastornó ese regreso, de modo que se convirtió en dos viajes: uno recorrió el paraíso en el camino de ida, y el otro atravesó el infierno de vuelta. De todo ello nos dejó Carmen de Burgos abundante documentación en las crónicas que envió a ‘Heraldo de Madrid’, hechas de observación, de noticia cultural, y que aparecieron con una periodicidad de varios días a lo largo del verano», señala Núñez Rey en la introducción de ‘Peregrinaciones’.

Viajar fue la gran pasión de Carmen de Burgos. Países Bajos, Argentina, Cuba, México, Bolivia, o Chile fueron otros de sus destinos. El estallido de la Primera Guerra Mundial la pilló de regreso a Bergen (Noruega), y llegó a ver amenazada su seguridad. De camino a Rostock (Alemania), la acusaron de ser una espía rusa: «La multitud se agrupa en torno mío; se alzan bastones; una mano me arranca el velo, y otra se lleva mi sombrero; mi hija llora, tendiéndome los brazos desde el vagón; hago un esfuerzo supremo y logro subir en el estribo». A otros, por la sola sospecha de ser espías, los habían fusilado.

«Es preciso ver Portugal para completar el paisaje total de nuestra península; para completar el alma nacional hay que atender a esta visión tan armónica y tan complementaria»

 

Camino de Hamburgo la volvieron a interrogar después de que unos soldados la obligaran a bajar del tren apuntándola con sus bayonetas. «Me indigno tanto al responder que el oficial me dice: —Verdaderamente, tiene usted espíritu de hombre esforzado. Y yo, tocada ya de sus bravatas, le contesto con orgullo: —Soy española», escribió. «Las gentes, que quizás habían abrigado el deseo humanitario de vernos fusilar, vuelven a sus sitios defraudadas, y nos miran con algo de rencor». En esta reedición de las crónicas viajeras de ‘Colombine’ están sus colaboraciones con el ‘Heraldo’ y otras que aparecieron en ‘La Esfera’, y también textos que depuró y agavilló con fragmentos inéditos.

Parte importante de ‘Peregrinaciones’ son los textos sobre Portugal, «el verdadero descubrimiento de este libro de Carmen y más que del libro, de sus confidencias íntimas», anota Gómez de la Serna en el epílogo. «Generalmente los españoles que van a Portugal conocen solo sus playas. Se fija poco la atención en todo lo importante y digno de estudio que tiene la nación portuguesa –escribió Carmen de Burgos–. Es preciso ver Portugal para completar el paisaje total de nuestra península; para completar el alma nacional hay que atender a esta visión tan armónica y tan complementaria, que nos hace amar la península entera de una manera más fundamental y amplia, en un cuadro más perfecto».

«Encarnó un modelo de actitud que numerosas mujeres necesitadas de liderazgo asumieron como propio y que muchos hombres admiraron»

 

Carmen de Burgos quiso ser una ‘mujer moderna’, título de un libro de ensayos en el que recogió sus aportaciones a la causa feminista. «La palabra feminismo está llamada a dejar de usarse bien pronto, sin necesidad de buscar ninguna que la sustituya, como sucede con la palabra masculinismo. Lograda la justicia para regirse las dos mitades del género humano, no habrá necesidad de hacer esa distinción, que ha obligado a buscar una palabra que represente la vindicación de la mujer».

En ‘La malcasada’, una novela autobiográfica, dio cuenta de su matrimonio fallido y su hambre de libertad, aunque con Gómez de la Serna volvió a vivir otro desengaño cuando el autor de las greguerías tuvo una aventura con la hija de ‘Colombine’. Blanca Bravo Cela, biógrafa de Carmen de Burgos, define a la periodista pionera como una precursora: «Viajó, pronunció conferencias y escribió pensando siempre en la mejora de la situación de la mujer. […] Encarnó un modelo de actitud que numerosas mujeres necesitadas de liderazgo asumieron como propio y que muchos hombres admiraron».

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