Literatura

Racismo, violencia y «omertá»: así fue la infiltración de Valentin Gendrot en la policía francesa

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BARCELONA. 29/01/2021. ENTREVISTA A VALENTIN GENDROT.ESCRITOR FRANCES. FOTOS PEP DALMAU. ARCHDC
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David MoránABC

El periodista francés publica «Poli», crónica de los dos años que pasó trabajando de incógnito en la gendarmería francesa

«La solidaridad entre polis dicta que lo que pasa en el furgón se queda en el furgón», leemos. Otra cosa, claro, es que uno de esos agentes sea en realidad un periodista; un reportero infiltrado precisamente para sacar a la luz «lo que se queda en el furgón». Así que ahí está Valentin Gendron, un treintañero especializado en camuflarse en empresas como Toyota o Lidl en busca de reportajes, tensando la mandíbula mientras uno de sus colegas de patrulla le atiza un guantazo a un «bastardo». «Es un tío enclenque, seguramente no sea nadie importante. Vamos, un bastardo de pacotilla», escribe Gendrot. Bastardo, añade el periodista, es la palabra que utilizan algunos agentes para referirse a negros y árabes.

«Solo llevo dos semanas con el uniforme de policía y ya soy cómplice de una paliza a un joven inmigrante», anota en las primeras páginas de «Poli» (Principal de los Libros), afilado y punzante crónica en la que Gendrot relata dos años de infiltración en la gendarmería francesa.

El periodista, un «jubilado de la policía nacional», tal y como se presenta ahora con sorna, accedió al cuerpo por la vía del ADS (adjunto de seguridad o auxiliar de policía), una suerte de puesto de «policía low cost» con solo tres meses de formación y unas pruebas de acceso tirando a elementales (lectura, escritura, cálculo y resistencia física). Una vía rápida tras la que se puede esposar, cachear y participar en un interrogatorio, pero no redactar actas. Eso sí: lucen uniforme y arma reglamentaria. «Mi plan de vuelo eran tres meses de escuela y seis meses en la comisaría para hacer un reportaje sobre la vida cotidiana de un policía -explica el periodista francés a su paso por BCNegra-, pero a los seis meses previstos tuve que añadirle otros quince más en un hospital psiquiátrico». Una guardia que se le hizo eterna -»el primer día en el psiquiátrico dije: ‘no voy a aguantar,es demasiado tiempo’», confiesa – pero tras la que fue a parar, por fin, a la comisaría del distrito 19 de París. «En un principio el infiltrado era yo, pero al cabo de unos meses fue la policía la que se infiltró en mí», relativiza.

Ahí descubrió violencia policial y racismo, sí, pero también precariedad extrema, agentes sin medios y con formación escasa y una alarmante tasa de suicidios, un 36% más alta que la del resto de la población. Un cóctel que, apunta, favorece «la tensión y el bajo de nivel de confianza». «De los 32 policías con los que trabajé, solo cinco o seis tenían un comportamiento violento o racista -matiza Gendrot-. El problema es que el resto, la mayoría, calla. Hay una una ‘omertá’». Gendrot sabe bien de lo que habla: él mismo, explica, dio falso testimonio para encubrir a otro agente que había agredido a un joven. «Fue un momento muy difícil de la infiltración, como atravesar una tormenta», apunta.

Ante la duda de si callar y seguir con la infiltración o denunciar los hechos, el periodista optó por lo primero. «Puede sonar paradójico, pero estoy aquí precisamente para contar este tipo de situaciones. Encubrir este caso de abuso podría permitirme denunciar cientos de ellos», escribe en el libro. Ahora, una vez publicado, la Inspección General de la Policía Nacional ha abierto una investigación sobre el caso. «He cambiado la primera declaración. La ‘policía de los policías’ me hizo una audiencia de cuatro horas en la que conté lo que vi realmente», explica.

Fue una de las consecuencias de un libro que causó gran revuelo tras aparecer en las librerías francesas el pasado verano pero cuyo impacto real está aún por ver. «En Francia se habla mucho, pero a la hora de pasar a lo concreto, a las acciones, todo cuesta más», reconoce.

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