Literatura

Niklas Natt och Dag: «Por respeto a su gravedad, la violencia debe ser desagradable, no un entretenimiento»

Niklas Natt
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David Moran – ABC

Por un puñado de cuerpos desmembrados y el retrato escorzado de una ciudad de Estocolmo a la que se la comían el tifus y la roña, el sueco Niklas Natt och Dag (1979) se convirtió hace un par de años en el gran fenómeno literario de la temporada, subsección thriller histórico y macabro. Un estreno fulgurante que, sin embargo, nació acomplejado y con la moral por los suelos después de que prácticamente todos los editores de Suecia rechazasen el primer manuscrito de ‘1973’. «Cuando se publicó tenía unas expectativas muy moderadas, igual que el editor. En ningún momento imaginé que podía haber demanda de una segunda parte», reconoce el autor ahora que ‘1794’ (Salamandra), segunda entrega de su trilogía

sobre ese siglo XVIII brutal y monstruoso, acaba de llegar a las librerías.

De imaginarlo, quizá no se hubiese dado tanta prisa en liquidar Cecil Winge, carismático abogado-investigador que desaparece en ‘1793’ carcomido por la tisis y dejando huérfano a su socio y compinche, un veterano de guerra mutilado y alcoholizado llamado Mickel Cardell. «Me cargué al protagonista principal, así que tenía que resolver ese problema», relativiza Natt och Da, para quien lo que podría haber sido un inconveniente mayúsculo ha acabado por convertirse en una bendición. «Estoy contento de haberlo matado, ya que me obligó a buscar ideas poco convencionales. De haber sobrevivido, esta segunda novela habría sido otro caso resuelto por los dos. Y luego otro en la tercera. Y así hasta convertirse en una serie que se habría alargado hasta el aburrimiento», explica.

Esclavismo a la sueca

En vez de eso, el autor sueco ha tirado de imaginación para volver a hincar el colmillo en la historia de su país y levantar las pesadas alfombras palaciegas bajo las que se esconden pecados poco conocidos como el pasado esclavista de Suecia. «Dado que tenemos una imagen de nación muy progresista, es un recuerdo bastante doloroso el haber participado en el comercio de esclavos», apunta el autor en referencia a San Bartolomé, la única colonia sueca en el Caribe y el mayor mercado de esclavos a finales del siglo XVIII. «No es un tema que se haya tratado mucho en la ficción, lo que me ha brindado la oportunidad de sacar a luz detalles muy escabrosos y duros, como los castigos a los que se sometía a los esclavos», añade sobre uno de los escenarios en los que se desarrolla ‘1794’.

El otro sigue siendo, cómo no, un Estocolmo putrefacto y atroz; una ciudad capaz de sacar lo peor del ser humano y alumbrar crímenes como el que deberá resolver Cardell, reclutado aquí por una madre cuya hija ha sido salvajemente asesinada en su noche de bodas. Un joven aristócrata recién llegado de San Bartolomé, el hermano pequeño de Cecil Winge y un inquietante coro de granujas, lunáticos y borrachos completan el reparto de este segundo asalto de Natt och Dag al «globo de autoconfianza» de la sociedad sueca. «Crecí convencido de que Suecia era el mejor país del mundo, sobre todo que éramos los mejores en ser buenas personas, pero somos iguales que todos los demás. Cuando nuestra sociedad se enfrenta a cualquier desafío sale a flote todo lo malo», reflexiona. Y en una época de ruina y devastación y con las heridas de la guerra rusa abiertas y purulentas, los desafíos debían ser mayúsculos.

Pornografía de la violencia

 

«En realidad, he sido más amable que otra cosa con el siglo XVIII», sostiene cuando sale a colación su tendencia al detalle escabroso y a la violencia desgarrada. «Por respeto a la gravedad de la violencia, esta debe ser desagradable y no crear entretenimiento. Si lo piensas, es impresionante la cantidad de asesinatos que consumimos al día como entretenimiento. Yo quería tratarla con seriedad, así que espero no haber cruzado la línea de la pornografía de la violencia», reflexiona. Otra cosa, añade, es que ese asomarse a la maldad y al sadismo desde la literatura no sea más que una suerte mecanismo de autodefensa. Una coraza tras las que fortificarse. «No creo que la violencia en la ficción fuese tan generalizada si no nos estimulara de algún modo. Igual que leer tanta literatura de terror fue una salida para mis miedos infantiles, escribir de cosas tan terribles me sirve de escapatoria», apunta.

Tampoco hay que descartar que a Natt och Dag, descendiente de una de las dinastías más longevas de la nobleza sueca, la afición por el escorzo y el claroscuro le venga de serie -«somos famosos por un asesinato que se realizó con un hacha en el siglo XV», informa-, por lo que es solo cuestión de tiempo que se siente a escribir la historia del clan familiar. De hecho, eso será lo que haga en cuanto termine ‘1795’, despedida y cierre de la trilogía. «No voy a escribir algo para glorificar a mi familia, ya que formamos parte de los opresores de la sociedad feudal. Nos caímos de la historia a finales del siglo XVII, cuando perdimos nuestra fortuna, pero hasta entonces fue una de las familias más poderosas de todo el reino. Pienso en épica histórica, en Hilary Mantel, ‘Juego de Tronos’… Un gran desafío, sin duda. De todas maneras, ya veremos, porque cuando investigas la historia te acaba dando ideas mejores», relata antes de aventurar que su saga familiar «se distanciará un poco del género negro».

Ahí seguirán, sin embargo, los rincones oscuros de un autor que reconoce no tener demasiadas esperanzas ni el ser humano ni en su capacidad para manejarse en el futuro. «Viendo lo terrible que fue el siglo XVIII en Suecia, uno pensaría que hemos aprendido algo, pero al ver cómo avanza la historia, ¿qué tenemos? Guerras, la industrialización, la Primera Guerra Mundial, una Segunda Guerra Mundial… Sólo con la invención de la bomba atómica la gente empezó a calmarse un poco. Y ahora que están desapareciendo los recuerdos de quienes participaron en le Segunda Guerra Mundial, parece que podemos volver a caer en el mismo ciclo de violencia», expone. De ahí que, asegura, los rayos de sol que se cuelan en sus libros puntúen doble. «Espero que las pequeñas briznas de esperanza de mis libros sean más valiosas por el hecho de producirse en un mundo tan oscuro», zanja.

 

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