Literatura

Mikel Santiago, suspense y rock and roll en un Cabot Cove a la vasca

El autor vasco regresa con ‘En plena noche’, nuevo thriller ambientado en la población ficticia de Illumbe

No hace ni un año, cuando estaba en plena promoción de la que entonces era su última novela, el escritor Mikel Santiago (Portugalete, 1975) supo que iba a ser padre de mellizas. «Al día siguiente abrí un folio en blanco y me dije: ‘tengo que escribir una novela de aquí a enero, porque van a nacer y mi vida va a acabar’», bromea ahora el escritor vasco. Dicho y hecho, para enero tenía listo el borrador de lo que sería ‘En plena noche’ (Ediciones B), su sexta novela.

«La terminé, te lo juro, entre contracciones», añade sobre una obra con la que, además de regresar al pueblo ficticio de Illumbe, escenario de ‘El mentiroso’ y tablero de juego sobre

el que quiere seguir desplegando sus historias, retuerce un poco más el suspense y el misterio para hacerle sitio a otra de sus grandes pasiones: el rock and roll. «Esta idea venía rondándome por la cabeza desde hace años. Siempre fui un músico de bar, y tenía muchísimas anécdotas e ideas para crear personajes», explica.

Porque, en efecto, antes que novelista de éxito y maestro del suspense, el autor de ‘El último verano en Tremore Beach’ fue músico de carretera y manta; de Telecaster al hombro y altavoces zumbando en villorrios remotos y locales a medio iluminar. «Celos, mosqueos, egos heridos, enamoramientos, tensiones… Cualquiera que haya estado en una banda sabe de qué va la cosa», apunta Santiago. Sólo faltaba transplantar todo ese microcosmos musical en una trama que encadenase a velocidad de punk-rock espídico un traumático secuestro, muertes nada casuales, una oportuna (y recurrente) amnesia y la siempre sugerente épica del retornado. Ya saben: toda esa gente que salió del pueblo pero, ay, no logró sacudirse el pueblo de encima.

Días de gloria

Diego León, antiguo cantante de Deabruak convertido en astro pop, es uno de ellos. «Es un tipo herido, está tocado en la base», detalla Santiago. Un tipo que para curarse, o por lo menos intentarlo, deberá reencontrarse con sus antiguos compañeros de banda y regresar a ese pueblo del que salió huyendo años atrás entre acusaciones, miradas suspicaces y juramentos de odio eterno. «El tema es el paso del tiempo, en lo que te puedes convertir y cómo cambia tu vida. Es lo que le pasa a los Deabruak: pensaban que se iban a ir a grabar un disco a Madrid y en vez de eso su vida se convierte en un infierno», relata Santiago. El infierno, para más señas, tiene que ver con la desaparición de Lorea, novia de Diego León, y con cómo aquel suceso sin resolver abrió en canal a los habitantes de Illumbe.

Obviando la parte oscura y siniestra, ‘En plena noche’ tiene mucho que ver con la banda en la que el autor vasco tocaba a principios de la década pasada y que, dice, también estuvo a las puertas de gran salto que finalmente no fue. «En parte, la novela surge de la ensoñación del qué hubiese pasado», explica. De ahí que uno de los libros que le ha marcado el ritmo, confiesa, sea la autobiografía que Bruce Springsteen publicó hace unos años. «Te das cuenta de que su vida era mucho más divertida cuando no se comía un colín. Luego todo se convierte en un oficio», apunta.

El de Nueva Jersey sirve también con ‘Glory Days’ una de las dos canciones que resonaban con mayor intensidad en la cabeza de Santiago mientras escribía la novela. La otra, ‘¡Chas! Y aparezco a tu lado’, de Alex y Christina, aporta el contrapunto inquietante –«la letra siempre me ha parecido de terror», reconoce Santiago– a una novela con la que el autor vasco se asienta aún más en el suspense y el thriller. «Estoy muy cómodo en la fantasía y lo paranormal, pero creo que el pacto que tengo ahora con los lectores tiene más que ver con estas historias a la negra. Igual es porque hay poco hábito de género y, en cambio, hay más hábito de negra. Lo cierto es que, si te quieres dedicar a esto, has de tener cierto tacto con lo que se recepciona mejor», explica.

Y todo, de momento, sin salir de Illumbe, su Castle Rock particular y un Cabot Cove a la vasca. “Es mi pueblo de la señorita Fletcher pero en Euskadi y con una densidad de crímenes superior a Tegucigalpa”, bromea.

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