Literatura

La admiración de Bukowski por Fante: «Fue para mí como un dios»

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PARIS - SEPTEMBER 21: American writer and poet Charles Bukowski appears on talk show "Apostrophes" on September 21, 1978 in Paris,France. (Photo by Ulf Andersen/Getty Images)
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Jaime G. MoraABC

El autor de ‘La máquina de follar’ dijo que fue gracias a la novela ‘Pregúntale al polvo’ como encontró su sitio

Pese a que con la firma de Charles Bukowski (Alemania, 1920; Estados Unidos, 1994) se cuentan más de sesenta títulos entre poemarios, cuentos, novelas o fragmentos de sus diarios, aún quedan por publicar más de dos mil páginas de su correspondencia. El autor de ‘La máquina de follar’ se pasaba horas y horas delante de la máquina de escribir, muchas veces de noche terminándose una botella de whisky. «Si no siento el rugido de las palabras en mi interior es como si estuviera muerto, así que de momento acudo a aquello que me ayuda a que pase (la botella) (la multitud). En el futuro a lo mejor me da igual», decía.

En ‘La enfermedad de escribir’ (Anagrama, 2021), Abel Debritto ha recogido aquellas cartas en las que Bukowski vomitaba sobre el oficio del escritor. Son cartas a sus editores y amigos en las que dispara contra los escritores y poetas que triunfaban en el momento. «Nunca me han gustado los de letras, ni ahora ni entonces. Bebo con mis caseros; bebo con expresidiarios, locos, fascistas, anarquistas, ladrones, pero me mantengo bien lejos de los escritores. Joder, no hacen más que quejarse, cotillear, lloriquear y vivir del cuento», dijo en una de las misivas.

Como señala Debritto en el epílogo del libro, es Bukowski en estado puro: «Crudo, agudo y emotivo a partes iguales, dando lo mejor de sí sin dejar títere con cabeza». Pero este tono faltón, aunque sincero y probablemente acertado, desaparece cuando los remitentes son colegas escritores a los que admira. En las cartas a Henry Miller o John Fante, el tono es mucho más moderado, «forzado e incluso artificioso», apunta Debritto, «como si estuviera avergonzado y no quisiera importunarles». Miller y Fante eran dos escritores a los que admiraba profundamente, especialmente el segundo, de quien llegó a decir que le salvó la vida.

«Gracias por la excelente carta. Recibir una carta tuya me produce un sentimiento de lo más extraño –le escribió Bukowski a Fante en 1979–. Han pasado décadas desde que leyera por primera vez ‘Pregúntale al polvo’. Martin me envió fotocopias de la novela, he comenzado a leerla de nuevo y es tan buena como la recordaba. Es mi novela favorita junto ‘Crimen y castigo’, de Dos, y ‘Viaje…’, de Céline». Y sigue: «Tus libros me ayudaron, me hicieron creer que es posible escribir y dejar que las emociones salgan a flote. Nadie lo ha hecho tan bien como tú. Voy a leer el libro a poco para saborearlo, y espero escribir un prólogo que esté a la altura. […] Sin duda alguna eres el número uno».

En otra carta, enviada unos meses después, Bukowski volvió a lisonjear a Fante: «No sé de dónde has sacado el talento, pero los dioses te dieron de sobra. Para mí has sido, y eres, más importante que cualquier otro hombre vivo o muerto. Tenía que decírtelo. Ahora vuelvo a sonreír un poco. Gracias, Arturo [Bandini]». Arturo Bandini era el álter ego que John Fante se inventó para la saga que integran las novelas ‘Espera a la primavera, Bandini, ‘Pregúntale al polvo’, ‘Sueños de Bunker Hill’ y ‘Camino de Los Ángeles’.

Bukowski siempre decía que la mayor parte de la literatura que se publicaba no le decía nada: «Paso las páginas y nada, solo mariposas, mariposas casi sin vida». Y esta fue la idea que resaltó en el prólogo de ‘Pregúntale al polvo’: «Cogía de las estanterías un libro tras otro. ¿Por qué nadie decía nada? ¿Por qué no alzaba nadie la voz por encima de los demás?». Hasta que un día, por azar, se topó con el libro de Fante y se produjo el descubrimiento:

«Las líneas se encadenaban con soltura a lo largo de las páginas, la sensación de que allí se había esculpido algo. He ahí, por fin, un hombre que no se asustaba de los sentimientos. El humor y el sufrimiento se entremezclaban con sencillez soberbia. Comenzar a leer aquel libro fue para mí un milagro tan fenomenal como imprevisto. […] Sí, Fante tuvo sobre mí un efecto poderoso. Poco después de leer […] conviví con con una mujer. Estaba más alcoholizada que yo y sosteníamos peleas violentas y a menudo le gritaba: «¡No me llames hijo de puta! ¡Yo soy Bandini, Arturo Bandini!».

«Fante fue para mí como un dios», concluye Bukowski en el prólogo de la novela, y ‘Pregúntale al polvo’ su «primer encuentro con la magia».

 

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