Literatura

Jiménez Losantos: «Pablo Iglesias descubrirá cosas que no sabe de su padre en mi libro»

Jesús García Calero

En «La vuelta del comunismo», su nuevo libro, vincula a Podemos con el Frente Popular y el FRAP a través de la vida del padre y el abuelo de Pablo Iglesias.

La mesa del despacho de Federico Jiménez Losantos (Orihuela del Tremedal, Teruel , 1951) está invadida por docenas de libros estos días. Ocupan todo el espacio, no dejan ver ni un centímetro del tablero. También hay una mesa supletoria que se encuentra en las mismas condiciones, abarrotada de libros muy usados. «Es parte de la bibliografía utilizada en mi nuevo libro –explica–, porque lo que está en el Kindle no se puede extender aquí». Acaba de publicar «La vuelta del comunismo» (Espasa), un ensayo más que jugoso sobre cómo fue posible el retorno al Gobierno de España de la ideología que, señala, cayó derrotada en la Guerra Civil. En él cuenta «el verdadero final de la guerra», en referencia

al golpe de Casado y la feroz lucha de todos contra los comunistas en las calles de Madrid en marzo de 1939 y traza los vínculos con el presente a través del ascenso de Podemos y su llegada al gobierno de Sánchez.

«Los socialistas ya no creen en la legitimidad del PSOE, creen en la del Frente Popular de 1936 y por eso en la izquierda triunfa el relato comunista»

Coge un libro de la mesa, casi al azar: «La Revolución española», está dedicado por su autor, Burnett Bolloten, el británico «que vivió en directo la represión comunista dentro del bando republicano. Se dio cuenta de que mataban a quien querían y encima echaban la culpa al muerto. Dedicó toda su vida al estudio de la Guerra Civil».

—¿Por qué escribir esto después de Memoria del Comunismo?

—Lo entrego tres años después de publicar el otro. Porque yo nunca pensé que volvieran al Gobierno. El subtítulo era «de Lenin a Podemos». Estudio por qué es comunista Iglesias, cuál es su fuerza (la relación que tiene con el separatismo). Pero no creí que, además, iba a entrar en el Gobierno así. Perdiendo la mitad de votos, con un PSOE también en caída electoral, y con Pablo Iglesias como vicepresidente con cinco ministros y marcando la política del Gobierno.

—Distingue dos Partidos Socialistas, ya en la guerra.

—No todo el PSOE fue siempre abyecto. Cuento cómo termina la guerra en Madrid, con la rebelión de socialistas, anarquistas y todos contra los comunistas, a tiro limpio, ocho días de guerra en las calles. Nunca ha habido una película, y mira que se hacen películas sobre la Guerra Civil en el cine español. Cómo luchan en Manuel Becerra, Serrano, Bulevares. No se ha contado porque es el relato anticomunista de la guerra. Todos se unen porque no quieren que Madrid sea una carnicería por conveniencia de Stalin.

—¿Por qué se ha borrado?

—Porque la legitimidad de la II República es la comunista, que es asombroso. Franco no entra a tiro limpio. Son los socialistas y anarquistas los que pelean para que entre como entró. No hubo una fechoría en la calle, ni una violación, después de una guerra. Funciona el gas, la luz, todo. Y eso no se cuenta. Jamás pasó en París o en Roma algo parecido. No fue un milagro, es que la guerra no acabó como acabó. Igual que no nos dicen cómo empezó.

—Sostiene que no fue contra el fascismo sino contra el comunismo.

—El golpe de izquierdas de 1934 fracasa y la derecha hace lo mismo que está haciendo ahora en Cataluña. Ni los jueces condenan como tenían que haber condenado con 1.400 muertos.

—¿Qué los ha traído de vuelta?

—Es un problema de legitimidad. Los socialistas no creen en la legitimidad del PSOE, creen en la del Frente Popular de 1936 y triunfa el relato comunista. Cuento cómo al presidente del FRAP, Álvarez del Vayo, y a Negrín los expulsan del PSOE con el golpe de Casado que se hace para evitar el de Negrín. El FRAP es el único grupo comunista con la ETA que quiere continuar la guerra civil, no aceptó la democracia. Zapatero los rehabilitó. Tenemos un aventurero como Sánchez que lo fía todo a esa izquierda.

—¿Se lo han puesto demasiado fácil?

—La oposición está fragmentada, como la venezolana. El discurso de Casado contra Vox es lo mejor que le ha pasado al Gobierno desde lo de la «ensoñación» en la sentencia de Marchena. Lo triste es que la oposición cree que habrá elecciones dentro de tres años y volverá al poder porque se habrán desgastado. Los comunistas no se van del poder, los echas si puedes, como demuestra la historia de España. La derecha ha renunciado a mirar la historia y combatir el relato de la extrema izquierda. Incluso no ha hecho nada cuando profanaron la tumba de Franco, que representa la «media España» que trajo la democracia. El proyecto es liquidar el régimen de Monarquía Constitucional.

—¿Y la sociedad civil?

—Desde hace treinta años los niños ven series donde la propiedad es mala. El rico es malo. Los valores tradicionales, esfuerzo, ahorro, respeto…

—¿La derecha abandonó el relato y la izquierda los símbolos de España?

—Claro. Desde Mariano Rajoy ya no hay relato. Los comunistas siempre están en guerra. Pablo Iglesias dijo que en circunstancias normales no llegarían al poder. Y les ha tocado la lotería del virus. Tienen las televisiones y el Estado de Alarma. Por eso va tan deprisa.

—Lo compara con las leyes habilitantes de Chávez en Venezuela.

—En diez meses han hecho más que los de CEPS en diez años.

—¿Sigue habiendo dos izquierdas?

—En España hay una patología que es creer que el PSOE tiene remedio. Han tenido dos momentos decentes en 140 años: Besteiro cuando se opone a la bolchevización y la segunda y tercera legislatura de Felipe, cuando tienen una idea nacional. Acaba con Zapatero, pero la última legislatura de González ya sale el doberman, Aznar como «franquito», ya es guerracivilista. Y a Zapatero le trae Rubalcaba.

—Analiza en el libro el feminismo y la memoria histórica…

—El comunismo siempre ha tenido frentes que desvían la atención de lo fundamental. No puedes tomar todos los días el Palacio de Invierno o perder elecciones. Negar la biología es lo último. A Lidia Falcón la echan del PC por no tragar, una figura como ella. Pero es que el comunismo moderno tiene dinero, corrupción, que no estaba en el PC que yo conocí. Dinero del narcotráfico.

—¿El libro es una sobredosis de memoria histórica del antifranquismo, más de la que muchos quieren?

—En parte. Me ha costado mucho investigar el FRAP. La reconciliación nacional fue dogma. Los grupos maoístas no creían que fuera posible la Transición, pero al hacerse posible la aceptan. Todos excepto la ETA y el FRAP.

—El libro revela las biografías del abuelo y el padre de Pablo Iglesias.

—Dijo en el Parlamento que su abuelo Manuel era el modelo del compromiso bajo el yugo de la dictadura. El notario Alfonso García López fue a la causa general y a las páginas de sociedad de ABC de la época. Genial. Documenta que estuvo en el batallón de Margarita Nelken, preside un tribunal de guerra militar, le conmutan la pena de muerte, y se convierte en el principal propagandista del sindicato vertical, con prólogos de Girón de Velasco. Y luego acaba como censor y casa a sus hijos y se codea con la nobleza. Un agente doble, vamos. Cuando llega la democracia, se presenta por Extremadura con Cantarero del Castillo y no le vota nadie. Pablo le presenta como un resistente. ¡Si sus tías fueron condecoradas por Utrera Molina con las órdenes del fascio redentor!

—Y el padre…

—Dice que no perteneció al FRAP sino al comité proFRAP. Encontré el panfleto en el que comité reivindica el asesinato a cuchilladas del primer policía. Mienten como bellacos y no tienen valor para reconocerlo.

—Y analiza de manera inclemente el estilo literario del padre y el abuelo.

—Son de un cursi… ahí se ve que ya llegaba el comunismo nuevo. El libro del padre, «Stalin en España», es ilegible. Y los libros de Pablo igual. Quise dedicar un capítulo a su pensamiento, pero no he encontrado una sola idea, lo que ha escrito es una entrevista permanente. Lo que quiere es poder.

—¿Somos culpables de los crímenes de nuestros padres y abuelos?

—No. Él solo es culpable de inventarse un abuelo, nadie le obligaba, y de presentar como mérito un demérito. ¿Por qué se empeña?

—¿Culto de la personalidad retrospectivo?

—Los comunistas quieren crear dinastías, como la de Galapagar.

—Que espera que los lectores saquen como conclusión.

—Que con el comunismo no se pacta. Ellos no negocian, ganan tiempo para avanzar. Que puede haber una dictadura en España como la de Cuba o la de Venezuela porque nada lo impide. Nadie nos va a defender, ni Europa, que sólo dejará de dar dinero. Su fuerza es le pacto con Bildu. Y Otegui solo necesita este Gobierno un par de años más. Harán entonces referéndum y se producirá la separación, así que para que no se rompa España –después de romperla– dirán que el único arreglo es la república.

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