Literatura

Isaak Bábel, el fiscal del terror comunista pervive en sus cuentos

Tras la detención
Tras la detención
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Jaime G. MoraABC

Páginas de Espuma reúne en un volumen la obra completa del autor fusilado por Stalin

De niño, sobrevivió a la persecución de los judíos en el Imperio Ruso, y cuando pasaron los años contó a través de reportajes periodísticos la Revolución de Octubre. Isaak Bábel (Odesa, 1894; Moscú, 1940) vivió, describió y denunció, consciente de que le podía costar la vida, la violencia de la revolución rusa, la guerra civil y el terror del estalinismo. «Creía que la misión del escritor era decir la verdad –apunta a ABC Jesús García Gabaldón–. No se convirtió en vocero o propagandista del régimen soviético ni del estalinismo. Solo la amistad y la defensa de Gorki le permitieron sobrevivir a las acusaciones y delaciones de las que fue víctima».

Cuando Gorki murió, se quedó sin el paraguas que

lo protegía y fue condenado a muerte antes del juicio; ya antes de su detención estaba sentenciado. «No me han dejado terminar», dijo. Tenía cuarenta y cinco años y se encontraba en su plenitud artística, señala García Gabaldón, que ha coordinado con otros tres traductores la edición de los ‘ Cuentos completos‘ (Páginas de Espuma, 2021. A la venta el 24 de marzo), el fruto de un trabajo de más de tres años que incluye también los reportajes conocidos del autor judío, sus diarios y los relatos cinematográficos.

«Bábel es uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos. Su nombre y algunos de sus cuentos aparecen en cualquier antología. A día de hoy, sus cuentos no han envejecido, se pueden releer numerosas veces y cobran nuevos sentidos, sobre todo en relación con su vida y con su época». Aquí está la clave de que en Páginas de Espuma hayan decidido incluir todo este material bajo el título de ‘Cuentos completos’: Bábel lo llevaba todo al terreno del relato.

«Aplicaba la técnica de cuento al reportaje, a la novela (con ciclos de cuentos de final abierto en torno a un tema), al guión cinematográfico o a los artículos. En él diferentes subgéneros dialogan entre sí, o incluso un mismo relato es utilizado en diferentes soportes, como ‘Estrellas errantes’ con el cine y el cuento», señala Amelia Serraller Calvo, también traductora.

Esta edición de más de mil páginas organiza por ciclos las nuevas traducciones del centenar de relatos conocidos hasta la fecha e incorpora nuevos discursos, ensayos, cartas, prólogos y crónicas como las que escribió en 1921, cuando asistió a la campaña militar de Polonia. Los artículos periodísticos le sirvieron como material humano y narrativo para sus creaciones: «El mejor ejemplo de esta transformación de los artículos periodísticos y del diario en cuentos lo encontramos en ‘Ejército de Caballería’», dice García Gabaldón.

Este libro, el que mayor alcance ha tenido, recoge una treintena de relatos cortos inspirados en la guerra contra los contrarrevolucionarios en Polonia. «Si para contar el XIX ruso la forma era la gran novela realista rusa, siendo ‘Guerra y paz’ el ejemplo más evidente, los relatos de ‘Ejército de Caballería’ son la mejor forma de plasmar la revolución, en toda la riqueza de sus contradicciones. Las series o ciclos de cuentos permiten captar la realidad, fragmentándola, como si fueran teselas de un gran mosaico», indica Serraller Calvo.

«No tengo imaginación. No sé inventar. Debo conocer hasta el último detalle, de otro modo no puedo escribir nada. En mi escudo está grabada la divisa: «¡Autenticidad!». Por eso escribo tan lentamente y tan poco. Después de cada cuento, envejezco varios años», explicó Bábel, «el gran fabulador», como lo define el editor de los ‘Cuentos completos’, en cuyo prólogo cuenta una anécdota que ilustra a la perfección esta fama de escritor difícil: en 1925 tenía en su casa una carpeta con doscientas páginas manuscritas que no eran sino borradores del cuento ‘Kárl Yánkel’, de unas quince páginas. No lo publicaría hasta seis años después y tras haberlo reescrito en infinidad de ocasiones.

Bábel explicaba que esa autenticidad la conseguía porque sus textos partían de hechos que tomaba de la realidad –una anécdota, una historia de mercado–, y de ella hacía una obra de la que no se podía separar. García Gabaldón va más allá: «Sus cuentos cuentan su propia vida en el contexto de su época, que coincide con la revolución rusa y el estalinismo». Y aún más: nadie como él contó el terror soviético. Pese a que creía en la revolución y en el socialismo, su compromiso con la verdad lo llevó a denunciar siempre el horror y se mostró en contra de la violencia. «Como Mayakovski, pasó de ser la punta de lanza de la revolución a víctima de la misma. Bábel pasó de ser el narrador por excelencia de la misma a detenido y purgado», añade Serraller Calvo.

Su actitud crítica siempre le provocó problemas. Entre 1924 y 1931 no publicó ningún cuento nuevo, pero, a diferencia de otros autores que optaron por protegerse desde el silencio o que emigraron, él se quedó allí y se las ingenió para atravesar las pocas rendijas que el régimen dejaba abiertas. Vivió atrapado entre deudas y hubo de recurrir al cine para poder mantener a su familia. «El cine fue el refugio de Bábel en sus últimos años, de digamos ‘exilio interior’ y autocensura impuesta. El lenguaje cinematográfico, aún en sus inicios como el montaje, le permitía experimentar y atreverse a arriesgadas elipsis, metáforas visuales que inspiran planos encadenados, como les ocurre a Buñuel y Dalí con ‘Un perro andaluz’», explica Serraller Calvo.

«A partir de 1931, Bábel parece un funambulista solitario haciendo equilibrios en un alambre cada vez más alto y empinado. Caer de él significaba, de forma literal, la muerte», analiza García Gabaldón. «En el cuento ‘Kolivushka’ denuncia implacablemente la persecución de los campesinos, la tragedia de la colectivización y la gran hambruna, en el momento en que se estaba produciendo. Sus cuentos hablan de eso. Y también de la arbitrariedad de la violencia instaurada con la checa y la ausencia de un estado de derecho. Y todo eso sin tener en cuenta las obras requisadas cuando fue detenido, entre las que se encontraba ‘Kolia Topuz’, una novela acabada sobre la represión de las masas contada a través de la historia de una chequista. Por los testimonios indirectos se puede conjeturar que era una novela sobre Stalin». Además, su condición de judío nacido en una ciudad multicultural como Odesa le hizo compartir los problemas de este pueblo.

Tras su detención en 1939, acusado de trotskismo y de ser un espía al servicio de Francia y Austria, confiscaron las obras que había escrito a lo largo de ocho años, su periodo de máxima creatividad. Pese a que en 1954 rehabilitaron su nombre y lo exculparon de cualquier crimen, estos textos aún siguen inencontrables. El estalinismo había borrado todo su rastro. Lo que queda son estos ‘Cuentos completos’, en los que Bábel no solo desarrolló las técnicas narrativas de Maupassant y Chéjov, sino que incorporó una mirada cinematográfica en la composición de diálogos y tramas: la obra de un autor «moderno y clásico a la vez».

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