Literatura

Infidelidades, depresiones e interdependencia: la historia de amor de Elias y Veza Canetti

Elías Canetti

Las cartas que el matrimonio envío a Georges Canetti, hermano del premio Nobel, permiten reconstruir una relación singular

Lo que Elias Canetti sintió cuando conoció a Venetiana Taubner-Calderon, Veza, más que un flechazo, fue un deslumbramiento. De ella le atrajo su físico, ese «aire extraño de miniatura persa», con «sus largas pestañas negras con las que jugaba», pero sobre sobre todo le atrajo su poso intelectual: «Ha leído más que todos nosotros juntos. Se sabe de memoria poemas ingleses larguísimos, además de medio Shakespeare. Y Molière, y Flaubert, y Tolstói».

Se conocieron en una lectura de Karl Kraus, en la Viena de 1924, y así comenzó un matrimonio de tres décadas en el que hubo complicidad e interdependencia, pero también depresiones, relaciones adúlteras y tempestades. Judíos los dos, hubieron de huir del nazismo

en Austria tras la Noche de los Cristales Rotos y en Londres sufrieron los bombardeos de la aviación alemana. La biografía del matrimonio Canetti es la otra cara del cabaré centroeuropeo de entreguerras.

Las cartas que Elias y Veza enviaron entre 1933 y 1948 a Georges Canetti, las que Galaxia Gutenberg recoge en el volumen ‘Veza y Elias Canetti. Cargas a Georg’, permiten reconstruir esta relación. Como apunta en el prólogo Ignacio Echevarría, responsable de la edición, la lectura de estas vislumbra «una relación poco convencional, marcada ya de partida por la diferencia de edad [siete años] y sus respectivos cuadros familiares, que había determinado los caracteres muy fuertes de ambos, abocados a chocar con frecuencia, pese a la dependencia tan grande que nunca dejaron de sentir el uno por el otro».

Fue Veza quien escribió el grueso de este epistolario (de las 164 que se conservan ella envió 19), y en ellas se descubre a una mujer brillante, autora de novelas, relatos y guiones hasta que a mediados de siglo desistiera de seguir escribiendo porque no consiguió encontrar un teatro dispuesto a representar ‘El ogro’, «lo mejor que había hecho», según Canetti, premio Nobel en 1981. En los últimos siete años de su vida, antes de su muerte en 1963, no solo no volvió a escribir, sino que quemó muchos manuscritos, y se volcó en administrar la carrera de su marido.

Lo que unía a Veza con Elias estaba más allá de los vínculos afectivos y amorosos. Ella fue para él la madre que perdió por sus continuos enfrentamientos, y hasta fue la albacea de sus aventuras. Para no consumirse entre celos, llegó incluso a seducirlas, para tutelar las relaciones de Canetti con sus amantes. «En Viena, en 1937, tu hermano fue una vez a un baile de máscaras –le escribe Veza a Georg–. “Hay una rubia atractiva”, me dijo. “Y también rincones oscuros, es divorciada, joven y alegre. ¿Qué puedo hacer para que piense que soy hombre de mundo?”, me preguntó. Y yo, con una sonrisa de conocedora, le expliqué a tu hermano cómo abordar a la rubia. Y lo hice tan bien que todavía la tengo encima, aquí en Londres».

La «rubia» era Friedl Benedikt, novelista que publicó bajo el pseudónimo de Anna Sebastian, y con quien el autor de ‘Auto de fe’ mantuvo una tormentosa relación. Elias tuvo también aventuras con la escritora Iris Murdoch, Anna Mahler (hija de Alma y Gustav Mahler) o la pintora Marie-Louise von Motesiczky. Una carta de Veza a Elias en 1932 definió las bases de lo que sería su relación: «Nunca volverás a oír una pregunta mía y no tendrás que rendirme cuentas en lo que respecta a ciertos aspectos de tu vida. […] Soy la mejor madre para ti, y nada puede arrebatarte a nosotros».

Veza aceptaba que ellos no tuvieran relaciones íntimas y que él se las procurara con otras mujeres, pero lo que no admitía era que estableciera vínculos intelectuales con ellas: «Si no supiera que desde el gran vuelco de este verano todo en mí se ha orientado por vías intelectuales y humanas (y que por tanto puedes estar tranquilo en lo que a mí concierne), no tendría la superioridad necesaria para hablar contigo».

En las cartas que Veza le envió al hermano de Elias, que de algún modo ocupó el lugar del hijo que el matrimonio nunca tuvo, se aprecia el obstinado amor que ambos se profesaron, y también muchos aspectos de su vida diaria, como las dificultades económicas que sufrieron en sus primeros años juntos, las vueltas que dieron huyendo del nazismo y cómo se las apañaban para pedir dinero prestado a sus allegados.

Veza no es la única que desnuda sus sentimientos y su abnegación por su esposo; también Elias comparte con su hermano Georg la admiración que por ella sentía: «Yo la encuentro más bella que nunca, ahora tiene una cabeza sabia y fuerte, y toda ella irradia algo que muy poca gente tiene: su ingenio y su cariño forman, unidos, algo nuevo. […] Le ha ido mal demasiado tiempo. Necesita un poco de éxito, aunque sólo sea para poder decirse que no siempre tiene mala suerte». Reivindicada durante estos últimos años, cuando se ha ido recuperando su obra, Canetti le dedicó casi todos sus libros. Veza era su magia, «una magia negra, una maldición».

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