Literatura

El tormentoso amor de Antoine y Consuelo de Saint-Exupéry

Publican en Francia la correspondencia que el matrimonio mantuvo desde que se conoció en Buenos Aires hasta la trágica muerte del escritor

Antes de que absolutistas y liberales comenzaran a lanzarse a la cabeza sus modelos de país, esa división de las dos Españas que hoy, doscientos años después, siguen aferrándose con cierto tremendismo a su orgullo doctrinario, hubo una polémica que encendió la mecha. Fue la primera vez que el país vivió «una confrontación abierta entre dos facciones opuestas: defensores del ‘statu quo’ contra partidarios de las reformas», a juicio de Francisco Uzcanga Meinecke, autor de ‘ ¿Qué se debe a España?‘ (Libros del K.O., 2021), donde resume lo ocurrido.

La culpa la tuvo la entrada referida a España en la ‘Encyclopédie Méthodique’ de Panckoucke, quien a rebufo de Diderot inició en 1782 un proyecto que provocó

una crisis diplomática entre Madrid y París y, más aún, la primera división entre ‘rancios’y ‘felones’ –entre tradicionalistas y reformistas–, y una «verdadera guerrilla cultural e ideológica». En el citado artículo, plagado de tópicos y errores, Nicolas Masson de Morvilliers incidía en el carácter perezoso y orgulloso de los españoles, subrayaba la dependencia a la religión y planteaba una pregunta lapidaria: ¿Qué se debe a España?.

«Desde hace dos siglos, desde hace cuatro, desde hace diez, ¿qué ha hecho por Europa? España se parece hoy día a esas colonias débiles y desdichadas que necesitan permanentemente del brazo protector de la metrópoli; es preciso que la ayudemos con nuestros descubrimientos; se parece también a esos enfermos desesperados que, sin sentir su enfermedad, rechazan los brazos que les conceden la vida. Sin embargo, si es preciso una crisis política para salir de este letargo vergonzoso, ¿a qué esperan todavía? […] Este pueblo infantil tiene necesidad de crecer en todos los aspectos».

Con la venia del Conde de Floridablanca, secretario de Estado de Carlos III, el naturalista José Antonio de Cavanilles escribió una primera respuesta en la que destacaba la gesta de Sebastián Elcano o los descubrimientos científicos de Miguel Servet o Luis Mercado, pero la polémica se agigantó cuando pasaron a ocuparse de ella los periódicos de la época. Los protagonistas fueron dos: Luis Cañuelo, director de ‘El Censor’, y Juan Pablo Forner, el escritor extremeño que se erigió en estandarte de los apologistas.

«El debate cultural e ideológico que abanderaron acabó personalizándose, se convirtió en un duelo de egos que degeneró a su vez en inquina mutua y, suele pasar, el odio desgasta. Cañuelo tuvo que abandonar su carrera de periodista y acabó desquiciado, literalmente loco. Forner salió ganando: el episodio le sirvió para arrimarse al poder; hizo carrera con Floridablanca y luego con Godoy. Ahora bien, es muy probable que los accesos de cólera que le provocaban ‘El Censor’ y sus acólitos acabaran pasándole factura y tuvieran que ver con su muerte prematura», explica a ABC el autor de ‘¿Qué se debe a España?’.

En sus artículos de ‘El Censor’, cabecera que hizo de avanzadilla del periodismo crítico, Cañuelo cargó contra los apologistas, «declamadores que trataban de convencer a la mayoría de que era feliz para que una minoría conservara sus privilegios». Forner, desde su arrogancia y desdén «propios de los intelectuales franceses que criticaba», defendió las aportaciones de España a Occidente en el ámbito de la teología, la jurisprudencia, la medicina o la navegación. «La reacción desproporcionada se podría explicar por esa mezcla de frustración y engreimiento tan propia de países que añoran su pasado imperial», apunta Uzcanga Meinecke.

Lo que pudo ser un debate enriquecedor enseguida se envileció, y los políticos lo usaron para sus intereses. «Floridablanca, que al principio reaccionó con mesura y sensatez, acabó también por jugar la baza patriota para tratar de ganarse a la opinión pública; promovió las apologías en defensa del país y, a medida que aumentaba la alarma por la Revolución Francesa, su postura se fue haciendo cada vez más galófoba», explica el autor del libro. Aquí se empezó a partir España en dos, esa división que unas décadas después llevó «al nefasto Fernando VII y al inicio de siglo y medio de guerras civiles».

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