Interesante y curioso

España no es un “trapo”, pero Almeida y sus amigos sí la tratan como tal

Cristina Almeida califica de “trapo” la bandera española y el Gobierno la secunda con sus decisiones, leyes, alianzas y discursos. No es solo, pues, un exceso de una hipócrita.

Aunque Cristina Almeida no es institucionalmente nadie, salvo una exdiputada beneficiaria de privilegios económicos por ello, lo que dijo de la bandera de España en La Sexta Noche, calificándola de “trapo”, sí representa un pensamiento muy extendido y explica la génesis de no pocas decisiones y leyes del actual Gobierno.

Para la exabogada, que goza de tribunas televisivas reiteradas para hablar de política como si fuera una tertuliana del corazón, la enseña nacional es “un trapo” y el patriotismo, en boca de dirigentes como Pablo Casado, una especie de agresión, incluso cuando se esgrime como concepto transversal para unir a izquierda y derecha en una defensa común de la España constitucional.

El sectarismo de la excandidata del PSOE en la Comunidad de Madrid, un puesto por el que pasó sin pena ni gloria como en el conjunto de su larga vida política, podría quedar en algo simbólico de no poner letra a un espíritu bastante extendido y al máximo nivel.

Almeida es una anécdota, burda e hipócrita. Pero lo que dice representa a la perfección el móvil principal de Sánchez.

Es el mismo que le lleva a Sánchez a entenderse con Otegi y Rufián mientras veja a Casado o a Arrimadas. El que lleva a Celaá a insultar a los detractores de su sectaria ley educativa presentándoles como una especie de logia ultraderechista y católica dispuesta al “hackeo de la mente” de los niños. El que lleva a Iglesias a denigrar al Rey mientras ensalza a Bildu y ERC.

el que, en definitiva, explica la política de alianzas del Gobierno; su desprecio a la separación de poderes; la elección de sus socios y la apuesta por leyes y decisiones que oscilan entre el liberticidio, la injerencia y la imposición en casi todos los órdenes, incluida la libertad de expresión.

Almeida es una anécdota, burda e hipócrita, deudora de un país del que vive pero al que pisotea. Pero lo que dice representa a la perfección el móvil principal de Sánchez: fracturar a la sociedad española en dos bloques enfrentados, hacer difícil la convivencia entre distintas opciones ideológicas y convertir la crispación en su gran herramienta de movilización de los suyos. La bandera española no es un trapo, pero a España sí la trata, este Gobierno, como tal.

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