Interesante y curioso

El “fin” de Pedro Sánchez: PP y VOX arrasan al desaparecer Cs del mapa

El centroderecha reducido a dos partidos en lugar de a tres tiene al alcance la mayoría absoluta: no es una novedad, pero la perdía por acudir dividida en tres a las urnas.

Ni “fin de ciclo” ni “cambio de tendencia”. En realidad, el centroderecha siempre ha tenido al alcance la mayoría absoluta, incluso holgada, desde la salida de Zapatero del Gobierno. Pero la mala traducción en escaños de sus votos, divididos en tres partidos; y la política de alianzas de Pedro Sánchez, su “todo vale” para sumar, ha producido un cierto espejismo que ahora paree haberse roto. Quizá definitivamente.

El último indicio de ello lo da el sondeo dominical de Sigma Dos para El Mundo, que confirma otros precedentes de GAD 3 o NC Report para ABC y La Razón: todos confirman que, de haber Elecciones Generales ahora, el PP gobernaría con el respaldo de VOX y ambos lograrían, conjuntamente, una holgada mayoría absoluta.

Pablo Casado, según estas encuestas y todos los informes internos de los grandes partidos, tendría al alcance de la mano la Presidencia al obtener el 29.5% de los votos y 132 diputados; 4.5 puntos y 32 diputados más que Pedro Sánchez, que se quedaría en el 25% de las papeletas y el centenar de escaños.

Las 51 actas de VOX con el 15.4% de los votos sumarían, en el caso de llegar a un acuerdo con los populares, 183 “síes” para la investidura, siete más de los 176 necesario, con un añadido muy interesante desde la perspectiva del centroderecha: no necesitarían a nadie más.

Ni a Cs, que en el mejor de los casos conservaría dos diputados y sigue en la UCI contigua a la sala de autopsias. Ni sobre todo del PNV, teóricamente cercano en lo ideológico pero gran inductor de la moción de censura que desalojó a Rajoy y elevó a Sánchez, hace ahora tres años, a un puesto que las urnas le habían negado dos veces en seis meses.

“Lo que se le viene encima a Sánchez, ahora mismo, no es un cambio. Es un tsunami”, explica a ESdiario un especialista en tendencias electorales. “Hay tiempo para remontar”, se insiste desde Moncloa, apostándolo todo a que, con la vacunación generalizada y los Fondos Europeos en marcha, se obrará el milagro y la baraka que acompaña a Sánchez, muerto y resucitado varias veces desde 2014, le salvará de nuevo en el último minuto.

El centroderecha siempre ha tenido la mayoría absoluta dentro. Pero con tres partidos en liza la Ley D’Hont se la arrebataba

Pero hay algo importante que pone en entredicho esa posibilidad. Hasta en el mejor momento del “sanchismo”, el centroderecha nacional ganó sobradamente a la izquierda “clásica”. Entre PP, VOX y Ciudadanos alcanzaron casi el 43% de los votos, tres más que la suma de PSOE y Podemos. En junio de 2018, cuando el PSOE aprovechó una sentencia menor de la Gürtel para justificar la moción de censura, el CIS previo había elevado esa distancia a cinco puntos.

Es decir, en votos por bloques, la derecha no ha dejado de tener la victoria siempre. Y Pedro Sánchez no ha dejado de ser nunca el presidente con menos apoyos propios de la democracia: ahora gobierna con 120 diputados, incluso uno menos de los que obtuvo Rajoy en 2017 cuando, paradojas de la vida, se vio obligado a disolver las cámaras y repetir Elecciones solo medio año después de haberse celebrado.

La clave es la Ley D’Hont

El votante tiene tendencia a decantarse por el “ganador”, que es aquel candidato que de manera etérea encarna mejor la posibilidad de victoria. Algo que Sánchez ha manejado bien con su equipo de especialistas, un ejército de jóvenes sociólogos, analistas y consultores que trabaja en el laboratorio de Moncloa a las órdenes de Iván Redondo y de Félix Bolaños.

Pero la realidad es que, sin esa tormenta perfecta derivada de la combinación de la división en tres del centroderecha y la alianza del PSOE con partidos ajenos a su propia tradición, como Bildu o ERC e incluso Podemos, Sánchez no hubiera sido presidente… y difícilmente lo será.

Los sondeos del último mes solo confirman lo que las papeletas ya dijeron hasta en el clímax de Sánchez: los votos de PP, VOX , Ciudadanos y Navarra Suma juntos en noviembre de 2019 les hubieran dado, bajo una marca como “España Suma”, 177 diputados, uno por encima de la mayoría absoluta y 25 más de los logrados por separado.

La diferencia es abrumadora: todos juntos hubieran ganado en todas las provincias de España a excepción de en las tres vascas, donde el PNV seguiría en la primera posición; y en las catalanas, con ERC venciendo en Tarragona, Gerona y Lérida y el PSOE en Barcelona.

Y en 18 de esas circunscripciones provinciales, con censos bajos y pocos escaños en juego, quedar primero o al menos segundo es decisivo para arañar escaños: juntos hubieran obtenido esos 25 diputados más en Barcelona, Sevilla, Murcia, Asturias, Zaragoza, Granada, Tarragona, Lérida, Huelva, Albacete, Jaén, León, Burgos, La Rioja, Lugo, Orense, Cuenca y Huesca. Nada menos.

La reunificación a la fuerza

La caída de Cs reunifica “por la fuerza” lo que los partidos no unificaron voluntariamente y, en síntesis, traduce mejor en escaños los votos que ya existían. Quizá eso ayude a entender mejor la estrategia de Pablo Casado, incomprendido por muchos desde que se negara a apoyar la inviable moción de censura contra VOX y cargara duramente contra Santiago Abascal.

“Pero tenía que ocupar el centro para que no hiciera falta Ciudadanos. Y solo desde la moderación puede hacerse eso, que es imprescindible para ganar las Elecciones y gobernar”, explican en el entorno de Génova. “Andalucía y Juanma Moreno son el mejor ejemplo”, añaden.

Y no les falta razón, aunque en el camino se hayan dejado jirones con VOX: si con tres ofertas electorales en el centroderecha resultaba casi imposible superar a Sánchez y sus aliados; con un tono demasiado contundente hubiese sido inviable recuperar los votos fugados a Ciudadanos, que llegaron a ser casi seis millones y de más de un millón aún en las últimas Generales.

“Se los habría quedado el PSOE”, explican los especialistas consultados. Y el intento de moción de censura en Murcia, impulsado por Sánchez y Arrimadas, demuestra que esa posibilidad de alianza era algo más que una ensoñación.

Aunque los estados de opinión son más volubles que nunca y las tendencias que antes costaba años cambiar o consolidar ahora se transforman en apenas semanas, Sánchez lo tiene muy difícil si Ciudadanos culmina su extinción, simplemente. Siempre lo tuvo igual de complicado, en realidad, pero la célebre foto de Colón que tanto ha manejado el PSOE ha sido su gran aliada: no por lo que allí se decía, catalizador de once millones de votos potenciales, sino porque lo decían tres voces a la vez.

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