Historia

Un experto destroza las cinco falacias más extendidas sobre Hitler y la Segunda Guerra Mundial: «Son absurdas»

Richard J. Evans, autor de ‘Hitler y las teorías de la conspiración. El Tercer Reich y la imaginación paranoide’, analiza mentiras tan populares como la huída del ‘Führer’ del búnker o la quema del Reichstag

Richard J. Evans, de amplia sonrisa y aspecto afable, nos recibe en el corazón de su hogar. Aunque no en persona, sino a través de videollamada. Cosas de la pandemia. La camisa blanca de este historiador va a juego con una habitación que transmite tranquilidad. A su lado, un vaso de agua de grandes dimensiones que parece no vaciarse nunca. La conversación, calmada y de un inglés de manual, solo se corta en dos momentos: cuando su perro hace acto de presencia y cuando le llaman al timbre. Esos breves minutos permiten que el ambiente se distienda y que los complots, tema central de su nueva ‘Hitler y las teorías de la conspiración’ (Crítica), queden a un

lado. Algo que no ha sucedido desde que acabó la Segunda Guerra Mundial.

¿El objetivo de su libro es cargar de forma frontal las teorías de la conspiración?

El libro analiza cinco teorías de la conspiración que, o bien influyeron en Hitler, o bien estuvieron relacionadas con él. Las he seleccionado porque, mientras investigaba sobre la Alemania nazi para otras obras, me percaté de que muchas de estas ideas siguen triunfando en internet a pesar de que son refritos con años de antigüedad. El objetivo ha sido, en primer lugar, demostrar que se sustentan en la manipulación de las evidencias o en la exageración de las casualidades, pero también desvelar la causa que lleva a la sociedad a creer estos bulos y propagarlos.

¿Cuál es el elemento común de todas ellas?

El argumento del ‘Cui bono’ o ‘¿Quién se beneficia?’. La idea de que, quien sale favorecido por un suceso, ha motivado el mismo. Las teorías de la conspiración también afirman que todo ocurre porque un grupo de personas lo motivan. La realidad es mucho más caótica y compleja que todo eso.

¿Existen varios tipos de teorías de la conspiración?

En efecto. La primera es la sistémica, que involucra a muchas personas que trabajarían durante un largo período de tiempo para perpetrar un propósito maligno. Son las más populares, pero son poco plausibles porque, cuanta más gente conspira, más fácil es atraparlos. En 1944, de hecho, la Gestapo estuvo a punto de desvelar la Operación Valkiria por la ingente cantidad de conjurados que había. En el libro, el claro ejemplo es la de ‘Los protocolos’ de los sabios de Sión, la obra que –según se extendió– había nacido en el siglo XIX y que afirmaba que los judíos llevaban décadas planeando el declive de la civilización.

Por otro lado están las que se enfocan en un evento concreto, como las del 11 de septiembre o el asesinato del presidente JFK. Dentro de este segundo grupo se pueden enmarcar la huida de Hitler a Argentina, el vuelo de Rudolf Hess Gran Bretaña o el incendio del Reichstag. En las dos últimas sorprende que los conspiranoicos insistan en que fueron sucesos organizados por una sola persona a pesar de la infinidad de evidencias que demuestran lo contrario.

¿Son peligrosas las teorías de la conspiración?

Las teorías de la conspiración son una amenaza a la verdad y una amenaza a la democracia. Y, por descontado, habría que eliminarlas. Yo quiero contribuir a eso.

¿Por qué son bien recibidas por la sociedad?

Vivimos en una era de sobreinformación: se cubren noticias 24 horas al día, está internet…. Hay una cantidad abrumadora de datos. La teoría de la conspiración elimina la complejidad. Te dice que no hagas caso a esos análisis y que todo ha ocurrido porque un grupo de personas lo han tramado en una sala. Es una forma sencilla de lidiar con el trabajo que supone contrastar. Pero estas simplificaciones son erróneas y, muchas veces, están basadas en manipulaciones de pruebas. Es raro que la explicación más sencilla sea la más convincente.

¿Cómo es la gente que apoya estas teorías?

Aquellos que inventan y propagan teorías conspiratorias suelen ser personas marginales o que se sienten inferiores. Como no comprenden los datos, afirman que los expertos (los profesores y los periodistas) se equivocan. Al extender ideas como que las Torres Gemelas fueron derribadas por la CIA creen que saben más que el resto y que conocen la verdad que se oculta a todos. Es una forma de sentirse importantes.

El pésimo trabajo de los gobiernos ha ayudado a extender teorías como que Hitler no murió y escapó a Argentina. Trevor-Roper, enviado por Churchill para esclarecer la muerte del ‘Führer’, cometió severos errores durante su investigación que han dado alas a los conspiranoicos…

En parte es cierto. Tras la Segunda Guerra Mundial el servicio secreto británico encargó a Trevor-Roper investigar la muerte de Hitler porque Stalin estaba extendiendo que seguía vivo. No podemos negar que cometió pequeños errores porque elaboró su informe de una manera apresurada. Un ejemplo es que no pudo entrevistar a ciertos testigos como los encargados de enterrar el cadáver del ‘Führer’ y de su esposa. Pero también es verdad que hizo un examen muy exhaustivo y sacó unas declaraciones muy convincentes. Las más cercanas a la realidad en la actualidad.

¿Por qué ese miedo de Stalin a que Hitler siguiera vivo?

Stalin creó mucha desinformación. Quería confundir a los poderes del oeste y justificar la ocupación de Alemania por los soviéticos. Insistió en que debían quedarse porque Hitler podía volver, como Napoleón. Estas ideas son mucho más peligrosas cuando el que las extiende es la cabeza de un estado. Podríamos decir en este sentido que Stalin fue el jefe de un país que más apoyó las teorías de la conspiración. Pero hay que entender que le eran beneficiosas. Le permitían encarcelar y arrestar a sus opositores. Para él eran una excusa: cuando algo iba mal, acusaba a sus opositores de una conspiración cualquiera y les arrestaba. Así, les eliminaba como rivales. Es algo parecido a lo que hizo Trump al extender falacias sobre los recuentos en las elecciones.

¿Intentaron los soviéticos esclarecer lo sucedido con Hitler en el búnker?

Sí. Tras la Segunda Guerra MundialStalin pidió a sus servicios secretos que hicieran un informe para saber qué había ocurrido con Hitler. Cuando le confirmaron que se había suicidado con Eva, ordenó ocultarlo. No salió a la luz hasta la caída del comunismo.

En los años cincuenta se publicaron cientos de noticias en medios internacionales que se hacían eco de la posible huida de Hitler del búnker. ¿Cree que fue un error por parte de los medios?

Hitler siempre será noticia y venderá periódicos. Es normal publicar un informe que afirma que alguien le vio en Argentina en los sesenta. De hecho, lo siguen haciendo muchos diarios sensacionalistas como el ‘Daily Star’ para atraer lectores. El problema es deberían añadir una nota en la que recojan la opinión de los historiadores sobre el tema. En ese sentido sí creo que la prensa ha sido irresponsable. Los periódicos se hicieron eco, por ejemplo, de una serie de informes en los que la CIA y el FBI barajaban la posibilidad de que el ‘Führer’ hubiese escapado, pero no publicaron la parte en que estas agencias descartaron esas ideas. Los programas de televisión tampoco han ayudado. Ha habido una serie de 24 documentales llamados ‘Hunting Hitler’ que han sembrado la duda en millones de espectadores.

¿Qué opina de este tipo de documentales?

Creo que fue muy irresponsable por parte del ‘History Channel’ emitir estos programas cuando no era una caza real; era la caza de una quimera, una fantasía. Si te bebieras un vaso de whisky cada vez que documentales como ‘Hunting Hitler’ dicen que Hitler “podría haber estado aquí”, acabarías completamente borracho antes de terminar el primer episodio.

También analiza la teoría que afirma que Rudolf Hess, el edecán del Reich, voló a Gran Bretaña con el beneplácito de Hitler para negociar la paz con Gran Bretaña

Sí. Pero la explicación es otra. Hess había perdido poder y quería recuperarlo. Pensó que podría pactar la paz por su cuenta y voló sin que Hitler lo supiera. Hay muchos detalles que los teóricos de la conspiración recogen para afirmar que actuaba por órdenes del ‘Führer’, pero evitan hacer referencia a la reacción del dictador cuando le informaron de lo que había sucedido. Todos los que estaban presentes dijeron que entró en un estado de furia absoluta por la traición. No podía creerlo. Dijo que Hess se había vuelto loco. Pero obvian esto y proyectan dudas sobre la competencia y la profesionalidad de los investigadores. Siempre usan el concepto de ‘versión oficial’ para denostar a los expertos y dicen que gente como yo estamos bajo el mando del gobierno.

Hess, como bien recoge en su obra, afirmó en repetidas ocasiones que había volado sin informar de ello a Hitler…

Sí, pero es más fácil para los conspiradores obviarlo. Cuando Hess murió en Spandau después de cincuenta años preso esgrimieron que fue asesinado para impedir que contara la verdad. La pregunta es: ¿por qué habría guardado silencio medio siglo? Es absurdo.

Analiza también el uso que nazis y comunistas hicieron del incendio del Reichstag en 1933

El incendio lo llevó a cabo una sola persona, el holandés Marinus van der Lubbe, que fue arrestado en el mismo edifico. Lo hizo en un momento en el que Hitler era el líder del gobierno, pero no un dictador. Los nazis se valieron de este hecho; dijeron que habían sido los comunistas y lo utilizaron para instaurar un decreto que restringía las libertades civiles. Fue el primer paso para establecer la futura dictadura. Gracias a esta ley arrestaron a cientos de miles de opositores, entre 100.000 y 200.000.

¿Qué esgrimieron los nazis?

Afirmaron que el incendio del parlamento nacional era el preludio a una revolución. Parece que Hitler y sus jerarcas se creían esto de verdad. En cierto modo es plausible porque, tras la Revolución Rusa de 1917, el Partido Comunista era un movimiento masivo que pretendía crear una Alemania soviética. Hitler detuvo a Van der Lubbe y a otros tres líderes más, pero, al final, solo pudo condenar al primero por la falta de pruebas.

¿Quién era Van der Lubbe?

Era un radical que había intentado incendiar algunos edificios públicos en Berlín como protesta contra el desempleo masivo que había en Alemania. No pudo quemar el ayuntamiento, pero sí tuvo suerte con el Reichstag. Pero no era ni alemán, no comunista.

Al poco, los comunistas extendieron su propia teoría sobre el incendio…

Afirmaron que todo había sido una mentira y que los nazis habían incendiado el edificio para poder aprobar la ley que suspendía las libertades civiles. Este es el argumento ‘Cui bono’: el que se beneficia de algo, tiene que estar detrás. Todavía muchos piensan que esta teoría es plausible, pero se basan en documentos falsos, evidencias circunstanciales exageradas y mentiras.

La cuarta teoría que analiza es la de la ‘Puñalada por la espalda’

Es una idea que cogió fuerza tras la Primera Guerra Mundial, aunque tuvo tres versiones. La primera afirmaba que el ejército alemán no fue derrotado en combate, sino que fue apuñalado en retaguardia por ciudadanos alemanes que no querían que la guerra continuara. Una segunda decía que la sociedad se movilizó para socavar al Káiser e instaurar una república socialista. La más extrema determinaba que era una conspiración judía. La verdad, sin embargo, fue que la derrota fue militar. En el frente occidental los aliados avanzaron con carros de combate, y en el oriental hubo un colapso de Bulgaria Austria-Hungría. Los nazis estaban convencidos de la última, pero no quisieron utilizarla como arma electoral porque sabían que podía quitarles votos.

La falacia de los ‘Los protocolos’ demuestra que es difícil combatir contra las mentiras

Sí. En la década de los veinte, Philip Graves demostró que el libro era una versión de una sátira francesa del mismo período. Comparó los textos y eran casi idénticos. Pero los nazis no le creyeron. Les dio igual que fuera mentira y siguieron creyendo que la obra explicaba una verdad absoluta de los judíos. Es triste porque se llega a un punto en el que los conspiracionistas no pueden ser convencidos de que las evidencias son reales. Que no abandonen sus creencias demuestra que, a veces, la verdad no tiene poder.

¿Cuál es la mayor teoría de la conspiración de la IIGM?

La más grande es el negacionismo del Holocausto. La teoría de que no paso y que no murieron seis millones de judíos la Segunda Guerra Mundial. Pero no la incluí porque ya la había explicado en una de mis obras.

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