Historia

Los sacrificios humanos vikingos: la oscura práctica de los «burros salvajes» del norte

Spread the love

César Cervera

En cuanto a los sacrificios humanos no vinculados a enterramientos, la teoría más extendida es que se recurría a ellos solo en tiempos de gran conmoción social o en aquellos casos en los que la muerte de animales se consideraba una ofrenda escasa para los dioses.

Carne a cambio de carne. La tradición vikinga está repleta de leyendas e historias reales donde obtener un poder o una victoria exigió un sacrificio en forma de mutilación o directamente de vidas por parte del guerrero en cuestión. Uno de los relatos centrales de la mitología nórdica es el sacrificio de Odín, el padre de todos, que no dudó en arrancarse un ojo para poder beber en el pozo de Mímir y obtener así sabiduría infinita.

Si hasta el dios supremo era capaz de renunciar a una parte de sí mismo, qué no haría un simple mortal a cambio del favor divino… Más allá de la opción de inmolarse en combate para ir por el camino rápido al

Valhalla, el sacrificio de seres humanos con fines rituales era algo habitual entre los vikingos.

Como explica Kim Hjardar y Vegard Vike en su libro «Vikingos en guerra», editado en España por Desperta Ferro, resulta una certeza que los vikingos sacrificaban animales y humanos en sus rituales, aunque existen más dudas sobre lo generalizado que estaba o no esta práctica. «Debemos distinguir entre sacrificios humanos como ofrendas en ceremonias religiosas y las ejecuciones rituales en los funerales de personajes distinguidos», advierten en esta obra.

                                                                                      La Piedra de Tängelgårda, del siglo VII, muestra a Odín liderando guerreros con anillos

Un viajero árabe del siglo X llamado Ahmad ibn Fadlan relata en una crónica cómo fue testigo de este segundo tipo de sacrificios, cuando una esclava fue ejecutada a orillas del Volga para ser luego quemados sus restos junto a su amo en un barco funerario. Los restos arqueológicos muestran numerosos casos parecidos de esclavos enterrados junto a personajes nobles.

En la Isla de Man, en el Mar de Irlanda, se han hallado en fechas recientes una tumba de un vikingo acaudalado junto a los restos de una joven asesinada de un golpe en la cabeza. El análisis de los restos evidenció, como en otros casos similares, que no había una relación familiar entre ambos cuerpos y hasta se pudo distinguir por los huesos aquellas personas alimentadas casi en exclusiva por pescados, presumiblemente esclavos, frente a otras alimentadas con carne y productos lácteos, una dieta más propia de alguien acaudalado.

Un hecho excepcional

En cuanto a los sacrificios humanos no vinculados a enterramientos, la teoría más extendida es que se recurría a ellos solo en tiempos de gran conmoción social o en aquellos casos en los que la muerte de animales se consideraba una ofrenda escasa para los dioses. Lo normal, según muestran los restos arqueológicos, era ofrecer la vida de individuos de estatus social inferior, véase mujeres, esclavos o niños, aunque, en palabras de la Saga de los Ynglingos, el sacrificio supremo que podían hacer los vikingos era el propio rey.

Adán de Bremen escribió sobre los lugares donde se realizaban estos rituales en la región sueca que él visitó:

«Cerca de este templo se encuentra un árbol muy grande con ramas muy amplias, siempre verde en invierno y verano. De qué tipo es nadie lo sabe. También hay un pozo en el que los paganos suelen hacer sus sacrificios y sumergir a un hombre vivo en él».

                                                                                                                        Fotograma de la serie vikingos.

Las descripciones sobre este tipo de rituales están presentes en casi todas las crónicas de los diplomáticos u observadores que visitaron pueblos vikingos. El francés Dudon de Saint-Quentin, autor de una obra clave sobre los normandos, destaca entre las costumbres de los vikingos los sacrificios humanos en honor al dios de la guerra Tor. Este dios podía controlar a cambio de la carne las tempestades en alta mar o mostrar el futuro.

Dudon señala que el destino de los sacrificados era decidido a través de la adivinación con pequeños huesos, técnica que recibe el nombre de cleromancia. La víctima elegida por los dioses era asesinada con fuertes golpes en la cabeza y más tarde abierta en canal para que los guerreros se restregasen la sangre de su corazón por el cuerpo.

El control de las tempestades en alta mar también dependía de las convenientes ofrendas a Tor.

Los cronistas bizantinos, por su parre, dan cuenta de como los vikingos enterraban a sus caídos en combate a la luz de la luna y acompañados de cautivos, que eran asesinados allí mismo, junto a las tumbas.

La higiene de los vikingos

La película «El Guerrero Número 13», con Antonio Banderas en el papel de un emisario de Bagdad que acaba conviviendo con un grupo de guerreros vikingos, se basa en la historia real del ya mencionado Ahmad ibn Fadlan. Este emisario musulmán conoció cerca del río Volga a una gran comunidad de rus, nombre con el que se designaba en la zona rusa a los hombres del norte, a la que intentó convertir a la fe islámica a finales del siglo X.

El choque entre civilizaciones tan distintas sirvió a Ahmad ibn Fadlan para anotar el abismo cultural y las tradiciones más llamativas de este pueblo a ojos musulmanes. Consideraba que se peinaban con frecuencia y que físicamente eran portentosos, pero a nivel higiénico le horrorizaron sus costumbres:

«Estos rus son verdaderamente fascinantes de observar, pero es innegable que, de todas las criaturas de Alá, son las más sucias. No se lavan después del sexo, o después de defecar, con lo que no me sorprende en absoluto que tampoco se laven después de comer. Son como burros salvajes…

Sí se lavan todos los días, pero lo hacen de un bol con agua que comparten, que una esclava va pasando entre ellos. ¡Cada hombre de suena la nariz, escupe y se peina en el agua después de lavarse la cara y el pelo!

Viven juntos en grupos de diez o veinte en casas de madera, y en estas se sientan en una gran silla rodeados de las esclavas para vender a los mercantes. Uno puede tener relaciones con una esclava mientras su amigo mira. (…) A veces ocurre que un mercante viene a comprar una esclava y descubre al dueño de la casa copulando con ella, y tiene que esperar a que acabe para poder comenzar la compra».

Manuscrito de la crónica de ibn Fadlan

 

Añade un comentario

Pulsa aquí para comentar

Mercedes Benz
The new Mercedes-Benz C-Class