Historia

La vertiente histórica más racista de ERC: «Los mestizos, pues, constituyen una alteración racial»

En un tiempo en el que la ciencia se movía por postulados racistas en campos como la antropología o la biología, Rossell expuso en sus trabajos los elementos diferenciadores que, según él, existían entre los catalanes y la «raza» castellana

El catalán Pere Màrtir Rossell i Vilà fue un veterinario y político de Olot (Gerona) que se alineó, a principios del siglo XX, con los círculos nacionalistas más exaltados de Barcelona. Este miembro de ERC, poco reivindicado hoy por razones obvias, firmó diversos artículos en la publicación ‘La Ciutat’ (1909-1911), adherido a la Unión Federal Nacionalista Republicana, que expusieron la vertiente más racista de este nacionalismo.

Màrtir Rossell compaginó su brillante carrera como científico con sus ideas políticas hasta que la situación tras la Semana Trágica (1909) le obligó a exiliarse una temporada en Francia. No fue un exilio duradero ni con consecuencias para su carrera. En 1916 alcanzó la cátedra de la Escuela de Agricultura de Caldes de

 Montbui y el mismo año Prat de la Riba le nombró director de los Servicios de Ganadería de la Mancomunidad de Cataluña.

El 20 de noviembre de 1932, viviría su cumbre política al ser elegido diputado por Esquerra Republicana en las elecciones catalanas como pago a todos sus años de militancia, lo que le obligó a renunciar a la dirección del Parque Zoológico de Barcelona, que administraba desde un año antes.

En 1916 alcanzó la cátedra de la Escuela de Agricultura de Caldes de Montbui y el mismo año Prat de la Riba le nombró director de los Servicios de Ganadería de la Mancomunidad de Cataluña

Hasta entonces, la obra científica no había estorbado a la trayectoria política y, en ocasiones, incluso se había acoplado gracias al afán de Rossell por usar términos ganaderos para hablar de sus rivales y de los españoles en general.

La «raza» castellana y la catalana

En un tiempo en el que la ciencia se movía por postulados racistas en campos como la antropología o la biología, Rossell expuso en sus trabajos los elementos diferenciadores que, según él, existían entre los catalanes y la «raza» castellana. El historiador Enric Ucelay-Da Cal, autor de ‘Breve historia del separatismo catalán’ (Ediciones B, 2018), enmarca su trabajo como el propio de «el primer racista desinhibido (y moderno)» y de alguien con «opiniones más o menos fascistas, muy germánicas en cuanto a lo étnico».

Estos planteamientos racistas fueron plasmadas en los libros ‘Diferències entre catalans i castellans’ (1917) y ‘La Raça’ (1930), donde defendió el abismo que separaba a «los catalanes» de «los castellanos» y apuntó el riesgo del matrimonio mixto (que conduciría a aberraciones mentales, degeneración biológica y descomposición moral). Sobre el mestizaje, Rossell escribió en «La Raça» unas líneas que bien podía firmar el Nacionalsocialismo alemán:

«Los mestizos, pues, constituyen una alteración racial; se incluyen en la raza en la forma que pueden y su espíritu se manifiesta en disimulo o en toda apariencia. En las razas donde los mestizos son pocos, las alteraciones mentales de conjunto no tienen importancia y quedan ahogadas por la gran producción autóctona. Pero, en las razas de fuerte contenido extraño, la producción mestiza puede ser abundante y la pureza mental resentir de él».

Rossell era partidario de que «las razas se conservasen puras» y defendía que la «lengua [el catalán] se puede adquirir, pero no la mentalidad [catalana]». El veterinario describió a Castilla como una tierra de místicos, dominadores y fanáticos religiosos, frente a una Cataluña atea dada a hombres de ciencia, como así lo evidenciaba supuestamente la figura de Ramón y Cajal. Adelantándose medio siglo a los delirios historiográficos del Institut Nova Història, Rossell argumentaba sin pruebas que el aragonés Ramón y Cajal era catalán: «Ramón no es un nombre castellano, y Cajal es el Caixal tan abundante entre los ciudadanos honrados de Barcelona».

Dentro de las familias del nacionalismo catalán, Rossell se posicionó como seguidor de Miquel Badia y Josep Dencàs, pero, en opinión de Ucelay-Da Cal, «nunca lideró a nadie, ni siquiera un círculo de discípulos, ni representó nada más allá de su propia opinión». Murió el 25 de julio de 1933 en Barcelona.

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