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Historia

La verdad tras la Masonería: la hermandad oculta que Franco quiso aplastar en la Guerra Civil

Franco quiso aplastar en la Guerra Civil
Franco quiso aplastar en la Guerra Civil
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Manuel P. VillatoroABC

Desde su etapa como general sublevado, el futuro dictador se obsesionó con este grupo y el llamado «contubernio». Años después, aprobó varios decretos que buscaban fusilar a sus miembros y acabar con las logias presentes en España

Lo de Francisco Franco con la Masonería fue algo más que un odio fulgurante; muchísimo más que ese resquemor que un mengano celoso esconde tras una mirada tan aviesa como atemorizada. Lo suyo fue un verdadero acosoderribo y –en última instancia– apaleo en el costado hasta la secreción de sangre. Como repiten hoy los políticos de turno, no lo digo yo, lo dice la historia. Durante la Guerra Civil, el futuro dictador firmó varios decretos que buscaban perseguir y aplastar las logias diseminadas por España. Y, a la postre, orquestó una ley «sobre la represión de la masonería y del comunismo» porque, para él, ambos grupos formaban el famoso «contubernio».

El odio no disminuyó con

el tiempo, sino que se agravó y causó estragos. Según explica el historiador y catedrático Francisco Moreno Gómez en «La Masonería bajo la dictadura franquista», solo en el año 1936 fueron perseguidos y fusilados un mínimo de dos centenares de masones después de que se publicara el primer decreto contra la masonería; aquel cuyo artículo inicial sentenciaba que «la Francmasonería y otras asociaciones clandestinas son declaradas contrarias a la ley» y que todo «activista que permanezca en ellas tras la publicación del presente edicto será considerado como reo del crimen de rebelión». En la práctica, una sentencia de muerte.

Franco quiso aplastar en la Guerra Civil

Fue el primero de muchos. El 21 de diciembre de 1938, ya llegadas las navidades, Franco volvió a la carga y decretó que, por su real naso, «todas las inscripciones o símbolos de carácter masónico, o que pudieran ser juzgados ofensivos para la Iglesia Católica, sean destruidos y eliminados de todos los cementerios de la zona nacional en un plazo máximo de dos meses». La norma fue un preludio de la definitiva «Ley de 1 de marzo de 1940 sobre la represión de la Masonería y el comunismo»; tres páginas en las que el dictador acusaba al famoso «contubernio» de haber favorecido la pérdida del Imperio español y la caída de la Monarquía constitucional. El primer párrafo es bastante ejemplificativo:

«Acaso ningún factor, entre los muchos que han contribuido a la decadencia de España, influyó tan perniciosamente en la y frustró con tanta frecuencia las saludables reacciones populares y el heroísmo de nuestras Armas, como las sociedades secretas de todo orden y las fuerzas internacionales de índole clandestina. Entre las primeras, ocupa el puesto más principal la masonería, y entre las que, sin constituir una sociedad secreta propiamente, se relacionan con la masonería y adoptan sus métodos al margen de la vida social, figuran las múltiples organizaciones subversivas en su mayor parte asimiladas y unificadas por el comunismo».

Su obsesión llegó hasta las imprentas y, en los años cincuenta, el ya jefe del Estado publicó una recopilación de los artículos que había escrito para el diario Arriba contra la Masonería bajo el pseudónimo de Jakim Boor. En ellos no se deshacía precisamente en elogios, sino que tildaba al grupo de un «cáncer que corroe a nuestra sociedad»; una suerte de poderosa secta que «alcanza sus fines gracias al secreto» y a la que era necesario «desenmascarar y sacar a la luz». A su vez, y a lo largo del prólogo, Franco decía zambullirse en el que era «uno de los secretos menos investigados de la Edad Moderna» y uno de «sus más repugnantes misterios».

Franco quiso aplastar en la Guerra Civil

Diantre, si es que hasta cuando pronunció su último discurso en la Plaza de Oriente allá por el 1 de octubre de 1975 frente a miles de personas hizo referencia a la conspiración judeo-masónica. Y eso, cuando faltaba aproximadamente un mes para que muriera bajo el paraguas de Cristóbal Martínez-Bordiú y de un equipo de médicos tan numeroso como especializado. «Todas [las agresiones internacionales] obedecen a una conspiración masónica izquierdista en la clase política en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece. Estas manifestaciones demuestran, por otra parte, que el pueblo español no es un pueblo muerto, al que se le engaña. Está despierto y vela sus razones», afirmó el dictador.

Con todo, hablar de la Masonería se asemeja –al menos hoy– a hacerlo de un ente extraño e incorpóreo; un fantasma con el que asustar a los más pequeños. La relación que se ha hecho en España de esta organización con un enemigo del Estado dibuja a sus miembros como unos diablos con cuernos, rabo y todo aquello que se tercie. Sin embargo, y según explica a ABC el historiador y escritor Mario Escobar (autor de «Historia de la Masonería en los Estados Unidos» y de la más reciente «La reina de Saba») la realidad es mucho más compleja y cuenta con aristas, luces y sombras.

Una definición rápida de Masonería…

La Masonería es una organización que siempre ha tenido un carácter secreto y misterioso. Sus miembros se reúnen en logias y, bajo la idea de fraternidad, defienden ideas de filantropía. Aunque no son un grupo religioso siempre han creído que hay un arquitecto; alguien que ha formado el mundo. Ellos buscan estar en sintonía con él y crear algo.

Franco quiso aplastar en la Guerra Civil
Mario Escobar

¿Cuál es el origen de la Masonería?

En origen, la Masonería era un grupo de constructores de catedrales. Trabajadores que se organizaron en la Edad Media como una suerte de sindicato de colaboración con el objetivo último de evitar que los huérfanos y las viudas de los albañiles que morían por accidentes laborales se quedasen sin recursos. Por eso sus símbolos son la escuadra, el nivel o la plomada y mantienen un sistema parecido al de los gremios (aprendiz, maestro…). Sin embargo, pronto se transformaron en una organización diferente que buscaba influir en la sociedad.

¿Por qué ese carácter secreto?

La Masonería ha evolucionado de forma diferente atendiendo a la región en la que se haya creado. Las logias que se establecieron en las islas británicas eran abiertas y públicas. Un ejemplo es que, cuando la de Londres consiguió convertirse en una de las más grandes de la región, celebró un desfile al que acudieron a cara descubierta. Sus miembros compaginaban pertenecer a este grupo con su fe religiosa. La continental, sin embargo, se enfrentó a retos distintos. En Europa, la Masonería fue un contrapoder; un agente frente a la monarquía y la Iglesia Católica. Se organizó de forma secreta porque dos países católicos no tardaron en prohibirlas y perseguir a sus miembros debido a que la veían como un nuevo actor de poder que no estaban dispuestos a aceptar.

En Estados Unidos la Masonería tiene un sentido más de hermandad. Es público y notorio. Además, el hecho de pertenecer a una logia te puede abrir las puertas a un puesto público. Pero no ocurrió lo mismo en los países católicos por el hecho de que se la veía como un contrapoder. En EE.UU. se llegó a crear una Masonería católica, los Caballeros de Colón. Fue para que los italianos e irlandeses no entraran en los grupos masónicos. Washington, Franklin… Grandes prohombres de los EE.UU. fueron masones. Ellos lo mostraban de forma abierta. En cambio, la masonería española fue atea, algo extraño en el mundo anglosajón.

¿Tuvo un poder real en sus inicios?

La Masonería del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XX tuvo un poder real. No era solo un agente pequeño que intentaba influir en campos como la cultura. Muchos de los presidentes franceses de esos siglos eran masones. En España pasó lo mismo, incluyendo las dos repúblicas. Pero no debemos pensar en la Masonería como un ente compacto. Siempre hubo enfrentamientos entre diferentes logias (algunas más conservadoras, otras más progresistas) por el poder. En todo caso su importancia, en la Revolución francesa primero y, posteriormente, también en la Revolución rusa, demuestra que era algo más que un mero grupo altruista de filántropos. En España, por ejemplo, fue fundamental durante la Ilustración. Sabemos a ciencia cierta que muchos de los ministros pertenecían a ella.

«La Masonería tenía una característica diferencial. Una vez que entrabas en ella, al hacerte hermano masón, formabas parte de un grupo de influencia muy fuerte que te abría puertas públicas y privadas»

¿Qué ventajas ofrecía a sus miembros?

La Masonería tenía una característica diferencial. Una vez que entrabas en ella, al hacerte hermano masón, formabas parte de un grupo de influencia muy fuerte que te abría puertas públicas y privadas. Creaban una comunidad de apoyo mutuo. Si eras masón y querías acceder a un puesto público, por ejemplo, recibías el apoyo de tus hermanos. Y lo mismo pasaba si pretendías formar una empresa o emprender una acción política.

¿Cómo eran sus integrantes?

Sus miembros eran elitistas. Nobles, liberales, aristócratas… Gentes con una educación esmerada que tenían una visión del mundo concreta que estaba en contraposición con los estados absolutistas y una Iglesia monolítica.

¿Cuándo llegó a España la Masonería?

En el siglo XVIII la Masonería hizo los primeros intentos por penetrar en España. Fue en 1728. Luego, en 1768, la gran logia de Inglaterra quiso establecerse de una manera más fuerte. Esos primeros masones eran comerciantes y militares. Sin embargo, la Inquisición se dio cuenta enseguida del peligro que implicaba y, bajo un decreto de Fernando VI en 1751, prohibió su llegada. A partir de entonces comenzó su persecución y se la relacionó con los herejes, los ateos y los judíos. Uno de los primeros grandes masones fue el Conde de Aranda, quien presidió en 1780 la obediencia Gran Oriente de España. Con él, los masones adquirieron gran poder. Eran un número reducido de personas, pero con mucha influencia.

¿Qué aportaba pertenecer a la Masonería en España?

Ellos tenían una visión del mundo muy diferente a la que imperaba en el momento. Buscaban una religión universal, estaban en contra del dogmatismo y abogaban por un mayor poder de la burguesía en un sistema en el que la nobleza más alta era la que organizaba la sociedad. Al principio tenían cierto dinamismo social, cultural y económico. Además, eran una organización en la que se podía debatir sin ser acusado de nada. En España, la Masonería se convirtió en un lugar en el que los librepensadores podían contrastar ideas. Eso la hizo muy atractiva para cierto grupo de liberales y pensadores. Además, les abría puertas sociales y económicas.

Franco quiso aplastar en la Guerra Civil
Cabanellas (a la izquierda), uno de los generales masones de Franco

¿Hubo muchos masones en la Segunda República?

Es difícil saber si hubo más masones en la Primera o en la Segunda República. En ambas la cantidad fue gigantesca. También es cierto que fue imposible demostrar todo su poder en estos períodos históricos porque fueron relativamente breves. En el Sexenio Democrático, si incluimos la parte de Amadeo de Saboya, hubo una influencia potente de la Gran Oriente Nacional de España y Gran Oriente de España. Destacaron masones como Práxedes Mateo Sagasta o Cánovas del Castillo. En las cortes del 31, según varios autores, de 458 diputados, unos 183 eran masones. Principalmente estaban en los partidos de izquierda. El Partido Radical (34-54), Esquerra Republicana (10-26), el PSOE (aproximadamente 44) o el Partido Radical Socialista (unos 34). En la derecha sí se entendía como un peligro.

¿Era público y notorio?

La apreciación estaba en los medios de comunicación. Ya se hablaba de ello. Era algo común, casi voz populi. La única vez en la que los masones sacaron a la luz su ideología fue en el Sexenio Democrático. Llegaron a publicar un periódico en el que exponían sus ideas. En la Segunda República estuvo más oculto, pero se sabía que había muchos políticos, intelectuales y empresarios en ella. También es cierto que no todos ellos buscaban los mismo. Había ultranacionalistas catalanes que defendían la independencia, hasta marxistas revolucionarios. No eran un bloque, había una diversidad de pensamiento enfocada hacia el liberalismo.

Se sospecha que rechazaron a Franco…

Siempre se ha dicho. Se sabe que su hermano Ramón y su padre pertenecían a la Masonería. Se cree que él había intentado entrar, pero su ideología le cerró las puertas.

Pero hubo muchos militares en las logias…

Sí. Es curioso, pero hubo una gran tradición de militares que pertenecían a logias masónicas. Era otro de los grupos que más miembros aportaban hasta la Guerra Civil. Había hasta generales que apoyaron el golpe de Estado y, luego, estuvieron en el bando franquista. El más famoso fue Miguel Cabanellas. Este fue uno de los que más se opuso al propio Franco. Pero también Gonzalo Queipo de Llano.

¿Cuándo forjó Franco este odio a la Masonería?

Al principio no hubo mensajes antimasónicos. Fue avanzado el 36 cuando Franco motivó la creación de una ideología unitaria en la que la lucha contra la Masonería fue una de las banderas. En ese momento nació la idea de Cruzada y la esencia de guerra antijudía y antimasónica de la Guerra Civil.

«En las cortes del 31, según varios autores, de 458 diputados, unos 183 eran masones»

¿Acabó Franco con la Masonería en España?

La Masonería quedó desmantelada por completo durante el franquismo. Se logró frenar y quitarle influencia. No fue hasta la Transición que se volvieron a instalar, pero ya sin la fuerza que tuvo durante las repúblicas y hasta los reinados de Alfonso XII y XIII. Pero es entendible, en una democracia libre se pueden contrastar ideas. Ahora la Masonería ha cambiado.

Hubo fusilamiento de líderes acusados de pertenecer a la Masonería. El pastor protestante Atilano Coco, amigo íntimo de Miguel de Unamuno, es un ejemplo. Pero la clave es que estaba muy unido. La mayoría pertenecían a grupos políticos contrarios al régimen.

¿Dónde queda esa Masonería más oculta?

Hubo otra Masonería más esotérica. Una que rozaba la brujería. Esa fue la del rito escocés, que se extendió luego a Francia, y está detrás de los procesos de revoluciones como la francesa. También influyó en la guerra civil americana. Su desarrollo tiene muchos puntos oscuros, otra de las cosas que perseguía la Iglesia Católica. Afirmaba que eran conspiradores.

Los de la escocesa se asemejaban a los ritos de las religiones mistéricas que surgieron en el Imperio Romano, A los cultos a Isis, por ejemplo. Era una iniciación a una serie de secretos. El aprendiz era captado por otros masones que podía encajar en la organización. Después se convertía en hermano, el eslabón siguiente. Hacían una ceremonia muy oscurantista que jugaba con las tinieblas y la luz. El último escalón era el maestre.

¿Es la Masonería un agente determinante en la Historia?

La Masonería tiene tantas tramas que es difícil abarcarla. Destaca su importancia en la Guerra Civil americana, la IIGM… Incluso en acontecimientos del siglo XX. Ha estado detrás de movimientos religiosos. Más de tipo satánico. Ha entrado en el cine, la música, escritores… Lo ha impregnado todo durante siglos. En nazismo destaca la teosofía, surgida de sus ideas. Podemos decir que en mayor o menor medida ha estado impregnándolo todo durante los últimos 250 años. Actores, famosos, políticos…

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