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El desembarco que cambió la Historia: la entrada de Carlos de Habsburgo como un elefante en España

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César CerveraABC

Tras una larga investigación, F. Javier López Martín publica su monumental libro sobre la llegada de Carlos I a España y todas las conspiraciones que surgieron a su paso

Se supone que los cañones hacen «pum» y, a veces, cuando se les calienta mucho la boca, sueltan algún que otro «cataplum», pero no suelen ser muy locuaces. Cuando F. Javier López Martín se puso en 2006 a interrogar a una lombarda de bronce con nombre de mujer jamás imaginó que le contaría tantas cosas. «Me llamo Rosita, traigo muerte y parálisis, en el año 1509 me ha fundido Hans Vastenone», respondió a través de una inscripción la lombarda depositada en el Museo de San Telmo de San Sebastián.

Aquella respuesta tétrica sumió a este historiador especializado en artillería en una investigación, «repleta de obstáculos», que ya dura más de diez años y que ha quedado plasmado en el libro

«El primer viaje de Carlos de Habsburgo a España y el hundimiento del Engelen», editado por la Fundación Alvargonzález y la Fundación José Cardín Fernández. Tirando y tirando del hilo, del cañón saltó a un barco de origen nórdico llamado Engelen, de la embarcación al entramado político de Dinamarca, y del reino de Cristian II a la agitada Castilla del siglo XVI… Todos estos elementos, en apariencia inconexos, sirvieron al investigador para adentrarse en uno de los tres desembarcos que, según Sánchez Albornoz, cambiaron la historia de España: la primera venida de Carlos de Habsburgo a la península.

«Este viaje transformó Europa y especialmente España, porque supuso un cambio de dinastía y complicó el panorama internacional del país hasta lo indecible. Juana, mal llamada la loca, era la legítima Reina de Castilla y Aragón tras la muerte de Fernando El Católico, pero con la llegada de Carlos se liquidaron sus derechos y se puso punto final a su dinastía», asegura López Martín, que ha estudiado cada detalle sobre los dos años en los que los consejeros flamencos prepararon el terreno a la llegada del adolescente. Para esta entrada que pretendían triunfal, Carlos logró que su cuñado Cristian II pusiera a su disposición el Engelen, un barco de batalla de 35 metros de eslora, el orgullo de la flota combinada de Dinamarca, Suecia y Noruega.

«Eligieron ese punto de España, precisamente, por lo recóndito del lugar y para evitar enfrentarse a los poderes castellanos»

Mientras tanto, el Cardenal Cisneros, hombre fuerte en este juego de tronos, se desesperó sosteniendo a la excitable nobleza y pidiendo a Carlos que viniera cuanto antes a tomar la corona. Sus consejeros flamencos, ávidos por repartirse los cargos y prebendas españolas, respondieron a la lealtad del clérigo castellano con desprecio e ignorando sus consejos.

Si bien siempre se pensó que debido a una tormenta el Engelen tuvo que atracar en el pequeño pueblo asturiano de Tazones, López Martín demuestra en su libro que aquel desembarco sin orden ni concierto no tuvo nada de improvisado: «Eligieron ese punto de España, precisamente, por lo recóndito del lugar y para evitar enfrentarse a los poderes castellanos. El resto de la flota llegó a Santander al día siguiente sin problema, pero el Rey y su séquito prefirieron realizar un trayecto alternativo para entrar en Castilla».

Retrato del joven Carlos I de España, posterior a 1515 por Bernard van Orley.
Retrato del joven Carlos I de España, posterior a 1515 por Bernard van Orley.

En la última carta que recibió el anciano Cisneros, dos días antes de fallecer, los consejeros del Rey le anunciaban que al fin vería al monarca, pero que luego debía irse a descansar a sus dominios. Su tiempo en el gobierno había terminado», resume el historiador.

Un misterioso hundimiento

Tras depositar al nuevo Rey de España en su redil, donde le esperaban duras luchas por ganarse el corazón de sus súbditos, el flamante barco se fue a invernar a Pasajes (San Sebastián) a la espera de nuevas órdenes. Es entonces cuando el futuro Emperador del Sacro Imperio Germánico decidió que su hermano pequeño, el Infante Fernando, fuera trasladado a Flandes en el Engelen para evitar a la liga de nobles que reclamaban, frente a los desprecios extranjeros, que fuera este hijo autóctono de Juana el que reinara en el país. «No he encontrado documentación ni pistas de que Fernando alentara las protestas o conspiraciones contra su hermano, aunque sí por parte de su camarilla. El sentimiento familiar era muy fuerte entre los hermanos y, por eso, acató la decisión», señala López Martín.

Portada del libro de Javier López Martín.
Portada del libro de Javier López Martín.

El hecho de que el Engelen resultara poco después hundido por un supuesto accidente con la brea plantea la duda de si alguno de los seguidores de Fernando no la acató de tan de buen grado. «Todo apunta a un sabotaje para impedir la salida de Fernando, pero es imposible saberlo. Nadie dejaría una orden así por escrito», aclara.

El Infante Fernando finalmente abandonó el país y, lo cual no entraba en los planes de nadie, también lo hizo Carlos I, que marchó rápido a Alemania a reclamar el trono imperial de su abuelo Maximiliano I. Atrás dejó a un país levantado en armas por la llamada rebelión de los comuneros y un barco danés que nadie quería recuperar. La disputa entre la corona y las autoridades locales por quién debía pagar el rescate submarino del buque hizo honor a la actual España de las autonomías y ha provocado que hasta hoy la ubicación del pecio no esté clara.

Eso sí, el primer día del hundimiento se rescataron buena parte de sus piezas artilleras en un hito logístico sin igual en ese siglo. «Todo el mundo conoce la historia de grandes barcos recuperados, como el Vasa sueco, pero una campaña de recuperación como esta no tiene igual en fechas tan antiguas. Recuperaron 129 componentes de artillería e incluso trataron de sacar el barco entero», recuerda López Martín, quien no tiene dudas de que si esto hubiera ocurrido en Francia o Inglaterra «habría museos gigantes montados en torno al hundimiento».

En busca del pecio

Lo que tiene el Engelen, en cambio, es olvido y desidia por parte de las administraciones públicas encargadas de buscar el pecio. A través del estudio minucioso de la documentación, el autor de «El primer viaje de Carlos de Habsburgo a España y el hundimiento del Engelen» delimita en su obra cuatro lugares posibles donde pudo naufragar el barco. «El que más visos tiene está hoy ocupado por unas embarcaciones de recreo y va a ser difícil hacer algo ahí», sostiene López Martín. Ahora toca ver si el libro da en la diana y hace que las autoridades culturales se pongan manos a la obra.

«En el País Vasco siempre me han insistido en que les interesa más la historia vasca que tiene este barco danés que trajo al Rey a España, pero sí ha habido interés. Más dificultades que con el ayuntamiento de San Sebastián o el de Pasajes los he tenido con los responsables del Ministerio de Cultura, que me dijeron que no quieren entrar en conflicto con el poder regional, a pesar de que el puerto es de competencia estatal», explica. La experiencia de Tazones, que cada año celebra con actos culturales el desembarco de Carlos I, es la prueba viva de que encontrar el pecio y crear un centro de interpretación puede repercutir en pingües beneficios para toda la sociedad.

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