Historia

De la amputación a la decalvatio: los castigos más brutales de los visigodos en Hispania

El historiador Daniel Gómez Aragonés, especializado en la era visigoda, organiza junto a Gonzalo Rodríguez visitas guiadas que buscan descubrir el Museo Arqueológico Nacional

Daniel Gómez Aragonés no es un historiador al uso. Nacido en Madrid, aunque de corazón toledano, representa el arquetipo de un verdadero monarca hispano del siglo VII: pelo largo, barba espesa y, en los brazos, un tatuaje de la fíbula aquiliforme visigótica de Alovera. Vive el pasado y, como tal, ha dedicado su vida a los ensayos (el último, ‘ Historia de los visigodos’), a impartir conferencias y, entre otras tantas cosas, a organizar encuentros que buscan descubrir la antigua ‘urbs regia’ y el casco antiguo Madrid. Su enésima aventura la inició en 2018, cuando él y sus compañeros orquestaron dos visitas guiadas a través del corazón de la exposición del Museo Arqueológico Nacional. Aunque en ellas recorren toda

la historia de España, él guarda especial cariño a sus «queridos visigodos», un pueblo en el que nuestra patria hunde sus raíces y que, entre otras tantas costumbres, solían castigar a sus enemigos con la famosa ‘decalvatio’.

¿Cómo comenzaron estas visitas?

Llevamos casi quince años haciendo rutas de este tipo a nivel general. El centro neurálgico siempre ha sido Toledo, pero, de un tiempo a esta parte, vimos como un paso lógico expandirnos a Madrid por la cantidad de público que venía de la capital. Con esa idea iniciamos una colaboración con el Museo Arqueológico Nacional y, en diciembre de 2018, inauguramos nuestras propias visitas guiadas al centro. En su momento la iniciamos con una primera parte que llamamos ‘Raíces y esencias de Hispania’ y, luego, añadimos una segunda, ‘Reconquista e Imperio’. Siempre las hacemos a dúo mi compañero Gonzalo Rodríguez y yo una o dos veces al mes y la aceptación del público ha sido muy buena. Las organizamos a través de www.paseostoledomagico.es y www.danielgomezaragones.com.

¿Cuál es la estructura de las dos visitas?

Siempre decimos que a nivel genético somos celtas e íberos; a nivel de cultural somos romanos y a nivel de proyecto ideológico e identitario somos el Reino de Toledo. Por eso, en la primera parte recorremos las áreas de protohistoria, historia romana y antigüedad tardía. A partir de temas como Numancia, el cristianismo o las invasiones bárbaras vamos hilando un discurso lleno de épica, rigor y pasión que nos sirve para entroncar con nuestra raíz más profunda. La parte dos cierra el círculo. Vemos qué fue la invasión islámica, Al-Ándalus, la Reconquista Restauración, el significado de los reinos cristianos del norte peninsular, el arte andalusí, la obra de los Reyes Católicos, la llegada del Renacimiento, lo que significa el Imperio español o la llegada de los Borbones. Este recorrido nos permite entender que no hemos inaugurado nada y que detrás de nosotros hubo muchísima gente que hizo la historia de España con sus claros y oscuros.

Ha tocado varios temas de interés. Uno de ellos es la controversia que existe entre los términos Reconquista y Restauración. ¿Cuál cree que es el más adecuado?

Los dos. Decimos en las visitas que es una discusión bizantina. Se les quiere dar un carisma marcadamente político. Está claro que ni Alfonso II, ni Alfonso III, ni Alfonso VI, ni Alfonso VII, ni Fernando III el Santo, ni Alfonso X, ni los Reyes Católicos utilizaron el término Reconquista. Fue un concepto desarrollado en el siglo XIX para explicar un largo y peculiar proceso histórico. A mí me parece válido, pero si no queremos utilizarlo, nos podemos valer también de un vocablo que sí se utilizaba en la Edad Media y que está recubierto de sacralidad como es el de la Restauración. No hay que darle más vueltas.

¿Cuál fue la importancia del Reino de Toledo y su implicación en la creación de cierta unidad territorial?

Hay cierta obsesión por fechar el nacimiento de España. Quizá por la influencia de Estados Unidos, que cuenta con un momento de arranque tan claro. ¿Fue con los Borbones, con los Reyes Católicos o con las Navas de Tolosa? Me parece otra discusión bizantina. No podemos elegir un momento determinado, todo es una cuestión de desarrollo. España no surgió por generación espontánea. Por eso hacemos estas visitas, porque todo es parte de un proceso.

Lo que sí podemos tener claro es que el germen está en el reino de Toledo. Ese ‘Regnum Gothorum’ que, poco a poco, se transformó en el ‘Regnum Hinpaniae’. Tenemos un ejemplo claro de su importancia en esa ofuscación por reconquistar la ciudad siglos después. ¿Por qué? Porque hacerse con la ‘urbs regia’ era un hito en la historia de España que llegaría a toda Europa, una forma de demostrar el poder cristiano. Por otro lado, hay una clara identificación entre lo que es Hispania –un concepto que ya surgió con Roma– y la monarquía visigoda. Al final, una vez que estudias este reino detectas un anhelo de unidad, que, además, se consiguió a todos los efectos y en todos los ámbitos –territorial, legislativo y religioso–.

¿Cuáles fueron los grandes avances que se hicieron el Reino de Toledo?

El reino visigodo de Toledo fue la monarquía más potente de las que surgieron sobre las cenizas del Imperio Romano de Occidente. Nos dejó un legado cultural fascinante con la figura de San Isidoro de Sevilla, un tipo que, en el siglo VII, estaba escribiendo una Wikipedia de la época. Esos personajes como San Julián, San Ildefonso, San Leandro… Esos reyes como Leovigildo, que debería tener una estatua en cada ciudad de España… Esas iglesias como San Juan de Baños, San Pedro de la Nave… Esos yacimientos arqueológicos como Guarrazar Recópolis… Afectó a todos los niveles. Un ejemplo es que, si la cultura de este país, la idiosincrasia, independientemente de lo que creamos, ha sido católica es porque tuvo lugar el Tercer Concilio de Toledo con Recaredo. Es un legado que a veces ha sido maltratado o manipulado, pero no podemos entender nuestra historia sin él; con sus claros y sus oscuros.

En los oscuros se incluyen las luchas fratricidas…

Las luchas civiles y fratricidas se dieron en todas las monarquías germánicas y a lo largo de todo el Imperio Romano. El famoso ‘ Morbus Gothorum’ no es más que pura leyenda negra. Lo inventó un franco, Gregorio de Tours.

¿Qué pieza del Museo Arqueológico Nacional resume la importancia del Reino de Toledo?

Una ubicada en la sala de la antigüedad tardía. Es una vitrina que recoge dos enterramientos, uno masculino y otro femenino, del yacimiento de Castiltierra, en Segovia. Ahonda en una serie de principios que nosotros desarrollamos a lo largo de la visita: la estética, la feminidad, el armamento, el arquetipo del héroe… Sorprende que hay un peine. Es destacable porque denota la importancia que tenía en el hombre el pelo pargo y la barba, así como la ‘decalvatio’. Una serie de rasgos simbólicos que, hace dos mil años, eran claves para entender el día a día de esta gente.

¿La ‘decalvatio’?

Era uno de los peores castigos que se podían recibir en la época visigoda y lo encontramos en diferentes rebeldes que se opusieron al rey legítimo de turno. Consistía en rapar a tu enemigo. Llama la atención porque, aunque los visigodos adoptaron muchas sanciones romanas, esta era propia. Por un lado, certifica la importancia de llevar la barba y el pelo largos y cómo el hecho de que alguien te rasurase conllevaba una inhabilitación para el mando político, administrativo o militar. Entronca además con el significado que tenía la melena en su sociedad. Era una cuestión hasta mágica. El hecho de que a un personaje se le enterrase con su espada y con su peine no era casual. Le daban mucha importancia.

¿Hubo otros castigos?

Varios muy comunes como cortar la mano derecha por ser aquella con la que se manejaba la espada. En la época del reino visigodo de Tolosa, con Alarico II, se sabe que metieron a un rebelde dentro de un toro de bronce y lo pusieron al fuego. También la tonsura y el encierro del enemigo dentro de un monasterio.

¿Cómo era su estilo de combate?

Es una de las cuestiones que comentamos en la visita porque siempre nos preguntan por el contraste entre armas como la falcata y las espadas visigodas. La diferencia más destacable es en el tamaño. Las visigodas eran más grandes porque se usaban a caballo. Y es que, el elemento definitorio de su ejército era la caballería. Una de las cosas más espectaculares que se podían ver durante los siglos VI y VII en un campo de batalla era una carga de jinetes godos; tanto ostrogoda como visigoda. También me gusta incidir en que, aunque las películas nos muestran a los guerreros a pecho descubierto –marcando tableta de chocolate–, un miembro de la aristocracia guerrera de la época iría como Robocop. Esa élite no quería morir porque tenía hijos, tierras… Por otro lado, las armas más abundantes de aquella época no eran las espadas, que eran muy caras, eran el hacha y la lanza.

¿Hubo alguna unidad de élite dentro del ejército visigodo?

Más que de unidad de este tipo, algo complicado en el periodo, hay que tener en cuenta que había una aristocracia guerrera. También estaba el conde espatario y los espatarios, la guardia del rey. Aunque debemos quitarnos la imagen de ejército profesionalizado, en el siglo VII encontrarte a un tipo que iba a caballo, con un armamento defensivo espectacular (cota de malla, escudo y casco cónico con una crin de caballo a modo decorativo), era algo muy peligroso.

¿Qué diferencias hay entre las charlas ‘de calle’ que imparten en las ciudades y las del museo?

Son diferentes. Cuando hablas de una hechicera, de un inquisidor, de San Isidro o de Alfonso X por las calles de Toledo y Madrid el público no los está viendo, así que debes recrearlos para que los sientan. Pero, cuando estás en el Museo Arqueológico Nacional y a unos pocos centímetros tienes la Dama de Elche o el Tesoro de Guarrazar, la realidad es que tienes que hacerlo muy mal para que la gente no se emocione. De hecho, nosotros mismos nos emocionamos. En mi caso, con piezas visigodas como las figuras aquiliformes de Alovera. Las cuales, por cierto, llevo tatuadas en los brazos.

¿Qué pretenden con estas visitas, cómo son?

Las premisas de las que partíamos eran que en una sola visita no se podía ni se debía abarcar todo el museo y que había salas a las cuales no íbamos a entrar porque se salían del discurso que queríamos hilar. Nosotros no hacemos un recorrido al uso, puramente arqueológico; no vamos pieza a pieza ni apabullamos con datos. Queremos que el público conecte con su historia. La idea es que se entienda que el país en el que vivimos no surge de forma espontánea, sino que hay un zócalo.

¿Cuál es la pieza a la que le tiene más cariño del museo?

Me lo pones muy difícil, hay muchas… [se hace el silencio]. Antes de nada, me gustaría decir que España y los españoles deberíamos sentirnos orgullosos de tener ese museo en el corazón de Madrid. A partir de aquí, te puedes imaginar que mi parte favorita es la visigoda. Las figuras aquiliformes, las espadas, las hebillas… Aunque siempre bromeamos diciendo que, si España volviese a sufrir una invasión como la del 711 o la de 1808 y tuviésemos que llevarnos dos elementos para ‘reiniciar’ el museo en otro lugar, lo tendríamos claro: la Dama de Elche y el tesoro de Guarrazar.

El tesoro ha estado rodeado de cierta controversia; en los años treinta, por ejemplo, varias piezas desaparecieron…

No me gustan este tipo de controversias. Lo importante es que el tesoro lo tenemos aquí. No somos conscientes, mucho más allá del valor económico que tiene, de su simbolismo. Es una clara conjunción del poder político y del poder religioso visigodo; lo que me gusta llamar el plano horizontal y el plano vertical (iglesia y monarquía, los pilares de su estado). Aquí manda la historia, que es la historia de España, y con sus elementos no podemos hacer otra cosa que enamorarnos. Más allá de eso, hay que aprender de los errores que se han cometido para no volver a repetirlos.

Añade un comentario

Pulsa aquí para comentar

Mercedes Benz
The new Mercedes-Benz C-Class