Historia

Cuando también la izquierda de Hispanoamérica elogiaba a los conquistadores españoles

Marcelo Gullo Omodeo, autor de ‘Madre patria’ (Espasa), repasa en su obra la opinión positiva que los padres de las grandes naciones de Hispanoamérica tenían sobre España y la influencia que éstos jugaron sobre las siguientes generaciones, incluso cuando el marxismo desembarcó en el continente con ideas propias de la Leyenda Negra

Las estatuas y símbolos que indigenistas y fuerzas de izquierda están derribando en los últimos años en América no fueron colocados por los españoles, ausentes políticamente en el continente, sino por los propios hispanoamericanos una vez se enfriaron las pasiones de la independencia. Incluso personajes de izquierda o de las llamadas fuerzas progresistas se batieron en elogios con los conquistadores y con el legado hispánico que corre por la sangre del continente.

Marcelo Gullo Omodeo, autor de ‘Madre patria’ (Espasa), repasa en su obra la opinión positiva que los padres de las grandes naciones de Hispanoamérica tenían sobre España y la influencia que éstos jugaron sobre las siguientes generaciones de políticos e intelectuales, incluso cuando el marxismo desembarcó en

 el continente con ideas propias de la Leyenda Negra. Buen ejemplo de esta primera generación de hispanistas fue Manuel Baldomero Ugarte, un influyente político argentino que militó un tiempo en el Partido Socialista y que defendía la importancia de separar las mentiras de la Historia:

Portada del libro ‘La Madre Patria’

«Ciertas prédicas tendenciosas han denigrado a España en todos los aspectos, creando leyendas sobre la crueldad de la conquista, sobre el desamparo en que quedaron las colonias, sobre la dejadez de la estirpe, sobre su incapacidad para la vida. Influenciados por esta prédica llegaron algunos a formular la oprobiosa lamentación: “Es lástima que no nos colonizaran los ingleses”, disparate suicida y confesión de pauperismo mental».

De la misma opinión eran intelectuales como el uruguayo José Enrique Rodó, el mexicano José Vasconcelos o el argentino Manuel Gálvez, representantes de distintas ideologías que tenían en común la idea de unificar «la América española» y erradicar las ideas de odio que corrían sobre los españoles. Las tesis de estos defensores de lo español frente a las corrientes anglosajonas que bajaban del norte sobrevivieron incluso a los ecos de la Revolución Rusa. Como recuerda el autor de ‘Madre patria’, dos presidentes de Argentina, Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón, creadores de los movimientos de masas más importantes de la historia de este país, bebieron ampliamente de las ideas de la generación anterior.

Hipólito Yrigoyen fue responsable de que Argentina fuera la primera república americana en oficializar y festejar el 12 de Octubre como su fiesta nacional, incluso antes de que lo fuera en España. El decreto que aprobó el 4 de octubre de 1917 para establecer esta fiesta nacional, decía:

«Que la España descubridora y conquistadora volcó sobre el continente enigmático el magnífico valor de sus guerreros, el ardor de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, la labor de sus menestrales, y derramó sus virtudes sobre la inmensa heredad que integra la Nación Americana».

Soñadores de la fe

Juan Domingo Perón, tres veces presidente de Argentina y constructor del partido que hoy representa Cristina Kirchner, no solo defendía que «la obra de España en América no tiene paragón en la historia», sino que se mostraba fascinado con esos quijotes que habían sido los conquistadores:

«Era un puñado de héroes, de soñadores desbordantes de fe. Venían a enfrentar a lo desconocido; ni el desierto, ni la selva con sus mil especies donde la muerte aguardaba el paso del conquistador en el escenario de una tierra inmensa, misteriosa, ignorada y hostil».

En términos muy parecidos se mostró su esposa, mujer muy implicada en política, cuya figura se suele incluir de forma torticera en los orígenes del «progresismo indigenista» a pesar de que llegó a afirmar cosas tales como que «la conquista fue la empresa más noble que conocen los siglos»:

«La leyenda negra solo tuvo validez en el mercado de los tontos o los interesados. A nadie engañó que no quisiera ser engañado».

Víctor Raúl Haya de la Torre, pensador y político de izquierda peruano, se le suele tachar de anti-hispánico e indigenista por proponer usar el nombre de «Indoamérica» en vez de Hispanoamérica o América Latina. Sin embargo, esta propuesta se basaba no en los indios, sino en Las Indias, el nombre original con el que los españoles denominaban el continente:

«El vocablo Indoamérica es de todos modos de origen ibérico y es, por tanto, de extracción latina, al mismo tiempo que conserva la auténtica denominación del Descubridor y su primer defensor, Las Casas».

El peruano creía que defender a los indios, que era una cuestión económica y no racial, no estaba reñido con aceptar el legado hispánico y con buscar las causas de su pobreza en el presente, no en lo que ocurrió o dejó de ocurrir cuatrocientos años antes.

Del Che a Castro

Ernesto Guevara, El Che, no era tampoco sospechoso de imperialista o de persona de ideas conservadoras, pero jamás se recreó culpando a España de los males que sufría el continente en el siglo XX donde él desarrolló su actividad guerrillera. Sus textos de viaje muestran sin tapujos su admiración hacia los conquistadores españoles:

«En estas pampas de aridez absoluta hace de día un calor bochornoso y refresca bastante al llegar la noche, característica de todo clima desértico, por otra parte; realmente impresiona el pensar que por estos lados cruzó Valdivia con su puñado de hombres, recorriendo 50 o 60 kilómetros sin encontrar una gota de agua y ni siquiera un arbusto para guarecerse en las horas de más calor. El conocimiento del lugar por donde pasaron aquellos conquistadores eleva automáticamente la hazaña de Valdivia y sus hombres para colocarla a la altura de la más notable de la colonización española…».

«No he tenido el más mínimo propósito de humillar a los españoles», por los que decía sentir «gran admiración, respeto y agradecimiento»

El cubano Fidel Castro, con sangre gallega, sentía gran amor hacia la Madre Patria, la tierra de su querido padre, pero sabía, como recuerda Gullo Omodeo en su obra, que dentro del conjunto de ideas comunistas que importó de la Unión Soviética estaba incluida la Leyenda Negra. No podía dejar de repetir ciertos tópicos… Durante la visita de Juan Pablo II a Cuba el 21 de enero de 1998, Castro cargó contra la conquista de América y denunció los crímenes contra « los pueblos originarios» cometidos por los españoles. No en vano, pocos días después se apresuró a matizar sus palabras con las que «no he tenido el más mínimo propósito de humillar a los españoles», por los que decía sentir «gran admiración, respeto y agradecimiento»:

«Ni siquiera he querido atacar a los españoles de la época de la colonia, ni mucho menos a los de ahora. No es al pueblo español, ni al Gobierno actual ni al colonial al que ataqué. Denunciamos sistemas, en este caso el sistema colonial, pero no al pueblo español. Quisiera dejar eso bien claro».

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