Historia

Belisario, el general romano que logró reconquistar Italia y el norte de África en plena Edad Media

El comandante de Justiniano I era un hombre sosegado, analítico y, a pesar de ciertos claroscuros en su carrera, con gran preocupación por el bienestar de las poblaciones civiles

Se le empezó a llamar Imperio bizantino a partir del siglo XVI y a vincularle al exceso oriental, a la decadencia y a las conjuras, pero en sus mil años de existencia ni se llamó así ni se le pudo calificar de decrépito. Lo que hoy se denomina como Bizancio fue en su día simplemente el Imperio romano, el legítimo y más sólido heredero de Roma. Entre sus generales más laureados destacó Flavio Belisario (505-565), protagonista militar de la expansión del Imperio en el Mediterráneo occidental durante el reinado de Justiniano I el Grande. Monarca y comandante lograron que Oriente se reencontrara con Occidente.

Frente a vándalos, ostrogodos, persas y hunos, Belisario tiró de genio para suplir los efectivos

y los recursos que el Emperador Justiniano, siempre receloso de su popularidad, le escatimó sistemáticamente. La editorial HRM Ediciones acaba de publicar ‘Flavius Belisarius: magister Militum del Imperio Romano Oriental’, escrito por el historiador Arturo S. Sanz, para mostrar las luces y sombras de este general, desde la masacre de civiles en Nika a la reconquista de Cartago y la propia Roma, que estaba ya entonces en manos de los bárbaros.

Un 45% de incremento

«A lo largo de toda una vida dedicada al servicio de la corona romana oriental, Belisario logró lo que ningún otro general bizantino en la Historia, fue capaz de vencer a todos sus enemigos en tres continentes distintos. Demostró siempre tener una capacidad para la táctica y estrategia militar al alcance de muy pocos en la época, y sus éxitos contribuyeron a engrandecer no solo al Imperio bizantino, sino a la figura de su principal promotor, Justiniano», explica S. Sanz en su libro. Entre los dos lograron incrementar el tamaño del Imperio en un 45 %.

Belisario era un comandante sosegado, analítico y, a pesar de ciertos claroscuros en su carrera, con gran preocupación por el bienestar de las poblaciones civiles. Se ganó tanto el respeto de sus enemigos, que trataron de ofrecerle la corona en la península itálica, como de sus hombres. Al igual que Alejandro o Aníbal no dudaba en ponerse al frente de sus tropas cuando era necesario en los campos de batalla. Gracias a ese compromiso logró que sus hombres nunca se levantaran contra él, aun cuando la soldada se retrasaba con frecuencia.

«Estaba dispuesto a evitar el combate, y con ello el peligro para sus hombres, siempre que fuera posible, recurriendo al ingenio para poner en práctica las estratagemas más insospechadas que lograran propiciar la retirada del enemigo», señala el autor de ‘Flavius Belisarius: Magister Militum del Imperio Romano Oriental’ sobre un general que fue tratado con desprecio por Justiniano, a pesar de todo los territorios y victorias que le entregó.

A recuperar África e Italia

Valiéndose de sus habilidades, el Magister Militum inicio su meteórica carrera combatiendo en el frente oriental contra los persas sasánidas, lo cual permitió, sin batallas de relumbrón, que los bizantinos pudieran despreocuparse de aquella frontera y lanzarse al viejo sueño de Justiniano de recuperar lo que Roma había perdido en Occidente. Belisario, probablemente nacido en lo que hoy es Bulgaria, se apoderó de la Italia de los ostrogodos y el África de los vándalos aprovechando los problemas internos en estos territorios.

En Italia, la reina Amalasunta decidió casarse tras la muerte de su joven hijo Atalarico con Teodato, duque de Tuscia, que le envió a prisión y le hizo ejecutar a la menor ocasión. El ejército de Belisario empleó esa excusa para hacer acto de presencia y castigar a Teodato. Los ostrogodos, no obstante, se mostraron como un enemigo encarnizado y obligaron a Belisario a mostrar sus mayores virtudes frente a tropas superiores en número.

La leyenda cuenta que el Emperador nunca le perdonó y meses después de su liberación ordenó que le fueran sacados los ojos

Tras salvar hacia 559 la propia Constantinopla de una acometida de kutriguros, la fama de Belisario alcanzó tales niveles entre el pueblo que Justiniano le vio como una amenaza para su trono. Una conjura de nobles extendió falsos rumores sobre el general, de 57 años, y le confrontó al Emperador. No ayudó la poca discreción de su esposa Antonina, a la que se mantuvo fiel a pesar de todo. Se le juzgó y se le consideró culpable de distintos cargos de conspiración, pero Justiniano lo perdonó, ordenó su puesta en libertad y le devolvió el favor real en la corte durante una temporada.

Con todo, la leyenda cuenta que el Emperador ordenó al cabo del tiempo que le fueran sacados los ojos y se le arrebataran todas sus riquezas, de modo que no le quedó más remedio que pedir limosna por las calles de Constantinopla. La historia es probablemente falsa, «aunque no son pocos los especialistas que la avalan», como apunta S. Sanz en su obra. Belisario y Justiniano murieron con pocas semanas de diferencia entre ellos, ambos en el año 565.

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