Historia

Así se convirtió la España de los Reyes Católicos en el país más avanzado en psiquiatría de Europa

El padre Jofré defendiendo a un loco
El padre Jofré defendiendo a un loco
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César CerveraABC

A pesar de que la Leyenda Negra ha presentado el país como un páramo científico, el modo humanitario de tratar a los enfermos mentales está reconocido internacionalmente como una de las características pioneras de los hospitales para dementes fundados en España a partir del siglo XV

Íñigo Errejón ha llevado al Congreso de los Diputados esta semana el debate sobre si España, donde 6 de cada 10 personas sufren depresión, según datos del CIS, dedica suficiente dinero a la inversión en tratamientos y centros públicos dedicados a la salud mental. Los datos actuales dejan mal al sistema de salud en este apartado, pero la historia, a pesar de la capa reglamentaria de Leyenda Negra, muestra que España fue un país pionero en cuanto a lo que hoy se llaman centros psiquiátricos.

Juana no estaba hechizada, y lo sabían

En contraste con el apelativo de connotaciones supersticiosas que hubiera recibido en cualquier otro país de Europa, tal vez «La Posesa» o «La Hechizada» (como su descendiente Carlos II, que vivió tiempos posteriores

pero más oscuros), a Juana, la hija de los Reyes Católicos, los españoles de su tiempo la apodaron «La Loca» porque sabían, aunque no supieran exactamente cómo tratarlas, que había enfermedades que secaban la mollera.

Jofré llegó a ser conocido en toda Europa por los métodos de tratamiento que usaba en este centro, que incluían la retirada de las ataduras a los dementes y el inicio de la laborterapia, las actividades de trabajo en las fincas agrícolas que se realizaba en los manicomios

Esto fue posible porque en el siglo XV España tenía la red más amplia de hospitales psiquiátricos del mundo. Hacia 1409, se había fundado en Valencia el primer centro psiquiátrico con una organización terapéutica a iniciativa del padre mercedario Juan Gilabert Jofré. Este fraile tomó esta decisión tras presenciar el maltrato que se le daba a un loco en una ciudad española. Según cuenta la tradición, iba a la catedral para predicar el sermón de cuaresma, cuando vio que la chusma perseguía y apedreaba a un enfermo mental. A continuación, se llevó al hombre herido a su convento para curarlo, y en el sermón clamó: «En la presente ciudad hay mucha buena obra pía y de gran caridad y apoyo por parte de los fieles. Pero falta una que es de gran necesidad, esto es un hospital o casa donde los pobres inocentes y furiosos fuesen acogidos».

Lorenzo Salóm y otros diez comerciantes se ofrecieron al mercedario para secundar sus inquietudes tras escuchar el sermón, y así nació el primer manicomio del mundo para el que fray Juan Gilabert instituyó la advocación de Nuestra Señora de los Desamparados. Más tarde, el proyecto sería aprobado por el Papa Benedicto XIII y apadrinado por el Rey Martín I de Aragón. Jofré llegó a ser conocido en toda Europa por los métodos de tratamiento que usaba en este centro, que incluían la retirada de las ataduras a los dementes y el inicio de la laborterapia, las actividades de trabajo en las fincas agrícolas que se realizaba en los manicomios para mantener ocupada la mente de los pacientes.

El manicomio de Valencia quedó destruido por un incendio en 1545, en el que perecieron 30 internos, pero fue reemplazado por un nuevo hospital que poseía un departamento especial para niños.

Un plan nacional

Esta iniciativa particular, que dotó a los enfermos mentales de un tratamiento médico, aunque precario, y de una residencia donde pudieran vivir acogidos, no fue un islote en un océano de indiferencia, sino que se extendió por otras partes de la península dando continuidad a una manera de asistir a estos enfermos que ya tenían los árabes. Con posterioridad al de Valencia se construyeron hospitales para dementes en Zaragoza (1425), Sevilla (1436), Valladolid (1436), Palma de Mallorca (1456), Toledo y Granada (1527), que fueron encargados por los propios Reyes Católicos.

Todo ello convirtió a España, como cuenta Javier Aztarain Díez, de la Universidad de Navarra, en su estudio «La asistencia psiquiátrica anterior al siglo XVIII», en el país más avanzado en el tratamiento de los enajenados a finales del siglo XV. «La conversión del reino de España en un imperio, tras el descubrimiento del continente americano, no hizo sino reforzar el papel de nuestro país en el desarrollo de la asistencia psiquiátrica. El modo humanitario de tratar a los enfermos mentales se ha reconocido internacionalmente como una de las características de los hospitales para dementes fundados en España a partir del siglo XV», recuerda.

Distintos autores internacionales, expertos en el tema, respaldan estas consideraciones. El decimonónico J. B. Ullesperger aseguró sin dudas que «la cuna de la Psiquiatría estuvo en España, donde se construyeron los primeros edificios convenientes y adecuados para hospitalizar a dementes», mientras que Antonio Hernández Morejón, en su «Historia bibliográphica de la medicina española», publicada en Madrid en 1842, enumeró estos centros como uno de los grandes hitos del país: «Uno de los éxitos que pertenece exclusivamente a los españoles es el tratamiento moral para combatir las afecciones mentales y el establecimiento en el siglo quince de edificios confortables y adecuados para la admisión de esta clase de infortunados».

No obstante, las aportaciones de España a la Psiquiatría no se limitaron al campo institucional, sino también a los tratamientos. Destacados médicos españoles como Arnau de Vilanova (1240-1313), profesor en la Universidad de Montpellier, Cristóbal de Vega (1510), o San Juan de Dios, fundador de la Orden de los Hermanos Hospitalarios, realizaron contribuciones decisivas al conocimiento de los trastornos mentales en un sentido teórico también práctico.

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