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Historia

Así narró Blanco y Negro el hallazgo de un teatro oculto en el palacio de Carlos III

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César Cervera – ABC

La Monarquía llevaba dos años extinguida en España, pero de ella quedaban uno y mil recuerdos a lo largo del país. Blanco y Negro contó el 12 de marzo de 1933 cómo, en el transcurso de una exposición de tapices en el Palacio de Aranjuez, las autoridades republicanas encontraron un teatro oculto que construyó Carlos III para representar obras a nivel familiar: «En el techo se admiran varias pinturas valiosas. Sin duda, Carlos III no terminó el teatro porque se avenía mal, según dicen, con los fríos de Aranjuez».

En el reportaje, firmado por José L. de Lerena, se narra que cuando se tiraron unos tabiques para unir habitaciones, al derribar una bóveda encamonada, apareció esta estancia. «Luego, en tiempos de Fernando VII la extensión destinada a teatro quedó dividida en tres habitaciones», afirmaba en el reportaje Miguel Durán, arquitecto del Patrimonio de la República.

Una vista de los Jardines desde un balcón del palacio en 1936

Aranjuez, residencia real en primavera

«Un viaje a Aranjuez siempre interesa y agrada. Bajo la fronda de sus jardines, la imaginación se enfrenta cara a cara con un trozo policromado de la historia española. Una gama de episodios que abarca todas las constelaciones del sentimiento: desde la égloga al motín insurgente, desde la risa alada al llanto salobre. Aranjuez, refugio de idilios y de intrigas». Así narraba Blanco y Negro a los lectores del suplemento al mundo de lujo y naturaleza que los Austrias y los Borbones crearon a pocos kilómetros de Madrid.

A Carlos III le encantaban ese tipos de paisajes y lo raro era encontrarle en el Palacio Real de Madrid. Se pasaba el año yendo de real sitio en sitio cazando, según la estación escogía un palacio, y resolviendo los asuntos de Estado por el camino. El Rey hizo de Aranjuez una de sus moradas favoritas y de la mano de su arquitecto predilecto, Sabatini, completó las obras de remodelación que su padre y su hermanastro Fernando VI habían llevado a cabo en las décadas previas a su reinado.

Escogió el palacio como residencia de primavera y verano. La corte solía trasladarse desde Madrid a mediados de marzo y no regresaba a la capital hasta octubre. En ese periodo, el Rey disfrutaba del entorno de palacio, dividido entre el Jardín del Parterre y el de la Isla, y se deleitaba en las obras de arte que acumuló en esta morada real. Se dice que el salón de Porcelana era el rincón preferido de Carlos III.

Personal que interviene en las obras del Palacio de Aranjuez en 1933

Un Rey sin interés por el teatro

Si bien el periodista de Blanco y Negro José L. de Lerena aseguraba que el teatro de Aranjuez había quedado inacabado «por los fríos» de la localidad, parece más problable que no lo hiciera debido a que el autor de la pintura al temple de la bóveda, Anton Raphael Mengs, pidió en esas fechas marcharse a Roma por motivos de salud. Eso y que a Carlos III el teatro no le interesaba mucho.

Puede que desde fuera Carlos III pareciera un rey filósofo interesado en las artes plásticas o la música, pero era nada más que una fachada. La música no le gustaba en exceso y no leía ni se le conocen obras escritas de ningún tipo que no fueran de carácter político. Aparte del «mal de piedra», solo la pintura acaparaba su atención cultural por motivos más bien prácticos, como la satisfacción del alma, la decoración y fines propagandísticos. El teatro tampoco era una excepción. No es extraño que el Monarca dejara inacabada y olvidada aquella estancia de Aranjuez que fue hallada en tiempos de la Segunda República…

El Museo de Tapices, inaugurado el 24 de abril de 1933, del que da fe el artículo de Blanco y Negro, solo estuvo abierto tres años, hasta que estalló la Guerra Civil en 1936, pero el teatro quedó descubierto hasta hoy, aunque no para el gran público.

Según cuenta en una información reciente Natividad Pulido, Patrimonio Nacional pondrá en marcha en Semana Santa, hasta el 4 de abril, la campaña ‘Patrimonio Nacional Extraordinario’: una oportunidad de visitar una veintena de espacios de los Reales Sitios de la Comunidad de Madrid, Castilla y León, Extremadura y Baleares que habitualmente permanecen fuera de los recorridos turísticos, entre ellos, el mencionado teatro de Carlos III, que luce una bóveda pintada al temple por Anton Raphael Mengs (Aussig, República Checa, 1728-Roma, 1779).

 

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