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Alonso Caparrós, tras el infierno de las adicciones: “Arrastro el dolor del tiempo que no estuve con mis hijos”

JALEOS se cita con el presentador, que acaba de publicar ‘Un trozo de cielo azul’, un libro donde narra la verdad sobre cómo lo perdió todo, excepto la esperanza.

¿Es posible volver a empezar cuando crees que lo has perdido todo? Desde esta premisa parte el presentador Alonso Caparrós (49 años), que ha escrito y acaba de publicar Un trozo de cielo azul (Planeta), su opera prima.

Un libro donde, de la forma más generosa que alguien puede imaginar, el autor se abre en canal para relatar desde la experiencia los episodios más sombríos de su vida, lleno de remordimientos, secretos y lo más importante: de esperanza.

Para conocer más sobre su obra, su lucha y sus vivencias, plasmadas ahora en este libro, JALEOS se cita con Alonso Caparrós y con él habla de sus adicciones -ya superadas-, del siempre complicado universo de la televisión y de su familia -en la que nació y la que ha creado-, el pilar sobre el que sostiene su existencia.

Un trozo de cielo azul, ¿por qué este libro en este momento? ¿Ha sido una especie de catarsis?

La primera razón y la más fundamental es que siempre he querido escribir un libro. Era un sueño que tenía. Por delante iba ese deseo de poder escribir un libro. En este momento de mi vida, en el que las circunstancias han sido propicias, resulta que tenía una historia que contar: la mía. Además, esa historia podía ser útil para los demás. Entonces se cumplían varios objetivos: un anhelo, el deseo que siempre he tenido, y por otro, el intentar hacer que mi historia, mi experiencia, le pueda servir a alguien.

Siempre se dice que en estos casos, por mucha ayuda que se tenga, sólo sale quien quiere.

Es muy complicado. Es una enfermedad, es un problema muy, muy complicado. Como dices, el primer paso para cualquier problema en la vida, es la capacidad de reconocer lo que te está pasando. Si no, es imposible.

¿Cuándo se da cuenta de que tiene un problema?

No se tarda mucho. Ser consciente del problema no es algo que se pueda esconder. Eso no significa que tengas las herramientas para ponerle remedio. Puedes ser consciente de que tienes un problema, pero te engañas, pospones la solución, no le das la importancia que tiene…

¿Qué papel juega la familia en todo esto? No sólo viene de una familia bien, y conocida, sino que ya ha creado su núcleo. ¿Se habla del problema? ¿Se esconde?

En este caso, como se refleja en el libro, la familia puede ser un beneficio o puede ser un obstáculo. No todo el mundo lo entiende o está preparado para esto, es lo que cuento y lo que nos pasó a mi familia y a mí.

¿Cuándo sabe que está teniendo experiencias cercanas a la muerte?

Creo que cualquier persona, sobre todo adolescentes que han consumido en grandes cantidades, lo sabe. Pero esto no es una cuestión mental, es una cuestión científica. El organismo tiene unos límites y eso puede ocurrir en cualquier momento. Si además una adicción se prolonga en el tiempo, esa convivencia con la muerte no es puntual, es prolongada.

Recuerdo que usted dijo que mientras presentaba Furor, aquel programa de éxito que le encumbró, comentó que deseaba que las grabaciones se terminasen para después salir a consumir. ¿Cómo alguien al que aparentemente le va todo bien cae en eso?

Esa es la idea que sobrevuela todo el libro. Hay que entender que las adicciones, todas -el juego, el alcohol, las drogas-, son un problema mental. Y como tal, la mente deja de funcionar porque está sometida a la esclavitud de las sustancias y entonces no opera. Visto desde fuera es absurdo. ¿Cómo puedes estar deseando que termine tu trabajo para consumir? Es una cuestión de la mente: te orienta hacia ese sitio.

En el libro habla de alcohol, hachís, cocaína, y es verdad que el cerebro de una persona adicta ya conoce la sensación, el placer, que a esa persona le producen esas sustancias. ¿Se es adicto siempre o hay, de verdad, solución?

Lo importante es hablar de la esperanza, de cómo todo ese proceso que se cuenta en el libro, que dura muchos años y que causa mucha destrucción, tiene solución. Te digo que todo ese proceso, con conflictos familiares y distanciamiento tiene solución.

La pregunta justo iba en ese sentido, ¿cuándo uno se libra uno para siempre de ese demonio?

Te entiendo, no es una crítica. Me llama la atención porque al final yo quiero lanzar un mensaje de esperanza. La drogadicción, las adicciones… es una enfermedad mental, eso no significa que haya que demonizarlas ni darles demasiadas vueltas. Eso ya se sabe, está escrito, hay procedimientos, hay terapeutas. Lo importante es intentar transmitir que hay esperanzas. En mi caso me nutrí de lo espiritual.

¿Espiritual? ¿Sirve para todos?

Sí, lo que pasa es que cada uno tiene su propio camino. A lo mejor hay una persona que no es accesible a ese tipo de discurso -conocer otras realidades, conectar con los sufrimientos de otras personas, que además tenían problemas muchísimos más graves que el mío…- ¡Ostras! A mí me ayudó a cultivar la compasión, el poder contrastar y comparar y darme cuenta de las cosas que tenían importancia, a desvincularme de cosas… Ese es mi caso. Yo se lo recomiendo a todo el mundo, pero puede que no les funcione.

Le dedica el libro a su familia, sus hijos, y a todos les pide perdón. ¿Es este libro una manera de disculparse con ellos?

Por supuesto. Claro que es una forma de pedir perdón porque, aunque uno pueda entender o justificar por qué ha hecho las cosas, hay un resultado: hay gente que ha sufrido. El perdón siempre tiene que ir por delante.

¿Se ha perdonado usted a sí mismo?

No del todo, no del todo… Eso forma parte de la vida de cualquier ser persona. De alguna manera, siempre estamos purgando. Mi meta es llegar a perdonarme.

¿Qué tiene que pasar? ¿Cuál es el dolor que arrastra?

Es cuestión de tiempo. El dolor que arrastro y que se refleja en el libro, que también es muy común, es el tiempo perdido. Esa cantidad de cosas que no hice en su momento y que ya nunca podré hacer. Una relación más cercana con mis hijos, el tiempo y muchas otras cosas que se quedaron en el camino…

¿Cómo está viviendo esta etapa como colaborador y a veces presentador de Sálvame?

Me encuentro fenomenal. Yo entré en Sálvame en una primera etapa en la que estaba en pleno proceso mental de reestructuración y abandoné. No estaba preparado en ese momento para armonizar lo que hacía con los voluntariados, la parte espiritual, con un trabajo tan voraz. Sin embargo, me fui, estuve durante un tiempo completando este proceso y en esta vuelta ya he encontrado a otro Alonso. Me gusta mucho la parte de colaborar, pero siempre que me mandan hacer un informe o presentar una parte, soy el hombre más feliz del mundo.

Aquella primera etapa en la que usted incluso acabó discutiendo brutalmente en directo con su padre…

Justo después de ese enfrentamiento me contrataron en Sálvame. Me contrataron porque aquello había tenido mucho impacto y entré como personaje, más que colaborador. Venía de estar emocionalmente agitadísimo, exhausto: aquello fue un enfrentamiento muy duro. No me vi capaz. Me fui, me dediqué a reconstruirme, a empezar a preparar mi libro.

¿Es ese enfrentamiento público con su padre una de las cosas que no se ha perdonado?

No, ese proceso, que es el fin del libro, se ha completado. Aquello tiene dos lecturas: la lectura televisiva, que tú ves a dos personajes enfrentándose, que es lo que trabajamos allí; o una conversación entre padre e hijo. Si la hubiéramos tenido en otro ámbito, habría sido exactamente igual. Después de eso, pudimos empezar a construir sobre otros cimientos y ahora tenemos una relación maravillosa.

Hace poco habló de ciertos problemas en la relación con su hijo pequeño, Andrés. Dijo que “es joven y muchas veces me salen muchos sentimiento” como “la impotencia, la desesperación, la rabia, el enfado. Detrás de eso tengo mucha tristeza”.

Mis hijos, a medida que se van haciendo adultos, empiezan a tener sus propias reflexiones, a exigir explicaciones, a pedirte respuestas de por qué esto sí o esto no. Sobre todo en lo que se refiere a ausencias. Eso es un proceso que está dentro del marco de la normalidad. Ahora tenemos una comunicación muy sana y es lo que toca.

Presenta, actúa, escribe… ¿Qué le apetece hacer en este punto de su vida cuando roza casi los 50?

Poco más, pero en realidad, mucho. Con mi trabajo estoy perfecto. Lo que me gustaría es seguir escribiendo. Voy a intentar formarme y adquirir más conocimientos para ver si me atrevo con otro libro, aunque con calma.

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