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SV 2021: La noche en que Isabel Pantoja se cobró otra víctima llamada Sylvia y el dolor de Palito

Carlos Alba ha probado su peor medicina para alguien tan competitivo como él: estar en banquillo. Sylvia Pantoja, la pobre, es un pollo sin cabeza y se ha equivocado de hueso. Olga dice que tiene amor para todos.

¡Hey, Supervivientes! Mientras escribo estas líneas escucho a Tom Brusse, pobre mío, de fondo, argumentar lo que sigue, con un hilo de voz debilísimo, casi en estertores: “Me duele la tripa, el culo, estoy fatal”. Imagínense cómo será mi artículo de este jueves. Todo penurias, ni siquiera Palito Dominguín y Lola me han conseguido elevar a los cielos. (Bah, sí, lo han hecho¡Hacía tiempo que no veía un Supervivientes tan deprimente y lúgubre! Mira que Jorge Javier vendía bien la lonja al comienzo: “Una gala movidita, nuevos juegos de recompensa y de líder”. Y bla, bla, bla, pero algo no despertaba en mí. Una brinza sin eclosionar.

A ver, información. Gianmarco, liberado el pasado martes. Nominados este jueves: Tom Brusse, Sylvia Pantoja y Alejandro Albalá. Qué duda cabe que un momento único: tres grandes tótem. Lo mire quien lo mire. Ojo, más ingredientes en la noche: doble desalojo y cada grupo lo ejecutará de diferente forma. Mientras este percal se desarrolla, que me interesa entre cero y nada, el presentador azuza el avispero desde plató. En él, Alexia Rivasinvitada este viernes al Deluxe.

La chica, recogiendo a dos manos la poca dignidad que le queda, saca su sonrisa artificial y un hilo pijo que poco va con ella, arguye, haciéndose la ofendida de serie de Antena 3: “No hablo y ya subo el pan“. Sobre el audio emitido en Sálvame en el que ataca a Patiño, razona y juega: “Una voz distorsionada puede decir misa. Lo de que María va maquillada como un payaso, es una gilipollez”. Yo vuelvo a decir lo mismo, una y otra vez, una y otra vez: ¿se acuerdan de aquella chica mona que iba a salvar el periodismo? ¿Que insinuar de ella era, poco menos, que matarla a latigazos de mentiras?

Con lo fácil que es decir: esta soy yo, quiero ser conocida y la fama me mola mazo. Sí, sí, sí, que todos podemos cambiar. A veces, debemos. Pero, mona mía, si lo haces no te dejes una pata a medio meter: la dignidad y Supervivientes, por más que no entiendas, no van de la mano. Alexia, amor, Dios te bendiga, pero… ¿tú quién eres?, que diría el sticker que nos compartimos unos u otros. Alguien serás, te defenderás tú, cuando cuentan contigo. Ya, sí, pero, ¿es con lo que tú soñaste?… Sí, qué tontería. ¡Más cosas! Casi me rompo con el dolor de Melyssa: no come y casi se rompe tras una prueba. Más… ¡Carlos Alba! Pobre mío, vendada una mano y casi sin poder hace nada. ¡Con lo que él es! 

Y cuando las guerras y las broncas pueriles casi me engullen, llegan ellas: Lola y Palito Dominguín. Ellas son el punto de partida, que entonó Jurado, el centro de refugiados que todos querrían tener, el Dios al que aferrarse para todo. ¡Qué monas son y qué poco lo pregonan! Las admiro porque se rompen, sí, se destrozan y desgañitan en dolor, pero solo les dura unos segundos. Al cabo, están celebrando, abrazadas, unidas ante todo. Por eso destruyen a todo compañero que les llega: porque son una, un tándem… y llegarán a la final. No podría ser de otro modo.

Buscan comida, ríen, cómplices. Se quieren, se apoyan y nunca se tercia en ellas un reproche ni un mal rollo. Son aire fresco en pleno Irak. Lola y Palito. Ellas, también humanas. Palito se ha roto esta semana al comer, casi al vivir. Hablando de la familia, de la vida: “Me ha transportado estar en casa con mi abuela”. Y añade: “Estoy intentando bloquear mis sentimientos, soy un robot”. Pero no lo es, estalla en lágrimas: “Sí. Pues sí, me envían fuerza, quiero pensar eso porque como no tengo a los que están… siento a los que no“.

 

Y Dominguín, ya por aquello de derretir de amor al personal, esgrime: “Anoche vi a un fantasma. Era de piel muy oscura, tenía como raspitas y estaba sujetando algo”. Yo ya muero de ternura, pero Jorge Javier me rescata con la realidad. Este jueves todos han cambiado de playa a nuevas localizaciones, ¡y en dos minutos!

Bueno, compartir antes de cerrar el problema de salud de Tom Brusse. Me alarmo, ¡juro que se me ponen los nervios en punta! Por Dios, ¿qué le pasa? Él lo describe con un rostro que casi anuncia los últimos estertores (con testamento redactado): “Tengo un problema de salud pequeño, tengo hemorroides internas”.

Eso suelta el tío y se queda tan ancho. Te recito a mi abuelo, hermoso: “Anda, en la mina picando tendrías que estar”. No me gustaría, en modo alguno, minusvalorar o restar gravedad a cualquier contratiempo allende los mares, pero… solo digo de buscar otro prisma y hablar con sentido común. Al que también le falta, el sentido común, es a Sylvia Pantoja. Ella, tan pronto se enfada cuando no es el centro de atención que cuando lo es y se atusa el protagonismo, se molesta. Es un ademán tan Pantoja que me hace mucha gracia, pero que debe ser desquiciante allí: ni come ni deja comer a los demás. Ah, última reflexión: no cabe duda de que Pantoja se ha cobrado este jueves su última víctima: Sylvia Pantoja.

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