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¿Se está convirtiendo ‘MasterChef’ en un programa para buscar pareja?

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Samantha Vallejo-Nágera parece la encargada principal de preguntar por amores a los aspirantes.

El pasado martes 20 de abril, MasterChef cumplía 200 emisiones, y por ello los jueces querían recordar algunos de los mejores concursantes del programa, que puede cambiarle la vida a cualquiera que entre en sus cocinas.

Que se lo digan a Carlos Maldonado, que llegó como vendedor ambulante y ha conseguido su primera Estrella Michelin por su restaurante Raíces. O Jorge Brazález, cuyo restaurante, Roto en Ibiza, está triunfando. También Aleix Puig, después del confinamiento lanzó Ganas de Vicio, un servicio de comida a domicilio. O Vicky Pulgarín, que tiene un catering en Mallorca” recordaban Pepe Rodríguez, Samantha Vallejo-Nágera y Jordi Cruz.

En el repaso de concursantes también se mencionó a Sofía y Víctor, ‘Los Alcaldes’ de MasterChef 6, pero no solo por su trayectoria culinaria. “Encontraron trabajo en el ABaC, amor en estas cocinas y siguen viviendo juntos y compartiendo casa, compartiendo cocina… Después de cuatro o cinco años”, decían, como un dato de interés.

Entonces Samantha tomaba la palabra para recordar que “en estas cocinas se puede encontrar el amor también”, dirigiendo sus palabras en especial a Ofelia y a Jiaping. “Ahí estamos” decía la primera. Jiaping, por su parte, confesaba que está “más abierta al amor, a la amistad, a recibir cosas nuevas”.

¿Hay que ir a ‘MasterChef’ a buscar pareja?

Tal como recordaban los jueces, de MasterChef han salido varias parejas, como Víctor y Sofía, Jorge Brazález y Miri, o Alberto y Luna, de la última edición. Eso ha servido a otros aspirantes para querer ir al programa a ligar y no solo salsas.

“Si yo salgo con novio, os prometo que mi familia os pone una calle con el nombre de MasterChef decía abiertamente Ofelia en el primer programa, donde ya dejó claro que quiere salir del concurso con un novio de la mano. Esta joven gallega se ha convertido en un personaje irritante para muchos espectadores, pues no para de hablar. Y cuando habla no es para comentar platos, sino para valorar que qué guapo le parece tal compañero, antiguo aspirante o chef.

Por ejemplo, en la prueba de exteriores del segundo programa, ella quería ir en el mismo equipo que Toni, pero no porque su compañero fuese un as en las cocinas, sino porque “me encanta” y porque “es muy guapo”. El cocinado parece ya algo secundario.

Hay que reconocer que los jueces fomentan esas relaciones amorosas, que tiran de la lengua a los aspirantes. “Oye, Dani, ¿cómo va tu relación con Jiaping?” le preguntaban el otro día a uno de los aspirantes, que ya la primera semana había dicho que le gustaba su compañera. “Me ha dicho que le gustan los canosos, pero que no soy yo quien le gusta” respondía con humor el aspirante.“¿Estás preocupado? ¿Estás triste?” quería saber Samantha al respecto. “Hay más candidatas, no pasa nada” decía Dani mientras no dejaba de cocinar. “Me vas contando, ¿vale?”, insistía la juez.

También Samantha le sacaba el tema a Jiaping en la primera prueba del segundo programa, queriendo saber si es tan rápida cortando como “para encontrar un novio”. Ella reconoce que busca una relación “para mucho más tiempo, el resto de mi vida. Entonces tengo que decidirlo bien y mirarlo bien”.

Más tarde, de nuevo Samantha Vallejo-Nágera, ahora en la prueba de exteriores, echó a ‘pelear’ a las dos grandes ‘tronistas’ de esta edición. “Ofelia, ven aquí. Ten cuidado, porque Jiaping te quita todos los chicos, eh”, insistía la juez y presentadora, en lo que parece un intento de convertirlas en rivales al más puro estilo de La isla de las tentaciones.

Este tipo de actitudes no pasan desapercibidas por los espectadores, que suelen dejar comentarios en las redes sociales protestando. Y es que, por norma general, el tema de los romances termina agotando, porque se insiste en historias sin aparente trascendencia una y otra vez.

Si MasterChef tuviese aspirantes de grandes virtudes, igual se podría permitir ese otro tipo de contenidos. La cuestión es que nos encontramos con futuros cocineros que todavía tienen muchas carencias. Algunos platos de esta última entrega fueron calificados como fallido, fallido o directamente un potito para bebés.

Por ello, igual resulta más interesante que los jueces ahonden en las raíces culinarias de los concursantes y se olviden de sus romances. Porque luego suceden cosas como la del tercer programa, cuando Alex se fue después de entregar un pescado crudo, lo que le valió ser el tercer expulsado.

“Estoy triste y decepcionado. La he liado, ha sido un verdadero desastre. No he sabido dar lo mejor de mí y en una prueba de eliminación no puedes bajar la guardia. La experiencia ha sido espectacular, no me rindo”, se lamentó el barcelonés, que se posicionaba como uno de los favoritos de la edición.

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