Economia

Las duras lecciones empresariales que la Covid está a punto de enseñarnos

Dreamstime EXPANSIÓN

PILITA CLARK

Una vez que descubres que puedes hacer algo de forma más barata, rápida y mejor en casa, ¿volverás a pagar a otro para que lo haga por ti?

Tengo un grupo muy reducido de amigos a los que se podría describir como fanáticos del gimnasio.

Pero tengo uno en Londres que lleva entrenando con peso desde los 14 años, seis días a la semana, últimamente en un club que le cuesta 30 libras al mes gracias a un descuento de empresa.

Está en los cuarenta y cuando me dijo la semana pasada que se había borrado para no volver nunca, me sorprendió.

Resulta que el confinamiento le había llevado a consultar YouTube, donde había descubierto la calistenia -ejercicios que pueden hacerse en casa sin pesas ni equipamiento sofisticado-.

Adiós al press de banca en el gimnasio. Hola a los fondos en el banco de su cocina, con resultados que no creía posibles.

“En los seis meses que llevo practicando la calistenia, he remodelado mi cuerpo y adquirido mucha más fuerza”, me aseguró, con un matiz de asombro en su voz. En el trabajo, todo el mundo había dejado el gimnasio, añadió, al igual que su mujer. Y yo pienso: “de no ser por la pandemia, nunca se habría planteado hacer algo que ahora desearía llevar años haciendo”.

Escucharle me recordó una pregunta que me sigo haciendo conforme avanza la crisis de la Covid.

¿Terminará el descubrimiento de mi amigo -y de otros como él- dejando cicatrices aún más profundas en algunos sectores empresariales que las medidas de confinamiento y de distanciamiento social que tanto daño financiero están provocando hoy?

Dicho de otra forma, una vez que descubres que puedes hacer algo de forma más barata, rápida y mejor en casa, ¿volverás a pagar a otro para que lo haga por ti?

En lo que al pelo se refiere, sí lo creo.

Antes de la pandemia, destinaba cientos de libras y de horas de mis fines de semana a mantener a raya las raíces grises y otras atrocidades foliculares.

Cuando las peluquerías cerraron, descubrí algo que nunca había imaginado posible: una amiga que vive al lado de mi casa podía hacer el mismo trabajo en un tercio del tiempo con un tinte Clairol de 6,49 libras el envase.

Aún me recuerdo mirando los resultados en el espejo el primer día y pensando: ¿Por qué no hice esto hace años?

Es verdad que hubo momentos de tensión. En una ocasión, nos distrajimos tanto poniéndonos al día de nuestras cosas que olvidamos comprobar cuánto tiempo había que dejar puesto el tinte. Así descubrió que aunque en las instrucciones ponga que 35 minutos como mucho, puedes dejártelo 40 sin sufrir daños visibles.

¿Dejaré entonces de ir a mi vieja peluquería? No del todo. Mi amiga pone el límite en el corte y el secado, así que necesitaré cierto mantenimiento de peluquería. Pero ni mucho menos como antes.

¿Están las peluquerías en peligro por la Covid? No lo sé. Es posible que yo sea un caso aparte.

Si tuviese que apostar, diría que los cines sobrevivirán a Netflix (no hay nada comparable a una experiencia en grupo); Zoom acabará con muchas empresas de viajes (ahora que sabemos cómo usarlo); y las cafeterías seguirán bien.

Con respecto a los gimnasios, soy escéptica.

Yo también cancelé mi inscripción, tras descubrir el circuito de entrenamiento de siete minutos en el parque. Y mi amigo de la calistenia no es el único.

Las acciones de Peloton se dispararon a máximos récord el mes pasado debido a las altas ventas de sus bicicletas de alta tecnología para el hogar. Una vez que los compradores se habitúen a entrenar en casa, algunos analistas creen que no volverán al gimnasio.

Sin embargo, creo que expertos como Chloe Demrovsky tienen algo de razón. Demrovsky preside el Instituto Internacional de Recuperación de Desastres, un organismo sin ánimo de lucro que ofrece formación constante para todos, desde el Banco Mundial a Walmart. Ella también canceló la inscripción a su gimnasio -pero sólo de forma provisional-.

Cree que una vez que la pandemia se relaje, la gente volverá a llenar los bares y los restaurantes, donde pronto comentarán: “¿Has visto ese gimnasio nuevo de kick-boxing? Yo sí. ¡Vamos a probarlo!”

“Es lo que la gente suele hacer cuando se junta”, me comentó recientemente. Hay cosas que pueden cambiar permanentemente, pero no tantas como pensamos ahora. “En estos momentos nos encontramos en un raro periodo de redescubrimiento”, señala, y puede no durar.

Probablemente tenga razón, pero es un periodo de redescubrimiento que espero que dure algún tiempo.

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