Economia

La verdadera historia de la crisis de Bankia

Rodrigo Rato el día de la salida a Bolsa de Bankia. RAFA MARTIN EXPANSION
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SALVADOR ARANCIBIA

Buena parte de las antiguas cajas de ahorros no tenían un esquema de gobernanza que garantizara la profesionalidad de sus responsables que, en muchas ocasiones, habían accedido a los cargos por decisiones políticas o de amistad.

La sentencia de la Audiencia Nacional sobre el caso Bankia ha absuelto a todos los acusados por entender la Sala de lo Penal que el folleto de salida a Bolsa contenía información suficiente y veraz y porque todo el procedimiento fue vigilado por las autoridades supervisoras (Banco de España y CNMV) que fueron dando el visto bueno a los pasos que el banco fue recorriendo en todo momento.

No obstante, entre algunos expertos y al menos parte de la sociedad, se ha entendido que en todo caso la salida a Bolsa fue un error que se habría traducido en que al final Bankia necesitara más de 24.000 millones de euros para su saneamiento y recapitalización, además de que el propio banco devolviera a los accionistas particulares que acudieron a la colocación inicial de acciones, y a aquellos ahorradores que habían invertido en participaciones preferentes, la práctica totalidad de lo que habían invertido, algo más de 3.000 millones de euros.

El coste final para el contribuyente de la operación de saneamiento de Bankia no puede calcularse aún porque el Estado mantendrá el 16% del nuevo CaixaBank cuando éste absorba a Bankia en la primavera próxima, según todos los cálculos. En todo caso, cuando el Estado se desprenda de ese 16% la resultante se materializará una pérdida muy cuantiosa para las arcas del Estado (varios miles de millones de euros) porque es imposible que llegue a valer lo suficiente como para compensar todos los desembolsos que tuvo que hacer el Frob en nombre del Estado.

Problemas anteriores

Pero, ¿realmente todos los problemas de Bankia surgen por la decisión de sacar a Bolsa la entidad, o venían arrastrándose desde bastante antes como consecuencia de una mala gestión de sus responsables; de la forma en que se elegía a éstos y, en definitiva, de una falta de control por parte de quienes debían controlarlo todo? La vigilancia recaía en los supervisores financieros en primera instancia, pero también las autoridades autonómicas, que eran las que tenían las competencias finales sobre estas peculiares entidades financieras.

Entre sus características principales, estaba que no tenían capital y, por lo tanto, no tenían unos propietarios concretos que pudieran exigir responsabilidades.

La crisis financiera y económica que se inició en 2008 generó problemas de liquidez y aumentos de la morosidad muy elevados a todo el sistema financiero español. Los bancos pudieron sortearlos de la mejor manera gracias a que pudieron acudir a los mercados de capitales en busca de recursos que aumentaran su solvencia y permitieran sanear sus balances. Eso la mayor parte de ellos, porque algunos se quedaron en el camino pronto y otros, aunque resistieron los primeros embates de la crisis, finalmente no pudieron superarla.

Por el contrario, las cajas de ahorros en un importante número tuvieron problemas que trataron de solucionar por la vía de las fusiones y de las inyecciones de recursos ajenos proporcionados por el Estado por la vía de las participaciones preferentes.

Bankia fue un ejemplo de ello. Para formarla se unieron siete cajas de ahorros, entre ellas Caja Madrid y Bancaja, que se encontraban entre las que más morosidad y problemas encubiertos tenían. En ambas entidades sus máximos responsables, como había ocurrido en otras antiguas cajas de ahorros, eran dos expolíticos (Rodrigo Rato, exvicepresidente del Gobierno, y José Luis Olivas, expresidente de la Comunidad Valenciana) que no tenían ningún tipo de experiencia en la gestión de entidades financieras y que habían llegado a esos cargos por puras decisiones políticas, ya que los gobiernos autonómicos tenían el control para decidir quiénes debían presidirlas.

En el caso de Caja Madrid hay que recordar, además, la dura batalla política que tuvo lugar primero entre Esperanza Aguirre, que quería imponer como presidente a quien luego fue su sucesor al frente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González (que está procesado por posibles delitos de corrupción), y el entonces alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, que pretendía que siguiera al frente de la caja el amigo de José María Aznar, Miguel Blesa. Una vez terminada esa pelea entre miembros del Partido Popular se desató otra entre la misma Aguirre y Mariano Rajoy, ya que éste quería que al frente de Caja Madrid estuviera Rodrigo Rato tras volver inopinadamente de la presidencia del Fondo Monetario Internacional. Todo ello unido a que los consejos de administración de estas entidades estaban integrados por expolíticos, sindicalistas y otras personas nombradas por criterios no profesionales.

Tanto Caja Madrid como Bancaja tenían en sus balances cuando se fusionaron con las otras cajas más pequeñas muchos créditos fallidos, participaciones en compañías promotoras de viviendas que estaban al borde de la quiebra y préstamos a grandes empresas que, con el estallido de la crisis, fueron incapaces de devolver. Venían de unos años en los que lo que importaba era ganar tamaño y proporcionar crédito a empresas y particulares sin apenas control del riesgo que corrían al hacerlo.

La economía crecía a buen ritmo, pero el crédito de los bancos lo hacía mucho más deprisa. España iniciaba la construcción de viviendas en un número superior al de Alemania, Francia e Italia juntas. Los bancos daban hipotecas por hasta el 120% del valor de las casas con la creencia de que la espiral de subida de precios de los inmuebles no se detendría. No se tenía en cuenta el esfuerzo que los hipotecados tenían que hacer para pagar sus créditos y no se consideraba la posibilidad de que el desempleo volviera resurgir. Las autoridades de supervisión apenas advirtieron de los riesgos que esta situación traía consigo y las autoridades políticas perseguían tener controladas a unas entidades que les permitieran seguir con sus iniciativas megalómanas.

De cajas a bancos

El deterioro de la situación económica hizo que la salud del sistema financiero se resintiera. Las cajas no podían acudir al mercado en busca de nuevos recursos que equilibraran su solvencia y, por ello, buscaron transformarse en bancos.

En el caso de Bankia, sus gestores contemplaron tres alternativas: vender una parte importante de la entidad a un tercero; pedir al Estado que inyectara más capital o salir a Bolsa en busca de inversores diversificados. Las primeras fueron rechazadas porque implicaban ceder el control a un tercero o aceptar la nacionalización de la entidad en un momento en el que al Estado no le convenía. La nacionalización derivaba en tener que poner más recursos cuando el déficit público no hacía sino aumentar y el acceso del Tesoro a los mercados resultaba muy caro.

La opción elegida fue sacar a Bolsa la parte que se consideraba más sana del grupo y captar recursos entre inversores institucionales y particulares. Se pensaba entonces que lo peor de la crisis había pasado y que se había iniciado la recuperación, lo que permitiría que el sector financiero recuperara el pulso.

La realidad fue la contraria. España volvió a entrar en recesión y de forma más acusada, porque no solo se deterioraba la actividad interna, sino que se reavivaron los ataques contra el euro personificados en castigar a las economías de los países más débiles de la eurozona, entre los que se encontraba España. A finales de 2011, tuvieron lugar las elecciones generales que llevaron al Gobierno a Mariano Rajoy, que se vio forzado a poner en marcha un programa de ajuste del gasto público y subida de impuestos para reducir el déficit público, lo que enfrió aún más la economía.

El ministro de Economía, Luis de Guindos, entendió que el Banco de España había sido muy tímido en el tratamiento de la crisis financiera y decidió actuar en solitario. Los dos decretos sobre provisiones para hacer frente a la crisis inmobiliaria repercutieron sobre los resultados de los bancos, reduciéndolos de forma drástica. Bankia presentó unos beneficios de 300 millones de euros, sin la firma del auditor, lo cual tensionó aún más la cotización de la entidad que discutía con el Banco de España un nuevo plan de saneamiento que, previsiblemente, habría provocado su nacionalización.

Guindos

Guindos decidió también en esta ocasión no contar con el Banco de España y se reunió con Rato, Emilio Botín presidente de Banco Santander), Francisco González (BBVA) e Isidro Fainé (CaixaBank) para discutir el futuro de Bankia. De esas reuniones salió la marcha de Rato, el nombramiento de José Ignacio Goirigolzarri como nuevo presidente y la elaboración de un nuevo plan de saneamiento que supuso la inyección de 19.000 millones de dinero público en Bankia unos meses después. Además, fue el pistoletazo de salida para la reformulación de las cuentas de la entidad de 2011, lo que derivó en el inicio de las demandas por el posible delito de falsedad de las cuentas de la entidad que le habían servido para salir a cotizar. Son esas mismas cuentas que la Audiencia Nacional ha dado ahora por buenas al decidir la absolución de todos los acusados.

CAPITAL

Los 3.500 millones de euros que Bankia obtuvo en la salida a Bolsa en 2011 resultaron finalmente insuficientes para su saneamiento, debido al agravamiento de la crisis económica que tuvo lugar pocos meses después de la operación.

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