Economia

La bolsa europea ofrecerá un 70% en la década frente al 0,5% de la deuda

De los distintos activos a los que puede subirse el inversor, el que conduce hacia una rentabilidad más elevada en la próxima década es la bolsa. En renta fija, en el mejor de los escenarios, queda una larguísima travesía por el desierto, por su escasa rentabilidad y, en el peor, una glaciación, por sus potenciales pérdidas. No es un apriorismo más, un simple ejercicio teórico lo demuestra.

Una forma de calcular qué expectativa de rentabilidad ofrece la bolsa es mediante la inversa del PER (el número de veces que el beneficio de una compañía está recogido en el precio de sus acciones) y la de la europea, si se calcula con las ganancias esperadas para 2022, se sitúa en el 6,13%. Esta expectativa implica que, quien reinvierta lo obtenido de forma continuada durante diez años consecutivos, aspira a acumular una rentabilidad del 70%, frente al 0,5% que lograría si invierte únicamente en deuda pública. Aún así, con las previsiones de rentabilidad actuales de la renta variable, el inversor no cumpliría con el objetivo clásico, de duplicar su inversión en una década.

A futuro, y como ya ha quedado demostrado en el pasado, la bolsa es el activo más rentable a largo plazo, sin importar los sustos que se puedan producir por el camino. “En los últimos 121 años”, señala Credit Suisse en su Anuario de Rendimientos de la Inversión Global 2021, elaborado en colaboración con la London Business School, “la renta variable global ha generado un rendimiento real anualizado, en dólares, del 5,3%, frente al 2,1% de los bonos y el 0,8% de las letras”. Durante este periodo, y según sus cálculos, la bolsa española ha conseguido una rentabilidad media anual del 5,6% en términos reales (es decir, una vez descontada la inflación), frente al 2,8% de los bonos. ¡Justo el doble! Y la de la americana ha sido incluso superior, ya que sus acciones han ofrecido un retorno anualizado medio del 6,6%, frente al 2% de la renta fija. Por todo ello, desde Credit Suisse consideran que “la renta variable sigue siendo la mejor inversión financiera a largo plazo, por delante de los bonos y las letras del Tesoro”.

Duplicar la inversión se complica

Si nos quedamos con la historia más reciente, lo cierto es que la rentabilidad de la bolsa americana ha superado con creces la cifra mágica del 7%. Lo de mágica es porque es el porcentaje que se necesita conseguir en el mercado para doblar el patrimonio cada diez años, algo que ha logrado, por ejemplo, quien haya invertido en Wall Street en la última década, periodo en el que el S&P500 ha rendido un 12% al año, según Bloomberg -claro que a esa cifra habría que restar también la inflación alcanzada en este periodo para obtener la rentabilidad real-.

Ahora bien, de cara a futuro, y con las expectativas de rentabilidad actuales, que pueden cambiar con el paso de los años y alterar la ecuación tanto al alza como a la baja en función de cómo evolucionen los beneficios, la lectura es que ya no será tan fácil duplicar la inversión cada diez años, sobre todo en Estados Unidos. Lo que no quita que el diferencial que ofrece la bolsa sobre la renta fija compense con creces.

El mercado que más alegrías ha dado en los últimos años, el americano, que se caracteriza por tener un claro sesgo hacia las empresas de crecimiento que tan bien se han comportado hasta la rotación que se produjo hacia los sectores más cíclicos a raíz de que se anunciaran las primeras vacunas, es ahora el que presenta unas expectativas de rentabilidad más ajustadas a futuro. Las continuas subidas de los gigantes tecnológicos ha encarecido el PER de índices como el Nasdaq hasta las 26,3 veces, con las ganancias esperadas en 2022. Y eso, en la práctica, conduce a una rentabilidad acumulada del 40% en un periodo de 10 años -la del S&P500, que no para de revalidar máximo tras máximo, crece hasta el 54%-.

El ‘value’ y la bolsa europea destacan

Ese 40% es la mitad de lo que ofrecen las compañías de valor, tan castigadas en los últimos años, que ponen al alcance del inversor una rentabilidad potencial del 80% en una década, teniendo en cuenta el multiplicador del MSCI World Value. El mayor peso en los índices europeos de este tipo de empresas, que tienen más exposición y apalancamiento a la economía, explica, en parte, la expectativa de rentabilidad más elevada de este mercado de cara a la próxima década frente al americano, que es, a su vez, el máximo representante del growth. Es tan sencillo como que una mejora en la situación económica se traduce en un incremento de los beneficios de este tipo de compañías, que además suelen funcionar bien en periodos en los que la inflación aumenta. Este año, incluso, la bolsa europea logró ponerse por delante de la americana, ventaja que ya ha vuelto a perder.

Así, la rentabilidad acumulada a la que aspira un inversor dentro de diez años que invierta hoy en el EuroStoxx50 alcanza 71%. Y dentro de Europa, en el caso concreto de España, el peso que adquieren sectores cíclicos como la banca o el turismo en el Ibex 35, que ha sido motivo de castigo en el primer año de la pandemia, se ha convertido ahora en un viento que sopla a favor. Con este índice tampoco se logrará duplicar el patrimonio en una década, pero si que se estará próximo a lograrlo que con otros. Si se cumplen las estimaciones del consenso de mercado recogido por Factset en cuanto a beneficios el año que viene, la rentabilidad objetivo del selectivo roza el 7% (6,96%) y, eso, en un periodo de diez años, se traduce en un retorno acumulado del 83%.

El problema del inversor conservador

Mientras la renta variable permitirá construir un colchón de rentabilidad en el largo plazo, el verdadero quebradero de cabeza vendrá para quien solo quiera invertir en renta fija. Ahora mismo, la expectativa de rentabilidad de la deuda pública a nivel global es de solo el 0,05%, según los índices de Bloomberg y Barclays. Quien compre ahora este activo no solo no obtendrá rentabilidad, sino que en realidad perderá dinero porque no podrá cubrir el aumento del coste de la vida (solo entre abril y mayo, por poner un ejemplo, la inflación ha subido un 0,5% en España, lo que significa que el rendimiento de este activo ha sido del -0,45%). Quien lo tenga en su cartera ya, sin embargo, se enfrenta a la amenaza de que sus rentabilidades empiecen a subir, lo que conlleva una caída de su precio. Y esto es algo que el mercado descuenta ya, a la espera de que los bancos centrales den más pistas de cómo piensan empezar al retirar los estímulos que durante años han insuflado a la economía.

Así, la expectativa de rentabilidad del 0,05% de la deuda pública a nivel global se materializa en una rentabilidad acumulada a diez años de tan solo el 0,5%, frente al 70% de la bolsa europea, o el 40% de la americana. Es por ello que muchos expertos aconsejan que los inversores más jóvenes se planteen invertir en este activo al tratarse de una inversión a largo plazo, en la que se minimizan los vaivenes del mercado temporales, como el de este jueves, cuando las bolsas europeas perdieron soportes.

Otras alternativas en renta fija ofrecen rentabilidades superiores a las del papel soberano, es cierto, pero aun así se mantienen a mucha distancia de las de la bolsa. Incluso la de los bonos basura, con alta probabilidad de impago, está lejos, se encuentra en mínimos históricos del 4,16%. En el caso de una cesta representativa de deuda, en la que se incluiría de todo tipo, la expectativa de rentabilidad actual se limita al 1,1% y eso, a futuro, conduce a una rendimiento acumulado de, aproximadamente, el 10%.

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