Economia

Cuidado con los líderes que se saltan sus propias reglas

Casos como la manipulación de los test de emisiones de Volkswagen (en la imagen) o la flagrante financiación ilegal de Enronmuestran que ya vivíamos en una era de ocultación de la verdad y toma de atajos cuando golpeó la pandemia.
Spread the love

Cuando los malos actos no tienen consecuencias, un ejecutivo puede perder el respeto.

En mayo, Canary Wharf, el barrio de los rascacielos del distrito financiero de Londres, diseñaba planes para hacer el área segura y que volviesen a sus oficinas 125.000 trabajadores. En julio, Howard Dawber, director gerente de estrategia de Canary Wharf Group, aseguró que el barrio estaba “listo para que volviesen”, cumpliendo las directrices del Gobierno. Tanto él como el consejero delegado Shobi Khan quedaron en evidencia hace dos semanas al conocerse que no habían cumplido la cuarentena después de viajar al extranjero en agosto. Puede haber circunstancias atenuantes. Dawber vive en España y puede tener una extraña excepción en las normas del Gobierno para los empleados que viajan con regularidad a trabajar a Reino Unido desde el extranjero. Pero las acciones de los ejecutivos reflejan un problema mayor: la peligrosa tendencia de los líderes a comportarse como si fueran la excepción para sus propias reglas.

El principal asesor del primer ministro británico Boris Johnson, Dominic Cummings, estableció las pautas en pleno confinamiento cuando rompió el espíritu, si no la letra, de las estrictas normas del Gobierno, con un viaje familiar de ida y vuelta de Londres a Durham. La actitud de Cummings minó el mensaje de Johnson a la nación hace dos semanas, en el que el primer ministro dio un giro en su recomendación a los trabajadores de volver al lugar de trabajo. Anunció sanciones más duras, con la colaboración de la policía e incluso del Ejército, por violar las normas, elevando sus amenazas pese a que la autoridad moral de su Gobierno mengua. Los británicos no son unos santos. Entre marzo y agosto sólo el 11% de las personas que habían estado en contacto con una persona contagiada de Covid-19 respetaron la cuarentena, y menos de un 20% de los que tenían síntomas se aislaron por voluntad propia, según un estudio de King’s College London.

Ética

Esto refleja una imprudencia que también se filtra a los negocios. El Instituto de Ética Empresarial realizó una encuesta en ocho países europeos en 2018 que sugería que el 19% de los gestores aceptaría las trampas inofensivas en cierto grado siempre que los proyectos se entreguen a tiempo y sin exceder el presupuesto, y que un 13% toleraría que se inflen los beneficios siempre y cuando no se robe dinero. Esta relajación ética tampoco es nueva. Ya vivíamos en una era de ocultación de la verdad, toma de atajos y cosas peores cuando golpeó la pandemia. Ian Peters, director del Instituto de Ética Empresarial, vincula el comportamiento de los líderes a escándalos como la manipulación de los test de emisiones de Volkswagen o la flagrante financiación ilegal de Enron, “describiéndolo como un problema de la sociedad, y no sólo de las empresas”. Otros, sin embargo, pueden equiparar el incumplimiento de la cuarentena al robo de material de oficina. Pueden incluso responder al guiño de Johnson a los británicos “amantes de la libertad” asegurando que los ejecutivos de Canary Wharf estaban ejerciendo su criterio sobre los riesgos que son difíciles de valorar. Sin embargo, una defensa así resulta peligrosa. Aparentemente, las excepciones triviales a las normas pueden ser una señal de un deterioro cultural más extendido. El comportamiento de los directivos se amplifica a través de sus equipos.

En un estudio sobre las compañías del Fortune 100, Eugene Soltes de la Harvard Business School, halló que cuando los directivos mostraban una mala conducta, la probabilidad de que sus subordinados incurriesen en la misma violación a lo largo del siguiente año era seis veces mayor. “Lo que hace tu superior inmediato, cumpla o no las directrices del CEO, es lo que tú haces”, explica. Conforme se alargue la pandemia, habrá muchas más pruebas para el cumplimiento del protocolo frente al Covid. La historia de la ética empresarial sugiere que más compañías afrontarán el dilema de si deberían tomar medidas contra los empleados estrella y los ejecutivos de alto perfil que se quejan de las restricciones. Las compañías deberían actuar, aunque sólo sea porque el ejemplo dado por los “grandes generales” es más poderoso que ningún protocolo. Los datos recopilados por Gartner muestran que más de la mitad de los casos de mala conducta no son denunciados por los empleados.

En ese sentido, lo más preocupante de las noticias sobre Canary Wharf fue la acusación de que se ignoraron las quejas de los empleados sobre el incumplimiento de la cuarentena por parte de los ejecutivos. Como explica Soltes, cuando se permite que las violaciones no tengan consecuencias, el respeto de los trabajadores hacia sus líderes puede perderse deprisa. En un momento en que los lazos que unen a los equipos de forma remota son más frágiles que nunca, esa confianza mutua es algo que las organizaciones no pueden permitirse dilapidar.

Etiquetas

Añade un comentario

Pulsa aquí para comentar

Mercedes Benz
The new Mercedes-Benz C-Class