Economia

Áureo Díaz-Carrasco (Fedit): “Aumentar la inversión en I+D+i es una decisión política”

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Mar Carpena 

El director de la Federación de centros tecnológicos defiende su papel durante la pandemia y reclama mayores fondos públicos para la innovación.

Fedit es la voz de los centros tecnológicos y la principal red de investigación privada e innovación en España. Así reza en su “tarjeta de presentación”. Un total de 35 centros de toda España conforman la Federación Española de Centros Tecnológicos (Fedit) y, en 2019, dieron empleo a cerca de 5.000 personas y prestaron servicios de I+D+i a más de 21.000 empresas.

Nada más decretarse el estado de alarma, el pasado mes de marzo, todos los centros que conforman Fedit no dudaron en poner a disposición del Gobierno todas sus capacidades tecnológicas, recursos e infraestructuras para hacer frente a la pandemia: producción de mascarillas, de respiradores o de EPIs fueron solo un ejemplo de su aportación.

Ahora, meses después, analizamos con Áureo Díaz-Carrasco, director de Fedit, el papel que los centros tecnológicos han jugado en la lucha contra el coronavirus. Además, Díaz-Carrasco explica para D+I el innegable protagonismo que debe tomar la innovación en nuestro país si queremos que salir de la crisis mejor posicionados para un futuro que ya no es posible entender sin tecnología e inversión en I+D+i.

¿Qué primer balance hace usted de estos últimos meses?

Desde nuestro punto de vista, la pandemia ha evidenciado la importancia de aquellas organizaciones con un elevado nivel de adaptación a los requerimientos cambiantes de la sociedad.

En concreto, en esta crisis hemos podido ver la relevancia específica y la solvencia de los centros tecnológicos como organizaciones al servicio de la sociedad, por su rápida reacción en función de las necesidades de sus clientes y por la adaptación al cambio de sus profesionales. Los centros tecnológicos han demostrado, una vez más, su cercanía ante las necesidades de su entorno y su rápida capacidad de respuesta ante las exigencias de una crisis sin precedentes, transformando de forma inmediata su actividad y acometiendo cambios organizativos acelerados en respuesta a la demanda de sus clientes y de la sociedad.

Hemos estado al lado de las empresas y de la sociedad en la pandemia de la Covid-19

– Desde el punto de vista de los centros tecnológicos, ¿en qué se distingue esta crisis de otras anteriores?

Los centros tecnológicos en España están acostumbrados a sobrevivir en entornos de zozobra, y aún en ellos, han ido creciendo a ritmo constante, tal y como ponen de manifiesto las cifras de crecimiento del colectivo en los últimos años.

Sin embargo, la crisis provocada por la Covid-19 requiere soluciones muy diversas en el plano social, económico, sanitario, tecnológico, laboral, educativo o político. En este contexto, los centros tecnológicos pueden ayudar a que el país salga de la crisis en menos tiempo y en mejor posición como sociedad si se activan de forma adecuada las medidas necesarias.

La nueva Estrategia Española de Ciencia, Tecnología e Innovación (con un nuevo Plan estatal que incluye nuevos programas de I+D+i), junto el nuevo modelo de asignación de fondos que representa el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, representan una oportunidad que se puede aprovechar para avanzar en el diseño de políticas públicas de I+D+i que mejoren la competitividad de las empresas españolas a través de la innovación.

– ¿Qué labor han jugado los centros tecnológicos en España durante estos meses?

Desde el minuto uno, los centros respondieron de forma inmediata entendiendo las necesidades del entono social, empresarial y sanitario.

Hemos estado al lado de las empresas que necesitaban adaptar su producción, cambiando la nuestra para dar soporte a sus demandas más urgentes; hemos trabajado con los hospitales que necesitaban de forma inmediata mascarillas y EPIS; hemos puesto nuestras capacidades (en impresión 3D, en análisis biotecnológicos, en las tecnologías que podíamos aportar para resolver las peticiones que nos llegaban…) al servicio de la sociedad. Hemos invertido incluso nuestros propios fondos para atender necesidades sanitarias urgentes… En definitiva, hemos reaccionado con rapidez y ejemplaridad a lo que nos iba demandando la sociedad, llegándonos a anticipar a las solicitudes de las autoridades públicas.

En un plano más institucional, hemos trabajado con los Ministerios de Ciencia e Innovación, Industria y Sanidad para aportar nuestras capacidades tecnológicas a todas las peticiones de coordinación de esfuerzos que se nos han solicitado, siendo uno de los referentes a la hora de diseñar y producir materiales para el sector sanitario (mascarillas, pero también respiradores hechos a partir de impresión 3D, gel hidroalcohólico, EPIs para proteger a los sanitarios, etc.).

Finalmente, hemos liderado diversas iniciativas de cooperación, que agrupasen no sólo a centros tecnológicos sino a cualquiera que quisiese aportar recursos e ideas a la crisis que se nos echó encima de forma tan abrupta. Ejemplos como nuestra implicación en los grupos de CoronavirusMakers o en la actividad tractora que hemos realizado en grandes empresas, para que la producción de respiradores fuese una realidad a corto plazo

– ¿Cree que esta pandemia ha evidenciado la necesidad de que en España se apueste mucho más por la tecnología y la innovación?

Creo que es una de las principales certezas que obtendremos de esta crisis sanitaria. El descenso que se pronostica para el PIB tiene su origen en el gran peso del sector servicios en España, el cual depende de forma notable de circunstancias externas como esta pandemia. Países con más industria y empresas más competitivas resistirán mejor los efectos de la crisis por la Covid-19. Y, hoy en día, más industria implica más tecnología y más innovación.

Por otro lado, desde el inicio de la crisis fue patente en nuestro país el efecto directo que produjo el hecho de no tener suficiente capacidad tecnológica (para producción de respiradores, mascarillas, EPIs…) para responder con rapidez a la emergencia sanitaria: escasez de suministros, sobrecostes al tener que acudir a mercados saturados, etc…

Lo positivo que podemos obtener de esto, sin embargo, es que la sociedad ha vuelto la mirada hacia lo que significa tener capacidad suficiente de autoabastecimiento, o lo que es lo mismo, una industria mucho más sólida y un país mucho más avanzado científica y tecnológicamente.

– Un reciente informe de la firma de capital riesgo Atomico señala que la financiación a startups tecnológicas españolas ha caído un 56% en 2020. Una mala noticia sin duda. ¿Cómo la valora y a qué cree que se debe este descenso?

2020 no puede ser un año referente para ninguna tendencia por la situación excepcional a la que nos está abocando la crisis por la Covid-19. Revisando el informe al que hace referencia, se encuentran diferencias significativas a la baja en muchos otros países (Reino Unido, Alemania, Países Bajos, Suiza o Italia), si bien no tan acusadas como en España.

El caso español revela un descenso que rompe una trayectoria estable en los últimos cinco años, por lo que yo lo atribuyo más a las circunstancias tan especiales de este año y a la tendencia conservadora que puede haber llevado a muchos emprendedores a paralizar sus planes de búsqueda de financiación externa.

– Afrontamos como país una crisis económica sin precedentes. ¿Cree usted que es posible salir de ella sin I+D?

Rotundamente no. Vivimos en un mercado global al que sólo accederemos si somos más competitivos y estamos mejor preparados que nuestros competidores en cualquier otra parte del mundo.

Vivimos en un mercado global al que solo accederemos si estamos mejor preparados que nuestros competidores

Creo que es necesario que en el conjunto de medidas que se adopten para revertir algunos de los problemas que han aflorado con esta crisis debe incluirse, sin duda, un decidido apoyo a la reindustrialización y al refuerzo de muchos otros sectores esenciales para el desarrollo del país (agroalimentación, nuevos materiales, digitalización, biotecnología, y otros). Y ese refuerzo sólo se consigue haciendo más competitivas a las empresas españolas, la cual sólo puede venir de la mano de la ciencia, la tecnología y sobre todo la innovación.

Conseguir que más productos, servicios y tecnologías innovadoras lleguen al mercado y se implanten en la sociedad. Y el papel de los centros tecnológicos en esa generación y transferencia de conocimiento, de tecnologías y de productos hacia la sociedad es indiscutible, y debe ser reforzado si apostamos por este nuevo modelo basado en el fomento de la competitividad empresarial.

Competir en costes no es una opción, porque siempre habrá alguien más barato que nosotros. La única opción viable es ser más competitivos, aportar más valor añadido y entender mejor el mercado global que nuestros competidores. Y eso sólo se logra con I+D+i.

– Pero en un momento de crisis económica, ¿considera que es posible aumentar la inversión en I+D?

Todas las teorías económicas señalan que la inversión en I+D+i debe ser contracíclica. En periodos de crisis económica es, precisamente, cuando más falta hace invertir en I+D porque eso permite recuperarse antes y forjar actores más resilientes.

Podemos poner múltiples ejemplos de cómo afrontaron la crisis de 2008 Alemania, Corea del Sur, Estados Unidos, China o Francia. En todos los casos, la inversión en I+D+i aumentó en los peores años de la recesión. Ese es el ejemplo a seguir y el camino que también deberíamos recorrer en España.

Las principales decisiones políticas que toma un Gobierno son las que se plasman en los Presupuestos Generales del Estado, no en documentos estratégicos o en planes a 10 años vista. El problema es que el volumen de incremento en la inversión es tan pequeño en relación a los fondos públicos disponibles, que aumentar el presupuesto de I+D+i no es una decisión económica, sino política.

Es obvio que ante una crisis económica, la tentación siempre es el recorte. Pero pensemos que la inversión pública en I+D+i se encuentra, en estos momentos, en un 0,6% del PIB.

Según el INE, la Administración Pública sólo financia unos 6.500 millones de euros de los 15.500 millones que se invierten en I+D+i en España. Si comparamos con órdenes de magnitud de las inversiones en otros sectores económicos y vemos el impacto que tiene en la sociedad los incrementos en I+D+i, creo que sí es posible aumentar el nivel de inversión española hasta llegar a ese 2% del PIB (de los que sólo el 1% serían fondos públicos) que todos los especialistas en políticas públicas de innovación consideran como imprescindible.

– El Gobierno, concretamente, el Ministerio de Ciencia e Innovación, ha acordado un Pacto por la Ciencia y la Innovación con varias organizaciones científicas o económicas, entre las que está Fedit. ¿Cómo valora este pacto? ¿Echa algo en falta?

Este pacto habla de tres puntos muy importantes: incremento de financiación, autonomía en las agencias financiadoras y más personal investigador tanto en entidades públicas como en empresas.

Para Fedit, un acuerdo de este tipo es algo imprescindible, por lo que nos hemos adherido al mismo y seguiremos fomentando que haya más puntos que puedan incorporarse a este acuerdo. Creo que el hecho de que se pueda aprobar un acuerdo de este tipo en el Congreso de los Diputados ya sería un logro muy importante para la consideración y visibilidad de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Nos hubiera gustado que el pacto por la Ciencia incluyera presupuestos plurianuales y más compartición del riesgo

Lógicamente, tenemos que tener en cuenta que un pacto siempre es un acuerdo de mínimos. Nosotros hubiéramos querido un documento más amplio que hablase, al menos, de dos temas que consideramos imprescindibles en un acuerdo de estas características: presupuestos de I+D+i plurianuales respetados por todos los agentes, y más compartición del riesgo (y de los beneficios) entre las entidades financiadoras y las organizaciones que asumen el riesgo de la I+D+i (y que muchas veces son las únicas que pagan el fracaso de la apuesta por la innovación). Y seguro que otros firmantes habrían propuesto más puntos con los que también estaríamos de acuerdo.

– Muchos aseguran que España tiene una oportunidad histórica de transformación tecnológica sobre la base de unas buenas infraestructuras y redes de comunicaciones. ¿Está de acuerdo?

En materia de infraestructuras para la digitalización y redes de comunicaciones, España lleva años invirtiendo, tanto desde la parte pública como de la privada. Pienso que estamos mejor preparados que muchos de los países de nuestro entorno en cuanto a despliegue de fibra óptica, y que contamos con muchos profesionales preparados para ayudar en estos procesos de digitalización. Creo que sí que tenemos los medios necesarios.

Con lo que no estoy tan seguro es que contemos, en estos momentos, con el tejido productivo, empresarial, industrial, etc. necesario para dar ese salto en digitalización que es imprescindible para avanzar en la competitividad de nuestra sociedad en su conjunto. Es difícil conseguir que muchas de las micropymes extendidas en nuestro país se embarquen en nuevas competencias digitales: el tejido emprendedor en España necesita un nuevo impulso que no termina de dar.

Esperemos que los fondos que se van a invertir en digitalización durante los próximos seis años, según el plan de Recuperación del Gobierno, ayuden a ese cambio en la digitalización de todas las estructuras del país.

– ¿Cree que hay talento digital y científico en nuestro país? ¿Cómo situaría a España en estos términos respecto a otros países de Europa? Frente a las voces que alertan sobre la falta de talento digital en nuestro país, ¿cómo cree que podría revertirse esa brecha?

Antes de la pandemia aún había quien dividía el mundo entre lo físico y lo digital, ignorando la realidad, acelerada y servida en bandeja por la Covid-19, de que esta era es cien por cien digital. Y todos los sectores estratégicos han tenido que asumirlo si es que con anterioridad no lo habían hecho.

España ocupa el puesto 11 entre los 28 Estados miembros de la UE en el Índice de la Economía y la Sociedad Digitales (DESI) elaborado por la Comisión Europea. Este informe estudia la conectividad, el capital humano con destrezas digitales, el uso de servicios de Internet, la integración de la tecnología digital y los servicios públicos digitales.

Y nuestro país está por debajo de la media de la Unión Europea en los indicadores de capital humano, al ocupar el puesto decimosexto. Aunque ha mejorado su puntuación con respecto a ediciones anteriores del DESI, casi la mitad de la población española carece todavía de competencias digitales básicas.

Otros estudios, como el de la Universidad Autónoma de Madrid y la Fundación Vass, confirman que existe un déficit formativo en competencias digitales a pesar de que el más de la mitad de las grandes empresas y el 11% de pymes intentaron reclutar talento digital en 2019.

Casi la mitad de la población española todavía carece de competencias digitales básicas

Ambos estudios, anteriores al coronavirus, evidencian la brecha existente en numerosos aspectos de la digitalización en España, no sólo en cuanto al talento. Es evidente que la educación formal es clave para revertir esta situación, y es necesario incorporar en todos los niveles educativos de forma urgente contenido adaptado y nuevos enfoques formativos, comenzando en primer lugar por el propio profesorado.

Además, le corresponde a la Administración Pública impulsar la incorporación de talento digital en todos los ámbitos de la sociedad, ya que de ese modo se creará un ecosistema de captación y competencia por ese talento que a su vez provocará más vocaciones y mejores propuestas educativas, formativas y de desarrollo profesional dentro de las empresas.

Si la propia Administración fomenta y recompensa la formación digital de sus profesionales, si acomete procesos ambiciosos de digitalización de sus estructuras (judicial, sanitaria, educativa…) o si promueve la contratación de este talento digital en el sector privado, en pocos años veríamos cómo aumenta el número de profesionales digitales en nuestro país.

Esta necesidad, como decía al inicio, ha quedado puesta de manifiesto en esta crisis y afrontarla con urgencia es otra clave para avanzar en el desarrollo económico de nuestro país.

– En su última memoria, de 2018, hicieron público un volumen de actividad superior a los 310 millones de euros. ¿Cómo ha evolucionado esta cifra?

Los datos de 2019 nos confirman que continúa aumentando la relevancia y el peso específico de los centros tecnológicos, con incrementos en los ingresos totales (cerca de un 11%), en la plantilla y en el número de investigadores (8,7% y 9,3%) muy superiores a los de la economía española en general y a los del sistema de I+D+i en particular.

El conjunto de los centros tecnológicos asociados a Fedit presenta un crecimiento orgánico y una mayor orientación al desarrollo de líneas propias de investigación estratégica, que tienen una visión a más largo plazo y que fortalecen, por tanto, la cartera de soluciones tecnológicas que pueden ofertarse a la sociedad a medio y largo plazo.

Estas cifras representan un avance hacia el necesario equilibrio que los centros tecnológicos buscan permanentemente para poder avanzar el futuro y, además, resolver las necesidades del presente. Números que reflejan, sobre todo, el éxito de las políticas de gestión interna de los Centros Tecnológicos Fedit, su orientación hacia el fomento de la competitividad para conseguir fondos públicos y privados, la elección de sus líneas estratégicas de investigación y su cercanía a las necesidades de las empresas.

Reclamamos políticas públicas de I+D+i que atiendan a las necesidades de los centros tecnológicos

Pero no basta con las decisiones de gestión que se toman desde los centros tecnológicos. Desde Fedit reclamamos, año tras año, políticas públicas de I+D+I que atiendan las necesidades de nuestro modelo de Centro Tecnológico, con un equilibrio entre los proyectos de generación de conocimiento (líneas de investigación propias a medio-largo plazo), investigación aplicada y transferencia de tecnología (proyectos de I+D+i para empresas) y el soporte tecnológico a las empresas (generalmente servicios de menor valor añadido, y fundamentalmente a pymes).

Aún estamos muy lejos del equilibrio de financiación que tienen organizaciones similares a las nuestras en Europa (33% fondos públicos no competitivos, 33% fondos públicos competitivos, 33% ingresos privados), lo cual a nuestro juicio es uno de los principales indicadores del escaso foco del Sistema Español de Ciencia, Tecnología e Innovación hacia el fomento de la actividad de los Centros Tecnológicos y la mejora de su impacto en la competitividad del tejido empresarial.

– A veces, da la impresión de que los centros tecnológicos en nuestro país son una especie de silos, apostando por la innovación pero de forma independiente… ¿Cree que es necesaria una mayor colaboración?

La cooperación está en el ADN de los Centros Tecnológicos. Nacen con la vocación de tejer redes de colaboración (con universidades, OPIs, empresas, otros centros tecnológicos) y son especialistas en entender las necesidades de las empresas que quieren invertir en innovación para mejorar.

Es casi imposible encontrar proyectos desarrollados por un Centro Tecnológico en solitario. Si efectivamente dan esa impresión, considero que será porque exista un problema de comunicación de la forma de realizar su actividad generadora de conocimiento.

De hecho, los datos elaborados por el propio Ministerio de Ciencia e Innovación, reflejan que los Centros Tecnológicos son las organizaciones que más tasa de éxito tienen en el Programa Marco Europeo (eminentemente colaborativo). Estos dan servicio a más de 21.000 empresas o que son los organismos de investigación más elegidos cuando se trata de formar consorcios colaborativos.

Dicho esto, siempre es necesaria una mayor cooperación, y es cierto que existen varios condicionantes determinados por elementos de contorno que efectivamente dificultan esta colaboración. Sirva como ejemplo, para entender a qué me refiero, que el sistema de innovación en nuestro país es muy dependiente de las Comunidades Autónomas, que financian gran parte de los fondos públicos que reciben los centros tecnológicos y que muchas veces promueven la cooperación dentro de la región pero también provocan que se creen compartimentos estancos que dificultan la colaboración fuera de ella.

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