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SPAC, el ‘cheque en blanco’ para propulsar las startups

En este vehículo de moda en EE.UU., y sin regular aún en España, empresas sin actividad se lanzan a la compra de otras firmas para impulsar su salida a Bolsa

Un vehículo de inversión tiene a los mercados en plena ebullición. Se trata del propósito especial de adquisición (SPAC), una empresa sin actividad cuyo único objetivo es comprar una compañía no cotizada para acelerar su salida a bolsa. Este mecanismo agiliza un proceso que en condiciones normales puede llevar más de una año, porque la SPAC hace su oferta pública inicial (IPO, en inglés) antes de anunciar qué empresa planea adquirir. En otras palabras, se trata de una forma indirecta de hacer un estreno bursátil, pero con menos papeleo y requisitos que una IPO tradicional.

«La SPAC salen de caza con la escopeta cargada sin saber con qué pieza se van a hacer», explica Luis Garvía, profesor de

Icade. Mediante este vehículo, un grupo de promotores busca tener una especie de ‘cheque en blanco’ con el que poder invertir en startups tecnológicas que están fuera del mercado bursátil. Y, como las acciones de la SPAC ya cotizan antes de la adquisición, la compañía que compren pasará automáticamente a estar dentro de los mercados de valores una vez que la integren en su estructura.

«Estamos en un cambio de época, pasando de un modelo industrial a uno digital. Las necesidades de las empresas son diferentes. Y el habitual proceso de salida a Bolsa puede que no esté adaptado a las necesidades de las tecnológicas», dice Garvía para explicar el gran crecimiento que ha experimentado el uso de este vehículo en Estados Unidos. En 2020 había 248 SPACs, un 320% más que las 59 registradas en 2019, según datos de la consultora SPAC Analytics. Sólo en 2020 acumulaban un capital bruto de 83.353 millones de dólares.

Altas expectativas

Las expectativas con este mecanismo son tan elevadas que en lo que llevamos de 2021 ya se han creado 330, es decir, un 33% más que en 2020. De acuerdo con SPAC Analytics, actualmente hay 420 SPACs con 133.985 millones de dólares en cartera que están buscando una empresa no cotizada para adquirirla y sacarla a bolsa. De media, cada vehículo invirtió 230,5 millones de dólares en 2019, 336,1 millones en 2020 y 317,8 millones en lo que va de 2021.

Las SPAC tienen dos años para adquirir a otra empresa. En ese proceso pasan por tres fases diferentes, explica Juan Esteve, director de inversión alternativa y gestión integral de Zonavalue. La primera consiste en la creación de la SPAC, su salida a bolsa y la búsqueda del capital con el que se comprará la no cotizada. «En esa etapa es cuando el promotor busca inversores para que le den un ‘cheque en blanco’ porque aún no se sabe qué se va a comprar», dice Esteve.

La figura de promotor es crucial dentro de todo el proceso. Suelen ser ejecutivos con años de experiencia que utilizan su nombre como garantía de que el dinero invertido en su SPAC llegará a buen puerto. « El promotor de la SPAC que compró a Virgin Galactic era un exdirectivo de Facebook», dice Esteve sobre una de las operaciones más sonadas que han sido realizadas mediante este mecanismo. Fue en octubre de 2019, cuando Virgin Galactic fue comprada por Social Capital Hedosophia, una SPAC gestionada por el ex de Facebook Chamath Palihapitiya.

La siguiente fase se produce cuando ya se ha identificado la compañía que se quiere comprar y la negociación de la transacción. Por último, la tercera se da cuando se completa la operación y la empresa adquirida sale a bolsa. Será entonces cuando la SPAC habrá cumplido su propósito al acelerar el proceso de IPO. Además de Virgin Galactic, otra célebre compañía que ha salido a Bolsa a través de una SPAC es el fabricante de vehículos de cero emisiones Nikola, en una operación de compra que rondó los 525 millones de dólares.

¿Riesgo de burbuja?

El auge que viven las SPAC ha provocado que algunas voces hablen de la existencia de una posible burbuja. Dos de ellas son las de Warren Buffet y Charlie Munger, quienes ven en el plazo de dos años para tener que cerrar una transacción un factor de riesgo para los inversores de esos vehículos, ya que, en opinión del Oráculo de Omaha, ese exceso de liquidez puede provocar que el promotor se aventure a comprar un negocio que en realidad no es tan bueno.

«Es terrorífico. Generalmente tienen que gastar su dinero en dos años, según tengo entendido. Si me pones una pistola en la cabeza para comprar una empresa en dos años, la compraría», dijo Buffet hace algunas semanas durante la reunión anual de Berkshire Hathaway. «Hay mucha liquidez en el sistema financiero y las SPAC no dejan de ser un instrumento más para canalizar esa inversión», dice Garvía, de ICADE, quien hace hincapié en el hecho de que ninguna de las 248 SPACs de 2020 ha devuelto el dinero a sus socios porque todas lo acaban invirtiendo.

España todavía no cuenta con una regulación propia para las SPACs. El presidente de la CNMV, Rodrigo Buenaventura, dijo en mayo que se están preparando para poner en marcha una regulación que permita utilizar este vehículo. «Aprobar estos vehículos le daría un impulso a la bolsa y al sector económico español», dice Esteve, de Zonavalue.

Aunque es ahora cuando están viviendo un auge, las SPAC existen en Estados Unidos desde la década de los noventa. Pero hasta ahora se ha mantenido como un instrumento prácticamente exclusivo de la primera potencia, ya que la mayoría de IPOs a través de este mecanismo de inversión se producen en Wall Street.

Esteve no considera las SPAC adecuadas para el inversor novel. «Si se quiere invertir en SPACs, debe hacerse de la mano de una empresa de asesoramiento o si se es un inversor de nivel avanzado», comenta. En su opinión, se trata de un mecanismo para el que hay que hacer un análisis diferente y más especializado que el de las acciones de una compañía cotizada en Bolsa.

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