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De paralizar fábricas de coches a recortar un punto de PIB: la escasez de chips pone en jaque la economía mundial

El impacto en España se está dejando sentir en la industria del automóvil, que ya está programando parones en sus factorías.

La economía mundial vive un nuevo peligro y por primera vez en casi dos años no es la pandemia de coronavirus. Un riesgo latente, cuyo tamaño se mide en nanómetros y que amenaza la línea de flotación de las industrias en todo el mundo.

Los chips o semiconductores son la base de la industria digital y el pilar de los avances tecnológicos, que se han multiplicado en los últimos cuarenta años. Desde coches hasta ordenadores, pasando por electrodomésticos, robots, teléfonos móviles o equipamiento de fábricas. Todo lleva chips y desde comienzos de año estos componentes, vitales para que funcione cualquier aparato electrónico, escasean.

Durante 2020 el crecimiento de la demanda de estos semiconductores subió por encima del 10% –más del 7% pronosticado antes de la Covid-, mientras que la producción de los mismos ha sufrido un frenazo que el pasado mes de marzo se tradujo en una caída de casi el 14%.

Una crisis en la que la pandemia ha tenido un doble efecto: por un lado, ha paralizado fábricas en Asia, su principal lugar de producción, y a la vez se ha disparado la demanda de ordenadores y equipamiento tecnológico por la necesidad de digitalizar industrias, empresas y hogares.

Sin chips -a los que ya muchos economistas llaman el nuevo petróleo– no se pueden fabricar ordenadores, consolas de videojuegos, teléfonos móviles ni coches, productos todos ellos que se han convertido en primera necesidad durante la pandemia y que han multiplicado su demanda a partir de la desescalada que se está viviendo en Europa y buena parte de Asia.

El problema es que, según coinciden los expertos, esta crisis no tiene fácil solución, ya que adaptar las líneas de producción para aumentar su fabricación tarda años. Hace una semana, el presidente ejecutivo de Intel Corp, Pat Gelsinger, dijo que la escasez global de semiconductores “podría tardar varios años en resolverse“.

En concreto, el mayor fabricante de chips cree que como pronto en 2023 podrían volver a fabricar componentes suficientes para satisfacer las actuales necesidades. Un aumento de la oferta que pasa por la construcción de nuevas fábricas que requieren grandes inversiones y un uso ingente de recursos naturales como agua o silicio.

Dos años en los que la demanda de aparatos, ordenadores y componentes podría seguir creciendo hasta acercarse al 15%, agudizando una crisis que ya ha comenzado a tener sus primeros damnificados.

Un informe reciente de Goldman Sachs indica que la escasez de semiconductores afectará al menos a 169 industrias. Estamos hablando de todo, desde la fabricación de productos de acero y cemento hasta industrias que construyen sistemas de aire acondicionado y neveras, cervecerías y patinetes eléctricos. Incluso la fabricación de jabón se ve afectada por la crisis de los chips.

No obstante, por el momento los más perjudicados son la electrónica de consumo y las fábricas de coches. Las listas de espera aumentan exponencialmente para intentar adquirir teléfonos móviles de última generación, consolas de videojuegos y ordenadores a gran escala para empresas y particulares.

Una crisis que se ha dejado sentir en las grandes tecnológicas. Apple tuvo que retrasar varios meses el lanzamiento de su iPhone 12 por escasez de semiconductores y este trimestre está teniendo serios problemas para cumplir con la producción prevista de estos dispositivos además de sus Mac, iPad y smartwatch.

La compañía presidida por Tim Cook ha cifrado entre 2.400 y 3.200 millones de euros el impacto de estos retrasos en la producción. Por otro lado, Dell y HP, los mayores fabricantes de ordenadores del mundo junto con Lenovo, ya han advertido de que sin chips será imposible que pueda crecer la producción en este 2021.

Samsung, el otro gran fabricante de teléfonos inteligentes junto con Apple, ha reconocido recientemente que podría tener que posponer el lanzamiento de su próximo teléfono inteligente de gama alta y que tiene problemas para atender la demanda de pantallas.

El caso de los smartphones es particularmente dramático porque la mayoría de los fabricantes están apostando por poner en el mercado aparatos con 5G y la nueva tecnología requiere chips más sofisticados y que sean compatibles con un mayor consumo de energía. El hecho de que los nuevos teléfonos incluyan además mayor número de cámaras también dispara el número de semiconductores que se necesitan.

Sin embargo, la industria que más está sufriendo es la de los coches. A comienzos de año las previsiones apuntaban a pérdidas de 60.000 millones de euros en el sector automotriz, pero esa cifra aumentó en un tercio en los meses posteriores. Según un estudio de la consultora AlixPartners, las pérdidas relacionadas con la escasez de chips superan ya los 90.000 millones de euros para el sector de la automoción.

En enero, AlixPartners proyectó que los fabricantes producirían alrededor de 2,2 millones de automóviles menos de lo presupuestado, pero actualmente la pérdida para 2021 ya se ha disparado a un estimado de casi 4 millones de vehículos. En el caso de los coches, la escasez de chips impide terminar su fabricación, por lo que gigantes como Ford, General Motors, Volkswagen, Toyota y Daimler han tenido que realizar parones temporales en sus fábricas.

Un automóvil normal necesita unos 1.400 chips para funcionar y uno eléctrico podría multiplicar esta cifra. Sin chips, los coches no pueden salir de las fábricas, lo que ha generado escenas paradójicas de miles de coches aparcados a la espera de poder montar estos componentes.

En la fábrica de Volkswagen en Navarra se agolpan varios miles de vehículos a la espera de los semiconductores. Un buen ejemplo de la amenaza de la escasez de chips para la industria española de coches. Las plantas de los principales grupos que montan coches en España han tenido que ajustar plantillas y turnos.

La factoría viguesa del grupo Stellantis (antiguo PSA) ha programado paros en su producción en el sistema 1 -que monta el Peugeot 2008, el Citroën C-Elysée y el Peugeot 301– en las jornadas del pasado viernes y el domingo y lunes. Mientras, prolongará la parada en el sistema 2 -que monta las furgonetas- “al menos” hasta el lunes 7, incluido.

Ford Almussafes se vio obligada a interrumpir la producción durante diez días consecutivos entre los últimos días de abril y los primeros de mayo. Esta circunstancia que une a su ERTE vigente, cuyo calendario incluye los días 7 y 11 de junio en vehículos y motores.

Renault España planteó un ERTE a las plantas de Valladolid y de Palencia. El grupo francés y los sindicatos alcanzaron a mediados de abril un acuerdo para la aplicación de un ERTE en las dos plantas ante la falta de suministro de chips. Según fuentes sindicales, puede afectar a 9.163 trabajadores y se prolongará hasta el 30 de septiembre.

Por su parte, Volkswagen Navarra ha reducido en 3.300 coches la producción revista para 2021 por la falta de semiconductores pasando de los 260.558 vehículos iniciales a 257.258 unidades. Por su parte, Seat ha acordado con los sindicatos trabajar en agosto para compensar los retrasos acumulados en la primera mitad del año. Desde el sector se espera una mejora de la situación en el segundo semestre pero hay mucha incertidumbre.

El problema de los coches es que paralizaron producción durante la pandemia, lo que obligó a los fabricantes de chips a destinar sus existencias a otras industrias. Cuando ya retomó el trabajo a las fábricas ya era tarde para recuperar estos semiconductores y por sus características técnicas propias de esta industria, volver a fabricar chips para los coches está siendo mucho más lento de lo esperado.

Desde el punto de vista macroeconómico, la crisis de los chips tiene un doble impacto: caída del comercio mundial y por tanto del PIB, y aumento de la inflación por el encarecimiento de estos microcomponentes.

Goldman Sachs dice que durante la mayor parte de 2021, la escasez se traducirá en un alza de la inflación mundial que podría hacer que los precios suban hasta un 3% para los bienes afectados. Eso impulsaría la inflación hasta 0,4 puntos porcentuales durante el resto del año. A mayor demanda y menor oferta, la escasez se traduce en precios disparados.

Respecto del PIB, la firma de inversión indica que no provocará una desaceleración drástica en una economía, pero que su impacto podría ser notable. Sus estimaciones indican que el PIB podría recortarse entre uno y medio punto.

En el caso de Estados Unidos, los semiconductores representan sólo el 0,3% de la producción, pero son un insumo importante para la producción para el 12% del PIB. Por otro lado, la escasez de chips podría reducir la producción de automóviles entre un 2% y un 6% este año 2021.

Respecto a nuestro país, un alto directivo de una compañía tecnológica que ha vivido en primera persona la escasez de chips indica que España se ha visto impactada igual que los demás países europeos.

“Empezaremos a ver mejorías hacia finales de este año, pero hay movimientos en Asia impactando la producción, como la tercera ola del Covid en Taiwán, reducción de días productivos en algunas provincias en China por temas ambientales en de calidad del aire y el desborde de algunos puertos europeos para esperar la autorización de las aduanas”, ha dicho a este diario.

El problema es que la crisis de los semiconductores también es una guerra geopolítica. El mayor productor de estos chips es Taiwán con el 63% del mercado en 2020, seguido de Corea del Sur con una participación del 18%, lo que hace al mundo extremadamente dependiente de la evolución de estos países.

En el caso de Taiwán, un país más pequeño que Extremadura, se enfrenta a una triple crisis en estos momentos: el rebrote de la Covid, una gran sequía -el agua es fundamental para producir chips- y una importante ola de calor que ha generado apagones y frenos en las industrias.

Esto ha obligado a las grandes potencias a tomar posiciones. Un informe de Boston Consulting calcula que el 40% de la nueva capacidad global de la próxima década se construirá en China, que quiere fabricar desde 2025 al menos el 70% de los chips que necesita. Para ello, ha puesto 150.000 millones de dólares sobre la mesa para realizar dentro de sus fronteras esta producción.

Estados Unidos ha ido un paso más allá buscando atraer talento extranjero. Joe Biden ha propuesto un plan de 50.000 millones de dólares ofreciendo incentivos para que Taiwan Semiconductor Manufacturing (uno de los mayores productores del mundo) construya una nueva planta en Arizona, con una inversión de 12.000 millones de dólares.

Por su parte, el comisario de Mercado Interior de la UE, Thierry Breton, ha anunciado que lanzará la alianza europea de semiconductores, con la que quiere que la UE pase del 9% al 20% de cuota global de producción de chips en 2030.

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