Deporte

Luis Enrique pone en juego la reputación de España

Aunque incluso un empate puede valer, la selección necesita ganar y lavar su imagen ante Eslovaquia

El seleccionador, ajeno al ruido y al desencanto, vacila con su renovación cuando se le cuestiona por la dimisión

Lo suyo es que hoy, sobre las 20 horas, desfilen un puñado de jugadores de España por la zona mixta virtual y saquen pecho recordando que han callado bocas, que nadie confiaba en ellos, que el equipo está más unido que nunca y que van a por todas en esta Eurocopa… Lo suyo, claro, es que España gane hoy a Eslovaquia, 36 del ranking FIFA, y se clasifique para octavos de final, pero también lo suyo era que no se hubiese llegado a la tercera jornada de la fase de grupos con el agua al cuello, consecuencia de dos empates lastimosos ante Suecia y Polonia (no precisamente los rivales más poderosos del planeta) después de miles de toquecitos y un solo gol. En este escenario, España tiene una cita a las seis de la tarde en La Cartuja -se espera mucho más calor que el pasado sábado, unos 30 grados- y Luis Enrique, que sale en todas las fotos, pone en juego la reputación de la selección, más angustiada que nunca y consciente de que el trastazo puede ser de época. Cuesta encontrar un petardo tan sonoro, si bien lo suyo, dicho está, es que a las 20 horas desfilen un puñado de jugadores de España por la zona mixta virtual y saquen pecho recordando que han callado bocas, que nadie confiaba en ellos, que el equipo está más unido que nunca y que van a por todas en esta Eurocopa…

De momento, no hay motivos como para pensar en algo más allá de lo que se juega esta tarde en Sevilla. España, que lleva años buscándose, no acaba de romper y da la sensación de que no será en este torneo, pues crece el escepticismo a base de empates insulsos. Es verdad que ante Suecia, repasando ese encuentro detenidamente, hubo momentos más que dignos, pero la noche de Polonia desesperó hasta al más positivo, aunque ninguno lo será tanto como el entrenador. «De preocupación estoy en un siete, porque sé que aquí no se vive del aire. Pero de convencimiento estoy en el diez. Tengo la sensación de que estamos como la botella de cava a punto de descorchar. En cuanto ganemos va a salir nuestra mejor versión». A su favor está que el mensaje que transmite cala en el grupo ya que nadie, absolutamente nadie, emite una queja o una mala palabra, todo lo contrario. Incluso desde la Federación, pese al ruido de sables, la confianza ayer era total y repetían lo mismo que el día que salió la lista: «Haremos una gran Eurocopa y los goles llegarán, paciencia».

Estímulos a la afición

El problema es que paciencia queda poca y los goles, si no llegan hoy, ya no llegarán. Aunque a España le pueda bastar con un mísero empate para pasar con tres puntos (solo puede producirse ese escenario si Polonia no gana a Suecia), es más necesario que nunca ganar y, especialmente, lavar la imagen. En un torneo corto como este, de siete peleas, el triunfo lo es todo, y tampoco el equipo está como para grandes homenajes, aunque es verdad que las formas siempre han importado. «La afición necesita que le demos los estímulos necesarios, no hay que pedirle, hay que darle», apuntó ayer el asturiano, calcando las palabras que han ido soltando sus chicos en las entrevistas de estos días. No se puede negar, eso sí, que vayan todos a una hasta en las comparecencias.

A España le ha beneficiado que la semana ha sido corta, sin apenas tiempo para que el fuego quemase el bosque porque ya hoy mismo tiene la oportunidad de corregir todo lo anterior. Los jugadores no se esconden, eso es innegable, y crece en el grupo un sentimiento de rabia porque los murmullos se disparan y hasta se habla del equipo de manera muy faltona, Van der Vaart se lleva la palma con ese «España es horrible». Luis Enrique, desde su indiferencia, mantiene el mismo talante y hasta se atreve a vacilar cuando se le insinúa por la dimisión ante una posible debacle. «¿Estás de broma? Estoy pensando en renovar, así que imagínate», expuso el técnico ante los micrófonos de Mediaset todavía en Las Rozas. Ya en Sevilla, en la rueda de prensa oficial de la tarde, las mismas palabras y la misma suficiencia. «Tengo contrato hasta después del Mundial, pero viendo cómo estoy aquí y que me va la marcha no tengo ninguna intención de no cumplirlo», aseguró antes de seguir jugando al gato y al ratón con los cambios y sin dar pistas esta vez de si hoy actúa fulanito y diez más.

Porque esa es otra, la alineación. Se le piden cambios al seleccionador, pero no es de renunciar a sus principios, una mezcla de orgullo y convencimiento puro en todo lo que hace. En el cuarto de hora abierto a los medios de la sesión de ayer, poco más que los rondos de rigor, pero luego, si se atiende a las fotos que la propia Federación compartió, probó con un equipo muy diferente. Con peto se juntaron Azpilicueta, Eric García, Laporte, Gayà; Busquets, Thiago, Pedri; Gerard, Morata y Sarabia. «Puede ser que sí y puede ser que no», se divirtió Luis Enrique cuando se le preguntó por si habría muchos cambios. Es innegable, viendo su actitud, que le encanta estar en el ojo del huracán, por eso se ha atribuido el papel de líder desde el primer momento. Como tal se le juzgará y por ese mismo motivo, porque este equipo es suyo, pone en juego la reputación de España. Y la suya, claro.

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