Deporte

Los ‘Three Lions’ reavivan sus fantasmas

La derrota en la final de la Eurocopa al término de otra tanda de penaltis maldita provoca una cascada de frustraciones, reproches y lamentos en Inglaterra

«Football’s not coming home». La derrota de Inglaterra ante Italia en la final de la Eurocopa disputada en Wembley como consecuencia de otra tanda de penaltis maldita ha generado una cascada de frustraciones, reproches y lamentos en un país que no toca el cielo desde que en 1966 se proclamase campeón del mundo por primera y única vez doblegando a la República Federal de Alemania con el ‘gol fantasma’ de Geoff Hurst. Veteranos puestos en la picota por antiguos internacionales que les afean que no diesen un paso al frente y descargasen la responsabilidad de los últimos lanzamientos sobre las piernas de jugadores poco experimentados, insultos racistas y recriminaciones hacia el planteamiento reservón de Gareth Southgate pese a contar con una pléyade de atacantes de lujo y su errática elección de los ejecutores se entretejían en la amarga resaca de otra noche frustrante para los inventores del fútbol.

El técnico que apagó las ilusiones de los ‘hooligans’ en 1996, cuando un error del por entonces futbolista del Aston Villa desde los once metros franqueó el pase de Alemania al choque decisivo en otro Europeo celebrado en los dominios de la Union Jack, trató de redimir su villanía de aquel día alistando a Marcus Rashford y Jadon Sancho un minuto antes de que concluyese la prórroga para que hiciesen la diferencia desde el punto de castigo. Otro de los elegidos fue Bukayo Saka, relevo de Kieran Trippier en la segunda parte. Pero el delantero del Manchester United estrelló su disparo contra la madera, el todavía extremo del Borussia Dortmund se topó con la acertada intervención de Gianluigi Donnarumma y el centrocampista del Arsenal corrió idéntica suerte, para gloria eterna del espigado cancerbero transalpino y escarnio británico.

Southgate entonó el ‘mea culpa’. «Yo elegí los lanzadores de penaltis en función de lo que habíamos visto en los entrenamientos. Ganamos juntos y por supuesto que perdemos juntos. En el caso de los penaltis, la responsabilidad es solo mía», proclamó un preparador que todavía en caliente dejaba dudas sobre su futuro a largo plazo, si bien recalcó su deseo de seguir comandando a los ‘pross’ hasta el Mundial de Catar del próximo año. «Liderar a tu país en un torneo así tiene un peaje. No quiero comprometerme más años de los que debería», aseveró horas antes de ofrecer una perspectiva más optimista. «Esta mañana me sentía como si me hubieran desgarrado el estómago, pero el hecho de que hayamos tenido los primeros signos de cierta consistencia -una semifinal del Mundial y una final de una Eurocopa- son pasos en la dirección correcta», indicó este lunes.

«Nuestro objetivo es llegar a las semifinales de la Eurocopa 2020 y ser campeones del mundo en Catar 2022», afirmó en 2013 Greg Dyke, mandamás por entonces de la Federación Inglesa. Visto desde esa óptica, Southgate elevó el primer listón. Cuarto en el Mundial de Rusia 2018, ha llevado a los ‘Three Lions’ al subcampeonato en el Europeo multisede, hazaña nada desdeñable para un combinado que nunca había pisado la final del torneo continental. Pero han transcurrido 55 años desde ese solitario Mundial que adorna el palmarés británico y cunde la impaciencia.

Todo o nada en Catar

«La maldición de los penaltis niega a Inglaterra su sueño», titulaba ‘The Times’. «Agonía máxima… los penaltis rompen el corazón de nuevo», rotulaba ‘The Daily Telegraph’. «Después de capturar la imaginación de la nación, la Inglaterra de Southgate pierde la Eurocopa en los penaltis», incidía ‘The Guardian’. El escrutinio de los medios ingleses confirmaba que se mantiene la fe en el seleccionador.

Llegó con el rango de interino tras el breve periplo de Sam Allardyce en 2016, cerrado de modo traumático por un caso de corrupción. Su descenso a la Championship con el Middlesbrough y flojos resultados al mando de la sub-21 no alentaban elevadas expectativas, pero ha conformado un bloque alejado de vedetismos, lo que tratándose de los herederos de los Lineker, Gascoigne y compañía tiene un mérito indudable. Puede que su juego no sea tan vistoso como cabría demandar en razón del elenco a su disposición, pero resulta efectivo. Solo el canto de un euro le ha apartado de la gloria.

En la Eurocopa recurrió a futbolistas de dieciséis clubes diferentes y su experiencia en las categorías inferiores es una fantástica atalaya para detectar el talento emergente y consolidar a figuras como Ramsdale, James, Sancho, Mount, Calvert-Lewin o Foden, campeones del mundo y de Europa hace cuatro años en categorías inferiores y ya con peso en la absoluta junto a los Sterling, Kane, Stones, Maguire, Grealish y compañía. «Más popular que Churchill, Gareth Southgate tiene el mundo a sus pies», rezaba un hiperbólico análisis de ‘The Times’ con el dolor de la derrota lacerando todavía el alma de los hinchas ingleses. Sus modos discretos y elegantes se han ganado el respeto general, que no la unanimidad, por supuesto. En Catar será para él un todo o nada.

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