Deporte

Italia, la fuerza colectiva para conquistar Europa

Sin grandes nombres, esta ‘Azzurra’ es un equipo marcado por la pujanza de la nueva generación y la veteranía de los supervivientes

«Ningún jugador es tan bueno como todos juntos», decía Alfredo Di Stéfano. Algo debía saber de la importancia del equipo sobre las individualidades el que fue uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. El triunfo de Italia en la Eurocopa vuelve a poner de relieve esta máxima del fútbol. Y es que aunque son muchos los nombres que se pueden destacar en esta renacida ‘Azzurra’, la fuerza de su triunfo ha estado en el conjunto.

Pocos señalaban a la cuatro veces campeona del mundo como una de las favoritas hace poco más de un mes, cuando precisamente en Roma, con el duelo entre italianos y turcos en el Olímpico, se daba el pistoletazo de salida al gran torneo de selecciones nacionales del Viejo Continente. Francia, Portugal, Alemania, Bélgica, Inglaterra… Varios conjuntos partían por delante a tenor del lustre de sus nombres.

Bien es verdad que los brotes verdes ya estaban ahí desde la llegada de Roberto Mancini al banquillo italiano en 2018. La ‘Azzurra’ fue junto a Bélgica la mejor selección de toda la fase clasificatoria para la Eurocopa, con un pleno de diez victorias en diez partidos, 37 goles a favor y solo cuatro en contra. En la actual edición de la Liga de Naciones tampoco conoce la derrota, con tres triunfos y tres empates que le dieron el primer puesto de su grupo y el acceso a la final a cuatro de octubre, cuando se medirá a España en la semifinal de Milán.

Faltaba sin embargo la prueba del algodón, la de un gran torneo, ese que se perdió en el Mundial de Rusia de 2018 tras un batacazo histórico. En esta Eurocopa, Italia ha hecho valer una fortaleza que reside en lo coral. Lidera o se sitúa entre los mejores en la gran mayoría de parámetros colectivos, pues es el equipo más goleador, el que más remata, el que más balones recupera y el que más duelos disputa. Destaca además en dos facetas muy lejanas de lo que tradicionalmente se ha asociado al ‘calcio’, pues es el cuarto conjunto con más posesión de balón y el quinto con mayor precisión en el pase.

Sus trece tantos en el torneo se reparten de forma coral. Immobile, Insigne, Chiesa, Locatelli y Pessina acabaron con dos goles cada uno, mientras Barella y Bonucci sumaron uno. Siete realizadores en siete partidos, un dato que habla a las claras de la ausencia de una figura que destaque sobre las demás. Hasta los pases de gol son cosa de todos en Italia, con dos asistencias de Barella, Spinazzola y Berardi.

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Otro registro que también explica esta fuerza del colectivo pasa por el hecho de que hasta cinco futbolistas italianos diferentes hayan sido elegidos como mejor jugador de un partido. Lo han conseguido el eléctrico Chiesa, contra Gales y España en semifinales; Spinazzola, ante Turquía y Austria en octavos; Bonucci, frente a Inglaterra en la final; Insigne, contra Bélgica en cuartos; y Locatelli, ante Suiza. Curiosamente, Donnarumma, el mejor portero del torneo, y Chiellini, capitán y santo y seña del conjunto italiano, no fueron reconocidos de forma personal en ningún encuentro, lo que no impide que hayan sido dos de los hombres de la Eurocopa.

Combina este equipo de Mancini tres generaciones de jugadores. Por un lado, la pujanza de una nueva remesa, la de los Donnarumma, Chiesa, Barella, Locatelli o Pessina, todos ellos con menos de 25 años y por tanto apenas unos niños cuando su selección conquistó el Mundial de 2006 en Alemania. Por otro, la veteranía y la jerarquía de una pareja de centrales como la formada por Chiellini y Bonucci, de 36 y 34 años y con una hoja de servicios a la ‘Azzurra’ de más de una década. En medio, un puñado de futbolistas ya hechos, sin maneras de estrellas pero la argamasa que termina por fijar la estructura transalpina, con los VerrattiInsigne, Immobile, Di Lorenzo o el lesionado Spinazzola, una de las revelaciones del torneo hasta que sufrió un desgarro en el tendón de Aquiles.

Todos ellos forman un equipo que ha vuelto a demostrar que en el fútbol la fuerza reside en la unión de voluntades. Ya lo decía el gran Di Stéfano, que convirtió el apellido italiano de su abuelo paterno en historia dorada del deporte del once contra once.

Regreso triunfal a Roma

La selección de Italia, coronada campeona de Europa en Londres, regresó triunfalmente a Roma, con su capitán, Giorgio Chiellini, luciendo con orgullo el trofeo ante cientos de aficionados. Leonardo Spinazzola, considerado el héroe desafortunado de la Eurocopa después de haber sufrido una lesión en el tendón de Aquiles ante Bélgica en los cuartos de final, saltó los escalones del avión de Alitalia y cruzó la pista con muletas entre los vítores de los medios de comunicación y del personal del aeropuerto que tomaba fotografías. «Es el símbolo de esta selección, unida, fuerte y solidaria», comentó Luca, entre los hinchas que esperaban a los jugadores.

La expedición de la ‘Azzurra’ se dirigió luego al céntrico hotel Parco dei Principi para descansar unas horas, antes de ser recibidos por el presidente de Italia, Sergio Mattarella, de 79 años, quien asistió en el estadio de Wembley a la emocionante final, ganada en los penaltis contra Inglaterra. Por su parte, el primer ministro transalpino, Mario Draghi, rompió su tradicional sobriedad, para hacerse un ‘selfie’ con la selección triunfadora.

Los titulares de los periódicos celebraron a toda página el triunfo de una selección que fue conquistando al país con su perfecta combinación de jóvenes y veteranos y un juego vistoso. «¡Mira, mamá! ¡Mira!», gritó eufórico el lateral Alessandro Florenzi frente a las cámaras de televisión de medio mundo al mostrar la medalla de campeón. «¡Son italianos, adoran a la mamá! ¡Le dedicó el triunfo, qué ternura!», comentó por su parte emocionada Donatella Falco, una anciana romana. También emocionaron a todo un país las lágrimas del entrenador, Roberto Mancini, quien protagonizó un sentido abrazo con el exjugador Gianluca Vialli, su asistente y amigo desde hace más de treinta años, que se recupera de un cáncer.

En casi todas las ciudades italianas, en particular Roma, los ‘tifosi’ invadieron las calles y las plazas para festejar, cantando, lanzando fuegos artificiales y desfilando con la bandera tricolor. Para muchos la victoria constituye un mensaje de alivio para un país agotado por la pandemia de coronavirus que ha causado la muerte de 127.000 personas. «Es como un renacimiento. Genera esperanzas. Y además qué bueno es poder pensar en otra cosa después del año que hemos pasado», confesó Matteo Falovo, resumiendo el sentimiento de muchos italianos.

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